
Debajo del kilt escocés
La popularidad del kilt se debe, en gran medida, a Sir Walter Scott, el autor de “Ivanhoe”, que durante una visita de Jorge IV urgió a los escoceses a enfundarse en esa prenda
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LONDRES.–La Scottish Tartans Authority (entidad oficial dedicada a la preservación y difusión del género escocés a cuadros) decretó la semana pasada que debajo de los kilts –las polleras que forman parte del atuendo nacional– los hombres deben usar ropa interior, lo cual despertó un debate feroz respecto de las tradiciones culturales.
Los voceros de la institución declararon que “sólo porque los highlanders originales no usaban nada no quiere decir que debamos imitarlos”. Pero muchos reaccionaron indignados. David Coulthard, ex corredor de Fórmula 1, dijo estar “orgulloso de ser un auténtico escocés” y que como tal “es una tradición que no debería tocarse”. El tenista Andy Murray, compatriota suyo, se quejó de haber sido forzado a usar ropa interior debajo de su kilt para el casamiento de su hermano.
Según medios norteamericanos, el decreto despertó tal resistencia que compararon la reacción con la que tendría para miembros del movimiento Tea Party, del otro lado del Atlántico, una prohibición de portar armas. Además, había molestia en círculos tradicionalistas porque cada vez que sale el tema se reaviva el debate cultural sobre cuán auténtica es esa prenda.
La visión clásica dice que el tartán viene de los guerreros celtas de las tierras altas, que se identificaban con estos estampados. Pero algunos historiadores han insistido en que la asociación de los kilts con los clanes, tal como se conoce ahora, es un invento de los siglos XVIl y XVIII. Sí está claro que su popularidad se debe, en gran medida, a sir Walter Scott. Fue el autor de Ivanhoe quien, ante la visita de Jorge IV a Edimburgo, desarrolló una maratón de festividades en las cuales urgió a los escoceses a enfundarse en esa prenda. Esto fue fundamental para despertar la visión nacionalista y romántica asociada con el género. Está registrado que Scott se dedicó a la organización de las festividades con la misma meticulosidad que usaba para sus novelas. Pero en lo que hace al debate actual, no parece haber sido de ayuda.





