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CINE/LITERATURA. RITOS DE PASAJE Por Sergio Wolf-(Paidós)-175 páginas-($ 13)
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El crítico, docente e investigador Sergio Wolf se sumerge en uno de los terrenos más pantanosos y apasionantes del análisis cultural: la compleja (y al mismo tiempo productiva) relación entre cine y literatura. Lo hace con un sólido y polémico ensayo que remite, rescata, dialoga y por momentos se anima a cuestionar los cánones supuestamente establecidos en un universo al que han aportado teóricos del calibre de David W. Griffith, Serguei Eisenstein, Alexander Astruc, André Bazin, Gilles Deleuze, Jacques Derrida, Susan Sontag, Jean-Claude Carriére, Marguerite Duras, Edgardo Cozarinsky, entre muchos otros.
Wolf -uno de los principales representantes locales de una nueva cinefilia mucho menos aferrada a dogmas o apellidos incuestionables- apuesta por la diversidad al poner en relación materiales de muy distintos orígenes, espesores, épocas y autores. No se contenta sólo con lo que el cine considera como clásico en materia de transposiciones (Shakespeare o Henry James) sino que navega también sobre aguas más turbulentas, como las obras de escritores considerados de difícil abordaje para los guionistas (Faulkner, Proust, Burroughs).
Wolf combina con acierto el discurso académico, la divulgación periodística y el análisis crítico; redondea así un libro indispensable para estudiantes, guionistas y directores. Luego de una breve pero impecable introducción teórica en la que describe las herramientas y recursos por tener en cuenta, se centra en el análisis de una veintena de transposiciones (con picos en los casos de Jean-Luc Godard con Alberto Moravia en El desprecio y de Luchino Visconti con Thomas Mann en Muerte en Venecia , en las versiones de Claude Chabrol y Pedro Almodóvar sobre novelas de Ruth Rendell, en la filmografía de John Huston o en los particulares ejemplos de Antonio Tabucchi y Paul Auster) y cita más de 160 películas ineludibles a la hora de pensar estos "ritos de pasaje".
El ensayo recorre diversos géneros y subgéneros tanto literarios como cinematográficos, comenta la escasa suerte de grandes escritores contratados por Hollywood, repasa la eterna predilección del cine por el policial negro, descubre transposiciones no declaradas (Fassbinder y Mary McCarthy, los hermanos Coen y Dashiell Hammett, Raúl Ruiz y Borges, John Cassavetes y F. S. Fitzgerald, Spielberg y Bradbury, Godard con Joyce y Gombrowicz) y recupera también varios casos del cine argentino, como La tregua y Las ratas . El libro deja en claro que la transposición (término que el autor prefiere antes que adaptación, traducción o traslación) es un mecanismo mucho más complejo de lo que parece: ni la literatura es una mera proveedora de argumentos ni el cine es un arte espurio ocupado en popularizar, divulgar o simplemente alterar la historia o el mundo creado por el escritor. Y Wolf aborda este proceso como un desafío más del cine que de la literatura, una cuestión de usos y prácticas, de apropiaciones y molicies, de las maneras en que se piensa el cine más que de los modos como se piensa la literatura.
Por eso, en el epílogo hace suya una frase escrita por Bazin en 1966: "Constatar que el cine ha aparecido después de la novela o el teatro no significa que vaya tras sus huellas y en su mismo plano. El fenómeno cinematográfico no se ha desarrollado en absoluto en las condiciones sociales en las que subsisten las artes tradicionales. Sería como pretender que la jaiva o el fox-trot fueran herederos de la coreografía clásica". Una reivindicación del trabajo de tantos guionistas y directores muchas veces maltratados a la hora de las comparaciones con los grandes de la literatura en una relación marcada por el eterno juego de las fidelidades y las traiciones.


