El debate sobre Nietzsche no pierde vigencia en el mundo

Fue un precursor del posmodernismo
Juana Libedinsky
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25 de agosto de 2000  

"Dios ha muerto." Pero en el centenario de su propio fallecimiento, Nietzsche sin duda sigue vivo y tan polémico y controvertido como cuando en 1883 lanzó la famosa afirmación en su obra cumbre, "Así habló Zaratustra".

Padre del nihilismo -la vida entendida sin objetivo ni significado- popular entre los librepensadores, pero también entre los nazis, y que murió loco y paralizado por la sífilis, Nietzsche alteró para siempre la filosofía occidental con obras como "Más allá del bien y del mal" (1884) y "La genealogía de la moral" (1887).

A pesar de los años, fanáticos y detractores no sólo lo siguen leyendo hoy sino que se lo considera un precursor de los problemas de la posmodernidad. Sólo en la Argentina, se publicaron desde 1998 unas 22 ediciones de sus obras, además de más de una docena de libros que analizan su pensamiento, tanto de autores locales como extranjeros.

"Es imposible ser nieztscheano ; ofreció contenidos para todas las desmesuras del siglo pasado: las nobles y las asesinas", aseguró en diálogo con LA NACION Víctor Massuh, cuya tesis de doctorado en la Universidad Nacional de Tucumán, "Nietzsche y el fin de la religión" (publicada por Sudamericana), es considerada un clásico en el tema.

-¿Nietzsche era nazi y antisemita como tantas veces se lo señaló?

-Durante los últimos años de su vida, cuando ya estaba inmerso en la locura, su hermana Elisabeth, de reconocida militancia antisemita, tergiversó algunos textos para convertir la idea de superhombre que desarrolló en la de una raza superior que fue aprovechada por los nazis. Aunque siempre mostró una gran objeción a la tradición judeocristiana, no se puede demostrar a ciencia cierta que él haya sido nazi o antisemita.

-¿Qué es lo que objeta de la religión?

-Nietzsche rechazó una religión que niega la vida, y con ella el cuerpo, lo terrenal y los instintos. Objeta una religión que extreme la oposición entre lo sagrado y lo profano, entre esta y la otra vida. Y las creencias que difunden una imagen de Dios como amo tiránico exigiendo una dependencia absoluta, o una fe que proscriba el sentido orgiástico de la alegría y haga del pecado un dato constitutivo de la naturaleza humana.

-¿Debería enseñarse Nietzsche en las escuelas?

-Por supuesto. Es un pensamiento genial y disparatado al mismo tiempo, siempre revulsivo y que estimula la reflexión. Pero debe ser abordado como toda filosofía: con espíritu crítico y conocimiento sólido. En la actualidad existen profesionales que han trabajado con solvencia sobre el tema, y que expresan un buen nivel de la filosofía en nuestro país.

-¿Qué opinaría Nietzsche de este cambio de siglo?

-No se sentiría a gusto en la democracia mercantilista de nuestros días. Nietzsche tiene vigencia como un contradictor de nuestro tiempo, como un marginal que se resiste con su exaltación del "hombre superior", su reconcentrada soledad, su "antiplebeyismo". Tampoco tendría respuestas para una civilización tecnológica que llena el mundo de utensilios que terminan eliminando toda relación directa con la vida, el prójimo, el misterio. Quería que el hombre fuera superado por una intensificación de sus cualidades, pero no por la máquina.

-¿Cuáles fueron sus grandes aciertos y errores?

-Se equivocó a lo grande cuando cayó prisionero de un voluntarismo delirante: celebró al autócrata, al hombre de poder, una minoría de dueños de la tierra, una nueva raza de señores. Pero toda vez que se perciba la vida como juego, espontaneidad, alegría y heroísmo innovador, se encontrará en la obra de Nietzsche preceptos de una entrañable sabiduría.

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