Del documental a la literatura

Karim Miské. El cineasta francés habla de Arab jazz, su única novela hasta la fecha, que capturó la atención del público y la crítica por su calidad y originalidad para mostrar la convivencia de diversos grupos religiosos en un barrio popular de París
Karim Miské. El cineasta francés habla de Arab jazz, su única novela hasta la fecha, que capturó la atención del público y la crítica por su calidad y originalidad para mostrar la convivencia de diversos grupos religiosos en un barrio popular de París
Eduardo Berti
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10 de octubre de 2014  

El francés Karim Miské (Costa de Marfil, 1964) ya era conocido por su labor como realizador de documentales cuando publicó Arab jazz , su única novela hasta la fecha, y capturó la atención del público y de la crítica por su calidad y su originalidad. Lanzada en Francia en 2012 por la misma editorial que publica las novelas policiales de Fred Vargas, editada hace semanas en la Argentina por Adriana Hidalgo, Arab jazz muestra la coexistencia, en un barrio popular de París, de diferentes grupos religiosos (testigos de Jehová, salafistas, seguidores de Lubavitch) y ha sido definida por su autor como "una metáfora del bien y el mal". La novela abunda en referencias literarias y musicales (Gainsbourg, Portishead, Dinah Washington, el rap) y presenta un droga llamada Godzwill (voluntad de Dios), gracias a la cual –explica un personaje–, además de sentirse inmortal, uno puede entender lo que significa "Dios creó el hombre a su imagen y semejanza".

–La religión y los grupos religiosos parecen ocupar un espacio primordial en sus documentales y en Arab jazz. ¿Qué lo ha llevado a interesarse tanto en ello?

–La familia de mi padre, oriunda de Mauritania, es muy musulmana y tradicional; a la familia francesa de mi madre podría describirla como "descristianizada", pero mis abuelos fueron marcados por una educación estrictamente católica. Aunque yo tuve una educación atea y anticlerical, al crecer traté de dar cabida a estas herencias. No me volví creyente, pero ahondé en la fe y la religión. Primero por medio de algunas de mis películas. Después con la literatura, con Arab jazz .

–El año pasado, la TV francesa difundió Judíos y musulmanes , una serie documental que usted realizó y que pone el acento en la rica historia en común que tienen ambas culturas. Al hacer ese documental, ¿cuál fue el objetivo y el mayor desafío?

–Con mis coautores y colaboradores decíamos en broma que el objetivo era disgustar a los representantes más cerrados de ambos "campos". Y nos fue bastante bien: los medios sionistas puros y duros afirmaron que la serie defendía una visión islámica de la historia, mientras que un diario argelino de tendencia nacionalista árabe me acusó de apoyar a Ariel Sharon. En verdad, el objetivo era mostrar que los últimos cien años de esta historia, los años del ascenso hacia un conflicto cada vez más implacable, no pueden ser la clave de lectura de toda esa relación. La historia es rica y complementaria porque las dos tradiciones no dejaron nunca de enriquecerse mutuamente. Sería estúpido pensar que los judíos y los musulmanes son naturalmente enemigos. Algo así no tiene sentido. El desafío pasaba por explicar esto mediante hechos históricos. Espero haberlo conseguido.

–Investigando para esos documentales, ¿cuál fue su mayor hallazgo?

–Yo sabía que el judaísmo había marcado con fuerza y desde sus orígenes al islam, eso se ve a las claras en el Corán y la Sunna (el relato de la vida del profeta Mohamed), pero no sabía que el islam había influido dos siglos más tarde en el judaísmo cuando, en Bagdad, Saadia Gaon, el sabio judío más notable de su tiempo, empleó los útiles conceptuales del kalam (la teología musulmana, influida por la filosofía griega) a fin de modernizar el Talmud, la teología judía. Esta influencia sigue activa en el presente. Ya no se puede purificar el islam de sus elementos judíos ni purificar el judaísmo de la influencia musulmana. Se trata de dos religiones íntimamente ligadas. E íntimamente ligadas, además, al cristianismo. Por eso Freud hablaba de "la religión monoteísta". Una misma tradición religiosa que se expresa bajo tres formas principales y una cantidad de variantes, pero que, básicamente, es la misma cosa. Lástima que los hombres se inventan razones para pelear.

–Usted también dirigió el film Musulmanes de Francia . ¿Cómo cree que sus obras audiovisuales dialogan con Arab jazz ?

