
El delicado hilo de los recuerdos familiares
La voz de una madre conduce directamente al laberinto de nuestra identidad. Si uno sabe tirar con arte y paciencia de ese delicado hilo de los recuerdos, va a desembocar en el árbol genealógico, que no es estático sino móvil y que al final dibuja nuestras propias facciones, puesto que somos un asombroso compendio de los gestos, taras, caprichos, habilidades y también de las maldiciones del destino que aquejaron y alegraron la existencia de nuestros antepasados.
Hace doce años, decidí entrevistar a Carmina y escribir lo que en principio iba a ser un libro privado, acaso el legado personal de un escritor para sus hijos. Creía saber, como cualquiera, mucho sobre el pasado de ella y su familia asturiana, pero a poco de escuchar y tomar notas en un cuaderno Rivadavia de tapas duras, descubrí con perplejidad cuántas cosas ignoraba y cuántos tesoros había ocultos en las distintas capas de esa memoria. La misma entrevistada se tropezó con asuntos vitales que había convenientemente olvidado, y que alumbraban el presente con una luz poderosa.
Por el camino salieron también a la superficie secretos escabrosos y toda la gama posible de matices que proporcionan un amplio grupo familiar integrado por genios y mediocres, héroes y canallas. Fueron cincuenta horas a lo largo de distintos días, los dos lloramos y reímos, y al final del proceso éramos otras personas. Ese procedimiento, que después se transformó en un impensado best seller, pero que cualquiera podría realizar de manera casera con su propia madre, fue una bisagra en mi vida. Una década después, para esta edición especial que acaba llegar a las librerías, abordé la segunda parte de la obra: contar la muerte de mi padre, las revelaciones de mi abuelo malvado y todo lo que nos había sucedido tras la publicación de Mamá en la Argentina y en España durante estos once años fantásticos y dolientes. Al final, Carmina me retuvo una tarde y me dictó la última línea; yo no hice más que transcribirla: "Ahora soy completamente feliz. Lástima que soy vieja".






