Cultura en la modernidad

DESPUES DE LA GRAN DIVISION Por Andreas Huyssen-(Adriana Hidalgo)-Trad.: Pablo Gianera-380 páginas-($ 32)
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24 de noviembre de 2002  

Los tiempos editoriales imponen, en ocasiones, extraños efectos de lectura. Luego de más de una década de su edición original que data de 1986, se publica en español Después de la gran división. Modernismo, cultura de masas, posmodernismo , segundo libro de Andreas Huyssen que aparece en nuestro país en pocos meses. Cabe preguntarse qué lugar ocupan en la actualidad los debates sobre vanguardia, posmodernismo y cultura de masas que son el eje central de este libro, así como también acerca del destino de un autor que ha formado parte de los debates culturales en Alemania y Estados Unidos durante muchos años, pero del cual sólo habían circulado unos pocos artículos en español hasta el momento y de quien se conocen, en forma casi simultánea, obras distantes entre sí dentro de su producción. Sin embargo, mientras que En busca del futuro perdido, libro sobre cultura y memoria en tiempos de globalización publicado hace pocos meses, nos llega en medio de lo que Huyssen ha llamado el boom de la memoria al que él mismo no puede dejar de abonar, Después de la gran división se presenta en un momento en que el debate sobre el posmodernismo parece parte del pasado y cuando se huele cierto aire, si no de agotamiento, por lo menos de aburrimiento en los Cultural Studies . En este sentido, la lectura actual de un libro que cuenta entre sus méritos un sutil abordaje de los cambios de contexto de algunas producciones culturales puede pensarse como una puesta a prueba de su propia eficacia, o incluso de su resistencia a las modas.

Huyssen presenta diversos argumentos históricos y teóricos para demostrar la longevidad del paradigma de la Gran División que desde mediados del siglo diecinueve ha caracterizado la cultura de la modernidad. Se trata de un discurso que insiste en una distinción categórica entre arte elevado y cultura de masas, distinción que Huyssen encuentra mucho más relevante que la supuesta ruptura entre modernismo y posmodernismo. En su argumentación resulta clave no confundir modernismo y vanguardia ya que, mientras que las vanguardias históricas aspiraron a desarrollar una relación alternativa entre arte elevado y cultura de masas, el modernismo insistió en la hostilidad esencial entre lo alto y lo bajo, "una angustia de ser contaminado por su otro: una cultura de masas crecientemente consumista y opresiva". Para Huyssen muchas interpretaciones sobre el posmodernismo y la cultura contemporánea están atravesadas por esa misma -inconducente- angustia.

El libro combina artículos teóricos con análisis críticos de textos provenientes de la literatura, el teatro, la música, las artes plásticas, el cine y la televisión, pero mantiene, sin embargo, una gran coherencia en sus objetivos e intereses, que siempre parecen ir a la búsqueda de nodos históricos y textos que condensen la emergencia de nuevas relaciones culturales. Así, por ejemplo, elige discutir a Adorno a partir de la reconstrucción de una prehistoria de la industria cultural y para ello recurre a la obra de Richard Wagner que conduce tanto al modernismo de Schšnberg como al disco Lo mejor de Wagner . Esta misma tensión lo lleva a ir de Peter Weiss a Fritz Lang, de la representación de la técnica a la de la mujer, de Brecht a la miniserie televisiva norteamericana Holocausto . La recepción de esta última en el contexto alemán le permite revisar las formas legítimas de representación del Holocausto que habían evitado el problema de la identificación que la televisión norteamericana, en cambio, puso en escena para un público joven, sin una experiencia histórica directa. Sólo contra ese fondo político moral y estético entiende Huyssen que debe ser comprendido el éxito masivo de una miniserie que adquiere, en ese contexto, un sentido bien distinto del que tuvo en otros países.

De la misma forma, entiende que la concepción del pop como cultura crítica durante la década del sesenta se extendió mucho más en Alemania que en Estados Unidos, donde "los placeres de la cultura popular se han admitido siempre (excepto quizás en la academia) con más naturalidad y menos sigilo que en Europa" y donde el pop precedió a la revuelta universitaria mientras que en Alemania ambos procesos coincidieron. Esta insistencia en la migración de procesos culturales ofrece, sin duda, un interés peculiar para una lectura hecha desde una sociedad como la nuestra, siempre pendiente de traducciones, importaciones y relaciones inestables entre lo propio y lo ajeno, la alta y la baja cultura. En este sentido, Huyssen ofrece pistas interesantes que probablemente produzcan una cierta incomodidad tanto a críticos como a celebratorios de la cultura de masas. Incomodidad que, sin embargo, difícilmente puede resultar ya provocativa.

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