–Más que aquella, fue otra película mía (Born Again) la que me inspiró Arab jazz. Allí filmé, durante un mes, a neofundamentalistas judíos, cristianos y musulmanes Al terminar el montaje, necesité hacer otra cosa. Sin saber qué iba a surgir, una mañana me puse a escribir Arab jazz. Y, de modo natural, nacieron unos personajes cercanos a esos que yo había filmado.

–¿Por qué optó por la novela policial? El título, Arab jazz , remite al White Jazz de James Ellroy. ¿Hay una tradición de la novela negra que le interese en especial?

–Me gusta lo que en Francia se llama néo-polar (neopolicial), un género cuyo autor más conocido es Jean-Patrick Manchette. La escritura es muy seca y el contenido es político, pero nunca militante. Se trata de que los lectores, a través de una historia criminal, vean la realidad de las relaciones de poder en la sociedad. Lo mismo hacían los fundadores del policial hard boiled, Raymond Chandler y Dashiell Hammett (este último era miembro del Partido Comunista de Estados Unidos). Lo mismo hace Ellroy, quien al contrario de Hammett o Manchette es políticamente conservador. Y, si nos remontamos en la historia, esto mismo es lo que hacía la novela clásica del siglo XIX : de Balzac a Dickens pasando por Zola. Hoy en día, la tradición de la novela social se refugió en el policial. Sobre todo en Francia, donde el nouveau roman metió la literatura en un camino, a mi entender, más formal. Yo me siento heredero de esa tradición.

– Arab jazz pinta una París alejada de los tópicos. Podría haber caído en otro tópico ambientando su novela en el suburbio, la banlieue, pero eligió un barrio, el XIXº.

–El XIXº me eligió a mí porque ahí vivía yo cuando me puse a escribir Arab jazz. El barrio resultó increíblemente inspirador con sus judíos jasídicos que conviven con musulmanes salafistas y con testigos de Jehová. La banlieue es una realidad que conozco menos y corría el riesgo de ser más artificial. Como crecí en el centro de París, no experimenté en carne propia la discriminación que pueden suscitar los barrios pobres de la periferia. Otros escritores, como Sabri Louatah, lo hacen muy bien. Él proviene de los suburbios de Saint-Étienne y plasmó con Les Sauvages una obra moderna y singular.

–Ahmed, el protagonista de su novela (un personaje que es el culpable ideal pero no el culpable real), sale de una depresión, se abre al mundo y ayuda a resolver el crimen. ¿Se puede ver en esto la metáfora de alguien que se siente "culpable" y decide tomar conciencia y comprometerse?

–Ahmed se repone de varias experiencias traumáticas, entre ellas una que fue muy culpabilizante, y no se perdona no haber respondido a tiempo al amor de su vecina. Una vez que ella ha muerto, es tiempo de actuar. En este sentido, Arab jazz es una novela iniciática.

–En Arab jazz parece haber un paralelismo entre la adicción a las drogas y la adhesión a una doctrina fundamentalista.

–Cuando filmé Born Again noté que había muchos ex toxicómanos en esos grupos neofundamentalistas, no importa cuál fuese la religión. Estos grupos proporcionan un producto muy potente que permite dejar la droga: una visión intransigente y exclusiva de Dios. Una especie de Dios en dosis muy altas.

–El crecimiento de los fundamentalismos es un tema central de Arab jazz . Se pensó que la reciente decapitación de periodistas estadounidenses fue hecha por un yihadista ex cantante de rap. El hecho podría formar parte de su novela, ¿no?

–Según las últimas noticias, los expertos piensan que el rapero Abdel Majed Abdel Bary no sería el asesino de Foley y Sotloff, pero existe un rapero alemán (Deso Dogg) que se unió a las filas de ISIS y murió recientemente en Siria. Desde luego, esas historias me hacen pensar en mis personajes de Arab jazz. Por desgracia no se trata de algo sorprendente. El hip-hop es una cultura muy rica e inventiva, pero no ofrece necesariamente la respuesta al malestar que sienten muchos jóvenes europeos, musulmanes o no. El veinte por ciento de los franceses que se vuelvan yihadistas en Siria o Irak son conversos. Nadie está a salvo de esto.

–¿Prepara otro libro?, ¿otro policial?

–Preparo un ensayo sobre la identidad y planeo escribir después una secuela de Arab jazz, que concibo como una trilogía.

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