David James Poissant: “Me alegro de que Trump se haya ido, pero me preocupa que no se haya ido para siempre”
El escritor, que escribe y analiza la sociedad norteamericana, participa del Filba 2021
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El escritor estadounidense David James Poissant, autor de un libro extraordinario y apabullante, El cielo de los animales (Edhasa) y de una primera novela áspera como esos cuentos, “Vida de lago”, que le valieron un lugar brillante en la literatura contemporánea de su país, cuenta, con motivo de su participación en el festival literario Filba, que sigue escribiendo sobre esa sociedad norteamericana donde por primera vez en décadas los hijos están peor que los padres, diseccionando lazos familiares y de clase. ”Me alegro de que Trump se haya ido, pero me preocupa que no se haya ido para siempre”, afirma.
Poissant ofreció una clase de narrativa por Zoom para el Filba -las plazas, con inscripción previa, ya están cubiertas- y dialogó sobre su obra, la escena literaria de estos días y la actualidad. Está trabajando en una segunda colección de cuentos y en una segunda novela. “La colección de relatos se titula provisionalmente Hijos e hijas -indica-. Todos tratan sobre relaciones parentales, en su mayoría ambientadas en la actualidad en Estados Unidos. La novela está en curso, pero también tiene que ver con una familia en el estado norteamericano de Florida”, anticipa.
Es en Florida donde vive hace más de una década con su esposa y sus hijas mellizas, desde que decidió dejar de enseñar como maestro de Lengua para dedicarse a la literatura y enseñar escritura en una maestría de Bellas Artes de la universidad de ese estado. Nació en 1979 en Syracuse, Nueva York, y creció entre los suburbios de Atlanta y Georgia, adonde se mudaron impulsados por mejoras salariales. Vivió en Arizona, Ohio y ahora vive en Orlando.
El cielo de los animales se concentró en la ‘blue collar’, la clase obrera desde la que sus padres ascendieron hasta la clase media que después retrató en Vida de lago. La novela habla, desde el punto de vista de cada uno de los seis protagonistas, de una pareja a punto de jubilarse que decide vender su casa de vacaciones y del conflicto que eso suscita en sus hijos adultos, menos favorecidos que ellos social y económicamente, durante el último fin de semana que la familia comparte en esa casa, antes de que cambie de dueños. En ella uno de los protagonistas espera hijas mellizas.
Si uno de aquellos cuentos sirvió de disparador para Vida de lago -los ya mayores Richard y Lisa Sterling son los jóvenes protagonistas de “La geometría de la desesperación”-, de momento, dice Poissant, “la nueva planta un mundo propio, aunque existe la posibilidad de que Amelia, la novia de Marco en Vida de lago, se desplace desde las Carolinas hasta Florida para hacer un cameo. Siempre estoy escribiendo cuentos y ensayos. No me faltan ideas, sólo me falta tiempo”.
En el Filba el escritor repasará elementos infravalorados que hacen posible una buena narración, desde el ritmo hasta los niveles de distancia psíquica en el punto de vista, pasando por el mantenimiento de motivos temáticos o visuales a lo largo de la obra.
”Hay pros y contras en la comunicación en un mundo digital. El lado positivo es que la ubicuidad del Zoom nos alcanza un público más amplio que nunca. Por desgracia, todavía no he experimentado una lectura virtual que produzca la misma sacudida eléctrica que un evento presencial. Extraño la verdadera interacción humana de los viejos tiempos, aunque salvar vidas es mucho, mucho más importante que asistir a eventos o vender libros”.
Poissant publicó cuentos y ensayos en medios muy reconocidos, como The Atlantic, The New York Times y The Chicago Tribune. Entre los premios que ganó están el Alice White Reeves Memorial, el Matt Clark y el Rope Walk Fiction Chapbook.
-Los relatos de “El cielo de los animales” y la novela “Vida de lago” diseccionan los lazos familiares. ¿Qué materia prima es la familia para tu literatura?
-Un desconocido en la calle o en Twitter puede decirte una maldad que se te quede grabada durante días, pero un padre puede decir tres palabras que te persigan de por vida. Un hermano puede infundir miedo en tu corazón con un suspiro. Es difícil medir el grado en que estamos ligados al mar, a la podredumbre, al lago o a la moneda de la familia. La familia puede ser una secta, o puede ser la bestia que te salva.
-Algunos de tus textos, tan literarios, hablan de la polarización política extrema de Estados Unidos, nunca más clara que el día del ataque al Capitolio por parte de simpatizantes de Trump contra el recién asumido presidente Joe Biden. ¿A qué creés que responda ese fenómeno?
-Los estadounidenses mayores tienden a ser conservadores, los más jóvenes, tienden a ser liberales. Pero el número de conservadores está creciendo en todos los grupos de edad. Me preocupa que en las elecciones de mitad de período de 2022 se produzca un gran giro reaccionario que se aleje de Biden y se dirija a gobernadores, senadores y representantes conservadores. Me alegro de que Trump se haya ido, pero me preocupa que no se haya ido para siempre.
-Como tantos antes, tu obra plantea el final del sueño americano. ¿Comparte la sociedad estadounidense hoy un sueño común, centrado en el progreso humanista más que económico?
-Creo que es vergonzoso que Estados Unidos haya tenido 46 presidentes, 45 de los cuales han sido hombres blancos, que todavía estemos luchando por los derechos de las mujeres, de las minorías, de las personas LGBTQ+ y de los pobres. No sé si Estados Unidos priorizará alguna vez la vida de su gente sobre el crecimiento de su economía. Espero que lo hagamos. Espero que lo hagamos pronto. Lo peor es que no es una tendencia exclusiva de nuestro pueblo. Europa occidental está lidiando con muchos de los mismos dilemas.
-¿La pandemia tuvo algún impacto en tu trabajo?
-La pandemia hizo que escribir sea más solitario de lo que ya era. Me resultó muy difícil escribir en la cuarentena. Pero este año siento que he vuelto a encontrar mi voz.
-¿Qué está leyendo ahora?
-Entre mis últimas lecturas favoritas están El libro del clima, de Jenny Offill, y Stoner, de John Williams.
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