El árabe del futuro, el cómic que refleja la incomunicación entre Oriente y Occidente
Su autor, Riad Sattouf, integró la revista Charlie Hebdo hasta octubre pasado
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PARÍS (El País).- No deja de tener su mérito el hecho de que, a partir de unas viñetas de apariencia naif sobre leves fondos celestes, amarillentos, rosas y pistachos, el lector, quizá más naif que las viñetas, sea informado poco a poco de vivencias asombrosas, complicadas, tremendas. Cosas relacionadas con el destierro interior y exterior, el racismo latente o presente, el desamparo, los daños del exceso ideológico, las sutiles aunque indelebles diferencias entre patriotismo y patrioterismo, el choque de civilizaciones y la fatalidad de la incomunicación entre Oriente y Occidente.
No está el mundo para bollos y nunca lo estuvo, y bastante sabe de eso Riad Sattouf (París, 1978), heredero de esas vivencias por vía paterno-filial y autor de esas viñetas, reunidas en la novela gráfica L'arabe du futur (Allary Éditions, con lomos y editado a todo tren) que Salamandra Graphic editará como El árabe del futuro.
Con este título, del que se tiraron 150.000 ejemplares en Francia y que ha sido traducido a una docena de lenguas, Sattouf ganó, por segunda vez, el Gran Premio del Salón del Cómic de Angulema.
El autor, hijo de francesa y sirio, pasó su infancia y adolescencia entre la Siria de Hafez el-Asad, la Libia de Kadhafy y la dulce Bretaña. Eso debe de enriquecerle a uno y suponer una esquizofrenia importante en los albores de la vida. Satouff explica así la génesis mental y material de su revelador cómic: "Cuando empecé a escribir esta historia no me propuse hacer un exorcismo personal ni hablar así, en general, del mundo árabe. Tenía este proyecto en la cabeza desde hacía tiempo, pero no me atrevía a ponerlo en marcha, había recuerdos dolorosos, y me resulta difícil hacer un cómic autobiográfico".
Sattouf escribe y dibuja, en esta entrega de lo que casi seguro será una tetralogía, sus recuerdos agridulces de "una juventud en Oriente Medio", como se subtitula el libro. Una juventud franco-árabe propiciada por la condición de maestro itinerante de su padre, Abdel-Razak, un sirio enérgico, brillante y contradictorio que se licenció en La Sorbona, pero que prefirió las aulas desvencijadas del socialismo árabe, el estado de masas populares que él creía eficaz antídoto contra el oscurantismo religioso.
El árabe del futuro se retrotrae a los años 70 y 80, pero encierra dosis de vigencia. "Mi padre llevaba adentro un gran sentimiento de revancha con Occidente, se sentía humillado por la historia. Tenía claro que habían sido los occidentales quienes, sin consultar con nadie, habían dibujado las fronteras del mundo árabe al final del Imperio Otomano. Pertenecía a una generación traumatizada por las guerras con Israel."
En la Francia lepenista del extremismo disfrazado de urna y de los crímenes racistas -los muertos de Charlie Hebdo, las agresiones antisemitas y antiárabes-, Riad Sattouf quiere dejar clara una cosa: "Tengo que decir que Francia me parece uno de los lugares menos racistas posibles. En Siria eran extremadamente racistas; en el pueblo de mi padre lo eran con los negros, a quienes llamaban monos, con los kurdos, con lo que se relacionara con Israel? ¡lo eran con los vecinos del pueblo de al lado! Había un antisemitismo enorme, un odio abierto contra Israel".
Sattouf mantiene familia en Siria, pero no quiere hablar mucho de ella. Tampoco quiere hablar demasiado de otro tema: Charlie Hebdo, donde dibujó hasta octubre de 2014, poco más de dos meses antes del atentado. "En Charlie Hebdo no hacía caricaturas ni dibujos sobre política, hacía la serie La vida secreta de los jóvenes. Y en octubre abandoné la publicación porque quería hacer cosas nuevas y me pasé a ña revista Le Nouvel Observateur. Tras el atentado, todo el mundo se echó sobre nosotros, nos preguntaban sin cesar sobre lo que había pasado y sobre cuestiones de política internacional, y yo me decía: ¡pero si soy sólo un autor de cómics!"
Y añade, como epílogo funesto: "Para mí los dibujantes de Charlie Hebdo eran tipos inmortales, no me podía ni imaginar que alguien que se dedica a dibujar pueda representar una amenaza para nadie".



