Educación de la crisis

PEDAGOGIA DEL ABURRIDO Por Cristina Corea e Ignacio Lewkowicz-(Paidós)-224 páginas-($ 23)
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17 de abril de 2005  

Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidas y familias perplejas es un libro póstumo de los investigadores argentinos Cristina Corea e Ignacio Lewkowicz, fallecidos en un accidente en 2003. En el prólogo, Mariana Cantarelli expresa que esta compilación -que no fue preparada por los propios autores- tiene como objetivo rendirles homenaje. Los textos, de diversa procedencia y sobre distintas temáticas vinculadas a la educación, reflejan la producción intelectual de ambos investigadores y profundizan, en un tono cercano a veces a la conversación, cuestiones ya planteadas por ellos en textos y libros previos.

El título alude al aburrimiento, un fenómeno frecuente en la experiencia escolar, que parece reclamar una pedagogía acorde con él y preanuncia algunos de los problemas más complejos de la educación contemporánea que son tratados en el volumen. "Pedagogía del aburrido", señala Corea, fue justamente el nombre con el que, en 1993, inició una investigación en la Universidad de Lomas de Zamora, cuyo objetivo era "enseñar a un sujeto que tiene como síntoma el aburrimiento". En ese caso eran estudiantes universitarios, no sólo aburridos, sino que además distaban de responder a las expectativas que los docentes se habían forjado sobre ellos.

Esa experiencia llevó a los investigadores a reconocer los límites histórico-culturales de otras pedagogías contemporáneas (en particular, de la "pedagogía del oprimido" de Freire y de la pedagogía crítica en general, tal como se señala en el prólogo) y a identificar una frontera: el fin del ciclo de la educación moderna y de las teorías que debatieron con ella a lo largo del siglo XX.

Los autores buscan desmontar algunos supuestos que están en la base de la actividad educativa mediante el anclaje en nuevas producciones teóricas (Michel Foucault, Jacques Lacan, Zygmunt Bauman, Giorgio Agamben). Declarándose contra toda forma de idealización, cuestión tan cara a los discursos sobre la educación, Corea y Lewkowicz realizan una crítica de conceptos modernos como "infancia" y "escuela" (algo ya presente en Se acabó la infancia (1999), libro anterior de ambos investigadores que constituyó un aporte sustantivo al debate sobre la institución de la modernidad de una infancia "inocente" y su destitución a partir del consumo).

La perspectiva teórica del libro reitera y profundiza también hipótesis ya planteadas en Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez (2004), del propio Lewkowicz, y en el libro colectivo Del fragmento a la situación (Altamira, 2003), textos en los que el investigador planteó el agotamiento de la lógica del estado-nación, de la subjetividad estatal, y también la necesidad de pensar la contingencia, la incertidumbre en tiempos de fluidez y las nuevas formas de subjetividad.

Al identificar todas las instituciones educativas como espacios panópticos, el pensamiento de Lewkowicz evita leer las particularidades que en todo proceso histórico presentan las experiencias educativas, aun aquellas configuradas en una matriz común como el formato escolar-estatal. Sin embargo, es posible reconocer que ese diagnóstico de caducidad echa luz sobre la experiencia actual en las instituciones educativas, atravesadas por diversas clases de anacronismos.

Más que en la construcción de una nueva totalidad de sentido, Lewkowicz y Corea proponen centrarse en las situaciones y en los fragmentos (de experiencias educativas, en este caso) de una cultura en disolución para, desde allí, avanzar en la comprensión de los avatares del presente. Lo singular de cada experiencia educativa no se deduciría de la lectura del lugar histórico en el que acontece (la escuela), sino de la mirada y de la escucha de cada situación, del habla y del pensamiento infantil, de las interpretaciones de los maestros y de la lectura de los jóvenes. La producción de subjetividad en dichas experiencias se plantea, no como dada por el entorno institucional que parece negarles visibilidad, sino como el descubrimiento y la reconstrucción de un proceso atravesado por la contingencia, la anomia y la crisis de la construcción de una ciudadanía estatal.

En varios de los textos se hace también referencia a la investigación realizada por Corea junto a Silvia Duschatzky que dio lugar al libro Chicos en banda. Esta experiencia logró, según se afirma, la identificación de fenómenos "invisibilizados" por las propias instituciones o por las investigaciones tradicionales (como la relación de fraternidad entre jóvenes y las nuevas identidades que se configuran fuera de la escuela pero que dejan sus marcas en la cotidianidad de las instituciones).

A partir de la hipótesis sobre el desfondamiento o destitución de las instituciones o a través de la metáfora del galpón con que representan el nuevo funcionamiento de las "escuelas postnacionales", Corea y Lewkowicz radicalizan la crítica teórica "sobre lo que hay" y señalan la necesidad de "habitar" las instituciones para encontrar nuevas formas de apropiación de los lugares, nuevas formas de producción de subjetividad.

Señalan cómo se produjo la homogeneización de la educación en el pasado y sostienen que en el presente ésta debería centrar su atención en la producción de diferencias generadas a partir del agotamiento simbólico del estado y del avance de la lógica del mercado. Esto implicaría otros modos de intervención, cambios de posición de los actores en las instituciones y nuevas formas de pensar la educación.

Los textos de Corea que estudian la relación entre pedagogía y comunicación son coherentes con las anteriores argumentaciones al proponer que el análisis de los medios masivos de comunicación se ocupe de las operaciones de recepción y no de los contenidos. La perspectiva semiótica subraya así la importancia de conocer los modos de producción de la subjetividad masmediática, que parece interferir en las aulas con una subjetividad pedagógica, definitivamente ausente.

Esos dos tipos de subjetividad -a pesar de que plantean cierta polaridad- ofrecen un punto de partida para explorar las operaciones infantiles en la lógica del consumo, reconociendo la posición activa del niño y la subjetividad que se configura a través de ella.

"La tarea de pensamiento de nuestra generación es investigar los mecanismos concretos de la producción de nosotros" es la invitación que alguna vez lanzó Ignacio Lewkowicz. Esa frase resulta fértil para continuar y profundizar los centrales debates político-epistemológicos que este libro abre y que sobrevive a sus autores.

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