
Del expresionismo al informalismo
Fernando Fazzolari, pintor e instalador dramático de lúcida postura crítica; Gabriela Aberastury como pintora no figurativa; Cristina Piceda y la materialidad de la escultura
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La exposición de Fernando Fazzolari (1949) lo relaciona con una variante del expresionismo que con diferentes nombres se difundió ecuménicamente. Los años ochenta cristalizaron lo que los italianos llamaron transvanguardia; los alemanes, pintura salvaje y los norteamericanos, neoexpresionismo. La corriente se caracterizaba por el énfasis que ponía (como cualquier otro forma del expresionismo) en tender un puente entre lo interior y lo externo. La diferencia con la tendencia de base estribaba sobre todo en la realización, rústica a menudo, que permitía una aproximación irónica al pasado mediante el reciclaje del estilo. La apariencia primaria obedecía, en realidad, a un propósito liberador que reaccionaba contra las prácticas colectivas. Se buscaba la diferenciación.
El abandono de la imagen trabajada con precisión en todas sus partes y de las técnicas depuradoras minimalistas e hiperrealistas tradujo más íntimamente la relación entre lo general y lo particular. Lo común a todos los individuos esbozaba polifónicamente lo que el individualismo expresaba con el grito amorfo y vago que no requería asesoramiento lingüístico para revelar su valor metafórico. Más allá de la confusión e incertidumbre que podía producir, señalaba situaciones que surgían del subsuelo humano y de las cuestiones más hondas de la naturaleza.
La sensación que producen las pinturas y las instalaciones de Fazzolari es angustiante. Los temas y el tratamiento, muchas veces escenográficos, son dramáticos; el amor y la muerte los sobrevuelan. En cierta medida se reinterpreta con un fin crítico y un propósito terrenal, ya que no se ve como un conflicto entre lo temporal y lo eterno, la idea que recorrió todo el barroco en la figura retórica del oxymoron: la unidad de lo opuesto.
El primero trae la vida que la muerte se lleva, es el elemento nutricio de aquélla hasta en el trasfondo lingüístico; pero trae también la memoria y el olvido, el abandono, la tragedia del hambre, la miseria, la explotación, la injusticia... Tales son en parte las cuestiones que se plantean recurrentemente.
Algunas escenas están centradas en la acción de los animales. En Vida de perro , por ejemplo, si raspamos la corteza, se exaltan las verdades más ásperas. Están solos esos seres que a la vista de todos, sin saberlo, descargan sus instintos para perpetuar la especie.
Otras recurrencias caen en La baba rosa y Estigia (la laguna del infierno que conocieron Dante y Virgilio), los nichos que encierran las ilusiones o las inscripciones reflexivas que turban.
En la espectral instalación El sueño del pintor se manifiesta la idea de la cárcel del cuerpo, que en este caso también es la del alma. Sobre el artista yacente entre barrotes da vueltas un cuadro vacío de un lado y dorado del otro.
F. F. estudió pintura con Jorge Demirjián en 1968 y, dos años después, dibujo, con Julio Pagano. Hasta 1973 presentó varias exposiciones pero, ese mismo año, abandonó la actividad plástica para concluir sus estudios de economía política. Una década más tarde retomó la pintura y, en 1999, concluyó un posgrado en Gestión cultural.
(En el Museo Nacional de Bellas Artes, Libertador 1473. No se indica la fecha de clausura.)
Sensibilidad intelectual
Gabriela Aberastury (1943) domina ampliamente sus medios. Se la conoce especialmente como grabadora, dibujante e ilustradora de ediciones bibliográficas (Asturias, Bradbury, Borges, Breton...), pero ahora está exponiendo aproximadamente una treintena de pinturas no figurativas. Su carácter abstracto impresiona por el convencimiento íntimo que transmiten y por el rigor formal de los aspectos técnicos, invariablemente impecables. Abundan los procedimientos mixtos, los soportes ondulados y las texturas en esas piezas, entre las que se destaca por la altísima calidad de su factura El amor y otras calamidades .
No implica ese señalamiento desmedro de los demás trabajos; en toda exposición, necesariamente, unas obras son mejores que otras; su objeto es dar un ejemplo de la perfección que es posible alcanzar en tiempos en los que abunda la desaprensión. La superficie de la obra se desmenuza en un apretadísimo juego de enlaces que le dan intensidad y refinamiento. Aberastury es apasionadamente controlada; aún en lo más tupido de la realización, cuando trabaja el apretado nudo de las formas, mantiene el equilibrio formal. Respeta los pases, los planos, los espacios y los colores con un virtuosismo poco común.
A veces, como en La espiral del viento , predomina el tenor geométrico; otras veces, como en Nocturno , una postura combinatoria a medio camino entre la geometría y el informalismo; pero invariablemente prevalece el deseo de fijar con precisión todas las partes. En ese sentido, cualquier porción de sus cuadros es tan perfecta como cada uno de ellos en su totalidad. Queda claro que practica con idoneidad todo lo que hace.
La estructura de las obras es arquitectónica; sólida en los parámetros que la sostienen con una reciedumbre que no se pierde siquiera cuando por oposición se atomiza informalmente una zona, como sucede en Señales .
Escapa de las posibilidades que tiene una reseña de esta naturaleza enumerar la totalidad de las distinciones que obtuvo G. A. No es ocioso, sin embargo, señalar que tiene el gran premio de honor del Salón Nacional de dibujo y el primer premio de la Sociedad Hebraica Argentina de grabado.
(En Palatina, Arroyo 821. Hasta el 4 de noviembre.)
El poder de la materia
En las características de los materiales se centra la exposición de esculturas de Cristina Piceda. Hace su obra con fragmentos de mármoles a veces suavizados por el desbaste y, en otros casos, presentados de manera rústica como se encuentran en las canteras. Trabaja también con maderas cuya corteza acentúa la rusticidad de su conformación. La combinación o la oposición de las formas y de los colores determina el interés de esas piezas, que conciertan la aleatoriedad con las precisiones de la geometría. Tal el caso de Entre dos , de Encascuatro (donde alterna el mármol negro de Bélgica con el blanco de Carrara), o de Muro .
(En Principium, Esmeralda 1357. Hasta el 9 de noviembre.)




