
Dacia Maraini, creadora y testigo de su tiempo
Frecuentó a los grandes pensadores y artistas contemporáneos. Sus escritos indagan en el universo femenino y se ocupan de reflejar tanto la vitalidad como la decadencia de una sociedad. La infancia es para ella el origen de un eco que se extiende hasta la muerte.
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DACIA MARAINI es una de las figuras más destacadas de la literatura italiana contemporánea, no sólo por su obra, sino también por su vida en la que el compromiso ético fue una constante. Invitada por la Feria del Libro, la escritora busca definirse: "Si tuviera que presentarme ante un público no italiano, intentaría saber antes que nada si conoce mis libros a través de traducciones. Si es así, hablaría con holgura, dando por descontada una cierta famiiaridad. Si, en cambio, no conociera para nada lo que he escrito, trataría de comenzar desde el principio, explicando quién soy y qué hago: una escritora que ha dedicado su vida a las palabras, una intelectual que se considera un testigo atento de su tiempo, una mujer que posee un sentimiento innato y sólido de la justicia y que se ubica instintivamente del lado de quien sufre abusos, utilizando los instrumentos que conoce mejor, esto es la escritura".
La obra de Maraini, que comprende diez novelas, numerosas piezas de teatro e incursiones en la cinematografía penetra en la psicología del universo femenino desde una perspectiva que, lejos de todo fundamentalismo sectario, denuncia a a la Historia como una sucesión de violencias y de traiciones imperdonables. En su novela La larga vida de Mariana Ucría , deudora de De Roberto y de Lampedusa, ve en la patética e innoble decadencia de la aristocracia siciliana los signos de una descomposición más amplia: la del hombre mismo y de sus ideas. Maraini nació en Florencia, de padre toscano y madre siciliana. Sus orígenes maternos la llevaron seguramente a preocuparse por el mundo de Sicilia. Como Pirandello y Sciascia, Maraini piensa que la razón es el único instrumento que permite enfrentar la sinrazón de la existencia.
"Creo haber alcanzado con La larga vida de Mariana Ucria y con Bagheria la sicilianidad literaria. He amado, fundamentalmente, a De Roberto. Creo que he leído su novela Los virreyes cuatro o cinco veces. Naturalmente conozco a Verga, Capuana, Brancati y Lampedusa, pero me ha hallado siempre más en sintonía con De Roberto y, después de él, con Pirandello. Querría también recordar a dos escritoras sicilianas, ambas de gran talento, ignoradas por todos:Maria Messina y Annie Messina. Y, sobre todo, a Annie Messina, que escribe novelas de gran tensión erótica sobre los amores atormentados entre guerreros persas de la Edad Media. No hay mujeres en sus narraciones, pero los hombres vuelcan, en sus amores sin salida, toda la femineidad que poseen. Las suyas son novelas extraordinarias que todavía no han sido descubiertas por la crítica".
Recientemente se ha publicado en Italia ¿Y tú quién eras? , un volumen de Maraini, que recoge veintiséis entrevistas sobre la infancia de sendos personajes de la cultura italiana: Gadda, De Chirico, Rosselini, Moravia, Strehler, Callas y Pasolini, entre otros. Con un método de aproximación lenta, la entrevistadora logra superar el terreno fangoso del pasado de sus interlocutores. Resulta paradigmática la entrevista a Eugenio Montale que, al principio, rechazó con disgusto cualquier pregunta relativa a su infancia, hasta que, luego, al darse cuento de la irreversibilidad del encuentro, aclaró la voz, sonrió y reencontró el camino del ayer. "Esperaba de ellos una mayor disposición inicial", señala Maraini. "En cambio, todos se atrincheraban detrás del "no recuerdo`. Era, quizá, un pudor lógico después de tantos años de no haberse enfrentado a tiempos muy lejanos... Tras haber hablado de bueyes perdidos por un rayo, vencían esa inhibición".
La infancia tiene un valor muy grande en la obra de Maraini: su entrañable Mariana Ucría tiene una "larga vida" que es el fruto de un único instante, un acto de violencia de su niñez, después del cual los hechos futuros guardan el eco cadencioso de ese momento que se repite incansablemente. Le pregunté a Dacia Maraini cómo había sido de niña: "¿Quién era yo? Una niña timidísima, casi patológicamente tímida. No me animaba a cruzar la calle, no podía entrar en un restaurante o en un cine con las luces encendidas, porque me daba vergüenza. No quería ir a la playa para no desvestirme. Cuando entraba en un negocio, no lograba siquiera decir palabra y compraba la primera cosa que el vendedor me ofrecía. Era una soñadora. Hablaba poco, era casi muda, pero leía muchísimo. Devoraba las novelas, sobre todo, las de los clásicos. En mi casa, por suerte, habia sólo buena literatura. escribía secretamente cuentos y poesías, me enamoraba siempre de hombres bellísimos y absolutamente indiferentes a mis sentimientos. Esa era yo".




