Dinamita
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No estoy seguro de que la idea de dinamitar cosas sea la más feliz, en este momento. En general, la civilización ha probado, con sufrimiento indecible, que la nitroglicerina no resuelve nada. Sin embargo, Javier Milei declaró estos días que dinamitaría el Banco Central (BCRA). No es algo nuevo, lo sostuvo también durante la campaña. Pero ahora es diputado de la Nación, y por lo tanto tiene una responsabilidad mucho mayor. Para empezar, los argentinos aprendimos por las malas que los explosivos no resuelven nada. Pero dinamitar el Banco Central constituye una falacia lógica, aparte de un gasto de recursos innecesario. Alcanzaría con que sea independiente y haga las cosas bien.
Lo mismo pasa con lo de dolarizar la economía, que en la práctica equivale a eliminar el peso, porque nadie quiere pesos. Pero nadie quiere pesos porque el Estado argentino es un defaulteador serial, porque emite on demand y porque nos sometió a corralitos devastadores y devaluaciones apocalípticas. Pero con los impuestos que pagamos, lo menos que uno esperaría es que el Estado se tome en serio su obligación de proporcionarnos una moneda nacional, y no que la elimine, después de haberla desangrado a fuerza de sus propios errores.
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