
El centenario de Henri Michaux
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LA publicación de las obras completas de Henri Michaux en la colección "La Pléiade" es quizá uno de los hechos más importantes con que se celebra el centenario del gran escritor francés.
Conocí a Michaux cuando yo tenía diez años, en la estancia de mi abuela en Uruguay, donde él pasaba unos días con su gran amigo, el poeta Jules Supervielle. Jugamos al ping-pong y yo me dejé derrotar por respeto a ese hombre, tan admirado por todos los que lo rodeaban. Muchos años después volví a verlo en París, en el salón de Madame Tesenas, donde se reunía la vanguardia del momento. Apoyado en una pared, Michaux conversaba con una señora. Movía sus manos largas y expresivas, vigiladas por su mirada irónica. De vez en cuando, se oía su risa tan característica. No me animé a acercarme a él en esa oportunidad, pero no lo perdí de vista en el sentido espiritual. Era una lectora fervorosa de sus obras. Las devoraba a medida que iban apareciendo.
En cambio, no tuve tanta suerte con sus trabajos pictóricos. Pude contemplar sólo uno de sus cuadros en casa de un amigo, Maurice Le Roux. Y lo lamento, porque Michaux es uno de los pocos autores cuya obra pictórica es quizá tan importante como la poética.André Gide llegó a decir que le gustaba más la pintura que la poesía de Michaux.
A partir de los años 30, Michaux empezó a interesarse por el pasaje de la escritura al dibujo y del dibujo a la escritura. Era un tema que lo apasionaba. Se trataba de "reencontrar el mundo por otra ventana", según decía. Ese ir y venir de lo escrito a lo dibujado lo incitó a componer un texto muy hermoso, "Las aventuras de una línea", que parte de un dibujo de Paul Klee, de quien Michaux se sentía muy próximo. "Max Ernst y Paul Klee al mismo tiempo, me hicieron nacer a la pintura cuando tenía 24 años -confesó- Antes detestaba la pintura. Después, esa aversión se convirtió en un idilio. Un idilio insaciable."
Entre Michaux y Klee había muchos puntos en común. Los dos investigaban las relaciones entre la escritura y el dibujo, los dos tenían un gran sentido del humor que utilizaban, entre otras cosas, para poner títulos muy divertidos a sus obras. Además, los dos buscaban dar con un lenguaje universal que permitiera comunicarse con todos los seres vivos.
Un día se me ocurrió preguntarle a Alberto Girri qué pensaba de la bifurcación de la obra de Michaux entre la poesía y el dibujo. El argentino me respondió: "Es uno de los más grandes poetas contemporáneos. En un siglo de especialistas, esa dualidad entre dos disciplinas parecería algo sospechosa, sobre todo porque Michaux descubrió el dibujo después de la poesía. Pero cualquiera que haya escrito poemas y se haya interesado en el proceso de su creación descubre que, a menudo, ciertos mecanismos de las artes plásticas se aplican perfectamente a la poesía".
Cuando se observa la obra pictórica de Michaux, que se compone fundamentalmente de grafismos o bien de manchas negras, se ve hasta qué punto esas líneas están cerca de la escritura: parecen un alfabeto surgido de un sueño.
A su vez, en los poemas de Michaux, hechos de matices, la sonoridad de las palabras se vuelve, de un modo insólito, "visible", colorida. Es como si el poeta francés hubiera llevado la versatilidad del lenguaje hasta un límite en que la poesía se confunde con otras expresiones artísticas: con la pintura, con la música. En verdad, Michaux tuvo una obsesiva necesidad de alcanzar los estratos más profundos de la conciencia y del ser, los estratos en que el sentido se expresa simultáneamente mediante la imagen y la palabra, mediante el sonido y las formas.
Esa indagación de la que nacieron sus poemas y sus cuadros son las huellas de un itinerario que tenía como meta el absoluto. En busca de ese absoluto, el poeta fue descartando las apariencias para quedarse con lo esencial o para alcanzarlo. Por eso, podría decirse que, más que un poeta, un artista o un creador que experimentaba con distintas formas de expresión, Michaux fue un místico laico.
Perfil
- Formación: Henri Michaux nació en Namur, Bélgica, el 24 de mayo de 1899 (se nacionalizó francés en 1954). Durante su juventud quiso ser benedictino. Su familia se opuso. Estudió entonces medicina y más tarde se hizo marino. La escritura, el dibujo y los viajes fueron las grandes pasiones de su vida. Pasó una temporada en la Argentina y estuvo vinculado a las hermanas Ocampo.
- Obras: de sus libros de viaje, los más destacados son Ecuador y Un bárbaro en Asia. Poesía: Quién fui , Milagro miserable , El infinito turbulento , Maneras de dormir, maneras de despertar .
- Drogas: para tener acceso a formas superiores de conciencia, que describió en sus libros, Michaux utilizó drogas.
- Muerte: murió en París en 1984.
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