
Educación y política
UNIVERSIDAD E INTELECTUALES Por Claudio Suasnábar-(Flasco/Manantial)-301 páginas-($25)
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Aunque suelen ser poco estudiados para comprender el clima intelectual de una época, los debates pedagógicos esconden claves, referencias inevitables a las políticas públicas y tensiones reveladoras de los momentos históricos en que se dan.
En Universidad e intelectuales. Educación y política en la Argentina (1955-1976), Claudio Suasnábar reconstruye, con la historia como marco e influencia determinante y la universidad como escenario, la configuración del campo pedagógico universitario en el período que va desde la caída del peronismo, en 1955, hasta el golpe militar de 1976.
Para hacerlo, explora las posiciones y modalidades de intervención de los intelectuales-pedagogos, que en esos años se mueven entre las discusiones político-ideológicas y las estrictamente pedagógicas. Del análisis resulta, finalmente, un panorama de las modificaciones que sufrió en esos años la idea misma del intelectual y las expectativas sobre su función social, en continua referencia a los cambios políticos del país.
Suasnábar, que exhibe una prosa rigurosa y un trabajo seriamente documentado -el ensayo fue en origen una tesis de maestría-, evita un recorrido cronológico y prefiere centrarse en la evolución de las propias discusiones pedagógicas como hilo conductor. Así, su relato alterna una mirada amplia sobre los procesos históricos del período con el recorrido minucioso por los contenidos de revistas educativas relevantes -como las de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de La Plata, el Centro de Investigación y Acción Social y el Instituto de Investigaciones Educativas-, y por la trayectoria intelectual de pedagogos de peso, como Adriana Puiggrós, Gustavo Cirigliano y Luis Jorge Zanotti.
Por ese camino resulta más sencillo entender la heterogeneidad de posiciones y miradas, de conflictos y contradicciones que concentran estos años, por debajo de los cuales se dibuja un destino inequívoco que comienza con el optimismo desarrollista de los años 60 y desemboca en la interrupción abrupta de los debates con el inicio de la última dictadura en 1976.
El "pedagogo humanista" de las primeras décadas del siglo pasado -refugiado en el universalismo de su pensamiento- se transformó , con el desarrollismo como horizonte ideológico, en el "especialista en educación" de los 60. Según demuestra Suasnábar, el campo pedagógico inició entonces un proceso de configuración, a partir de la reconversión de carreras de pedagogía en "ciencias de la educación". El autor muestra cómo convivieron tradiciones pedagógicas con nuevas corrientes, lo que derivó en una heterogénea composición de perfiles docentes.
El propio espíritu de época hizo lugar a este proceso de construcción académica: el optimismo modernizador instalado a mediados de los años 50 vio en la universidad un actor político-cultural con un papel central. "Los años dorados de la universidad reformista de los sesenta expresan lo contradictorio de un proceso político donde, a la vez que se reconocía una autonomía y libertad en el espacio académico, se la negaba para la gran mayoría de la sociedad", dice el autor.
El modelo fue perdiendo paulatinamente legitimidad, en particular a partir del golpe de 1966 y la intervención del gobierno de Onganía a la universidad, que, para el autor, "rompe la débil estructuración" del campo pedagógico. En ese estado, las promesas incumplidas del desarrollo y los acontecimientos políticos confluyeron para dar lugar a una progresiva radicalización política de los pedagogos. Los cambios traerían también una crítica creciente al modelo universitario reformista y a su papel reproductor de condiciones sociales de dominación. En educación, los debates se desplazaron decididamente al problema ideológico, pero, otra vez, con una variedad de posiciones -sectores marxistas, otros cercanos al peronismo, sectores católicos-. A partir de los 70, pedagogía y política ya no podrán separarse.
Suasnábar también se ocupa del presente al preguntarse sobre algunas de las cuestiones más candentes de la actualidad educativa. Qué puede hacer hoy el campo pedagógico para pensar una escuela sobredimensionada de funciones y demandas es sin duda una de ellas.
Por el particular recorte que elige para contar la historia y los matices que introduce, el libro resulta un hallazgo. Pero quizás su aporte más valioso esté en la provocadora hipótesis que recorre el libro: como intelectual, el pedagogo sería, propone el autor, un "reformador social", que no puede separar su reflexión de la propuesta concreta. Así, su intervención "explícita o implícitamente interpela al Estado y la sociedad" y desplaza su pensamiento inexorablemente al terreno político.




