Diálogos de Jean Guitton
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COMO dice Bernard Shaw, "lo mejor es morir joven, pero lo más tarde posible". Esta frase podría aplicarse muy bien a Jean Guitton, que sigue siendo un joven de casi cien años. Después de cincuenta y cuatro libros, innumerables artículos y entrevistas, y teniendo en cuenta su edad, se podría presumir que ya no tiene nada que decir. Pero no es así, el filósofo acaba de publicar Mi testamento filosófico.
Me acuerdo de la tarde en que lo fui a entrevistar en París, hace casi diez años. Llovía. Toqué el timbre, me abrió la puerta un hombre pequeño, calvo, con anteojos, vestido formalmente con traje negro y corbata. Me impresionó su mirada vivaz y algo maliciosa.
"Entre", me dijo, "y siéntese donde pueda." Me fue algo difícil, porque había libros por todas partes.
La entrevista empezó aparentemente de manera poco convencional. Guitton parecía divertirse y contestaba cada pregunta con entusiasmo. Habló de su vida, de su familia, de su filosofía y de algunos personajes importantes que había conocido. Entre otras cosas le pregunté si tenía miedo de la muerte. "Lo que temo es el juicio de Dios. Como dice el Evangelio, cuanto más se recibe, más severo será Dios. Debo confesar que he recibido mucho. Bonaparte afirmaba que el soldado teme la muerte; y el general teme el Juicio de Dios."
En su libro más reciente, Mi testamento filosófico (uno de los best sellers del año último) pone en escena de manera magistral su propia muerte, sus funerales en les Invalides y su presencia ante el Tribunal Supremo. Pero lo esencial son sus sabrosos diálogos con ilustres personajes que ha admirado, y algunas veces conocido.
Así desfilan el Greco, Sócrates, Senghor, Pascal, Dante, Bergson, Santa Teresa de Jesús, Pablo VI, de Gaulle, Mitterrand y otros.
Con Pascal, habla sobre las razones que aquél tenía para creer en Dios. "Si Dios fuera fácil, si estuviera al alcance de la mano, no sería trascendente y no sería Dios. Pero si Dios es Dios existe una desproporción entre El y nosotros. No nos extrañemos entonces de que para percibirlo tengamos que ponernos "en punta del espíritu"", dice Guitton-Pascal.
Y continúa: "El hombre es a la vez un animal religioso y materialista.Por eso tiene tendencia a fabricar materialismos religiosos y religiones materialistas... y a sacralizar sus materialismos... Curación de una enfermedad, suerte en un negocio, éxito en los exámenes... Pide y espera de Dios sólo beneficios materiales. Poco a poco el hombre limita su religión a esa práctica materialista e interesada. En tiempos de guerra las iglesias están llenas, en tiempos de paz están vacías".
Guitton también conversa imaginariamente con Bergson, acerca de los motivos que hay para ser cristiano. "Así como las razones para creer son sencillas, las razones para no creer son complicadas. Complicación de la razón que aleja de lo que es simple. Masa de erudición, lujo del detalle y refinamiento de lo tecnológico. Pero ausencia de unidad, ausencia de la entrega inmediata del ser al espíritu, ausencia de la intuición intelectual, etcétera".
Pablo VI es otro de los personajes con los que Guitton intercambia ideas. Vale la pena transcribir parte de esa charla.
Jean Guitton: Santo Padre, si usted supiese qué duro es para mí aceptar que se debe pasar por el hombre para llegar a Dios.
Pablo VI: La fe consiste en la aceptación de la mediación humana. En esto radica la clave del misterio de amor. Lo que hay de menos perfecto en el orden del conocimiento humano es creer y lo que hay de menos noble en el orden de la acción es obedecer. He aquí el camino de la perfección del amor.
Jean Guitton: La humildad, camino de la verdad que lleva a la vida.
Por Odile Baron Supervielle





