El amor según Quino (y Mafalda)
Dos libros del gran humorista gráfico lanzados este mes por Sudamericana reúnen las viñetas sobre el amor en todas sus versiones; la relación apasionada que marcó la vida del creador de Mafalda
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“El día que publiqué mi primera página pasé el momento más feliz de mi vida”, decía Quino cada vez que recordaba su debut como humorista gráfico en el semanario Esto es, en 1954. Pero enseguida agregaba que, en realidad, tuvo otro “gran” momento que duró 57 años: la pareja que formó con Alicia Colombo, con quien se casó en 1960 y de quien enviudó en 2017.
Aunque el creador de Mafalda era tímido y parco fuera de su círculo cercano de amigos y familiares, siempre expresaba en público el enorme y profundo amor que sentía por Alicia. De hecho, poco después de la muerte de su compañera de vida, que fue clave en el desarrollo de su carrera y en su despegue internacional, Quino volvió a Mendoza, su provincia natal, en silla de ruedas y casi ciego. Y allí murió tres años después, en 2020, sin dejar jamás de extrañarla.
Amor de pareja, amor a la vocación, amor filial, amor a las ideas políticas y, también, por qué no, amor al trabajo (y a su resultado económico): todas esas posibilidades se despliegan en las viñetas y tiras de Quino reunidas en dos libros reeditados este mes por el grupo Penguin Random House. Sí… cariño y El amor según Mafalda, ambos con el sello de Sudamericana, que eligió febrero, cuando se celebra el Día de los enamorados, para distribuirlos en las librerías de todo el país.
En Sí… cariño ($17.999) aparece el humor del Quino menos sentimental, el más irónico: un carnicero “ataca” a Cupido cuando ve que el angelito del amor le tira un flechazo mientras atiende a una señora mayor; un pintor de paredes le declara su amor a una joven con una frase que hace reír de inmediato a los lectores: “Amo tus ojos número de catálogo 152, verde Irlanda de la línea Vinilkrom”.
O, en una de las que ilustran esta nota, donde un anciano le pregunta a una anciana sentada frente suyo: “¿Nosotros éramos amigos, parientes, esposos o qué?”.
En otra, el humorista gráfico desarrolla una historia muda en nueve cuadros, en los que muestra a un hombre de las cavernas luchando contra una especie de jabalí salvaje hasta que logra cazarlo. En la última escena, le entrega la presa a la mujer para que lo cocine, pero ella lo primero que le dice es: “Pero… de los rabanitos que te pedí para la ensalada, ¿te olvidaste?”. Y así.
En la vida real, Quino decía sobre su esposa frases conmovedoras como: “Alicia es mi conexión con la realidad. Sin ella, yo seguiría flotando en una nube de dudas, preguntándome si el mundo tiene arreglo o no”. Y ella definía a Quino con palabras como: “Es un hombre de una ternura infinita, pero con una visión del mundo muy amarga. Yo trato de ponerle un poco de equilibrio a esa amargura, aunque a veces tiene razón en estar enojado con el mundo”.
Ese “estar enojado con el mundo” de Quino aparecía, también, en las historietas de Mafalda y sus amigos. “Los dirigentes políticos pasan sus vidas pendientes unos de otros”, piensa la niña terrible en el primer cuadrito de una tira del libro El amor según Mafalda ($17.999). En la segunda viñeta agrega: “Se juntan, se pelean, se separan, vuelven a juntarse”. “Si eso no es amor no sé qué es”, remata. Cualquier parecido con la actualidad no es pura coincidencia.
Felipe, enamorado eterno y secreto de Mafalda, aparece en la contratapa del volumen (de color rosa chicle) ofreciéndole una flor a la protagonista, muerto de vergüenza. Adentro, en una tira, se lo ve tirado sobre la arena ensayando dedicatorias para enviarle una postal a su amiga. Empieza con “Querida Mafalda: desde estas hermosas playas…” para pensar enseguida que mejor la escribe a la noche o al otro día. Y concluir luego con un asombrado: “¿Cómo? ¿Así que no recibiste nada? ¡Qué desastre este correo!”.
Mientras Manolito demuestra su amor por el aumento de precios de los productos del almacén familiar, Guille tiene una relación de apego con su chupete y Susanita piensa en “hijitos” cuando la maestra le pide que conjugue el futuro perfecto del verbo amar. En una escena de tres cuadritos, Mafalda y Susanita caminan por la vereda y de fondo se ve un corazón en la pared que une dos nombres: “Raquel y Alberto”. Susanita se detiene, saca una tiza y dibuja otro corazón en la pared. Al final se lee: “Susanita y ya veremos quién”. Son distintas perspectivas del amor, según Quino.
El amor de Alicia y Quino se expandió hacia una sociedad de trabajo creativa. Ella fue su primera lectora (y la más crítica, según el propio autor); luego, su representante y, desde siempre, su brújula. Se habían conocido a mediados de los años 50. Ella era doctora en Química; él, un dibujante mendocino que buscaba dónde publicar. Quienes los conocieron en su intimidad –tanto en la Argentina como en sus años de exilio en Europa a partir del golpe de Estado de 1976- destacan siempre que ella fue el motor de esa pareja. Y se apoyaban en cada decisión. “Cuando nos fuimos a Italia, yo estaba muy asustado. Ella me decía: ‘Mientras estemos juntos y tengas tus lápices, vamos a estar bien’. Y tenía razón”, contaba él sobre la decisión de dejar el país.
“Alicia es la que ha hecho que yo pueda dedicarme a dibujar, que es lo único que sé hacer. Ella se ocupó de todo lo demás: de los contratos, de los viajes, de que el mundo no me pasara por encima”, declaró Quino más de una vez. Sobre la dinámica de la pareja, Alicia decía: “No somos el dibujante y su secretaria, somos dos personas que caminan juntas. Yo cuido su tiempo porque sé que su tiempo es sagrado para su arte”. Y sobre la “genialidad” de Quino, ella alguna vez reveló: “Joaquín es un hombre que sufre el dibujo. No es alguien que se sienta y le sale todo fácil; es un perfeccionista obsesivo. Mi trabajo es, a veces, simplemente decirle que lo que hizo está bien, que puede soltar el lápiz y descansar”.
Quino solía bromear con que él era un “pesimista profesional” y Alicia, su “Ministra de Relaciones Exteriores”. Pero ella fue mucho más. En palabras de Quino, “Alicia fue el eje de mi vida”. Una frase bella y profunda que refleja, en solo siete palabras, la definición del amor para Quino.
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