El discurso más breve de la historia de los Nobel
Curiosa actitud de John Coetzee
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ESTOCOLMO.- El rey Carlos Gustavo de Suecia entregó ayer en Estocolmo el Premio Nobel de Literatura 2003 al escritor sudafricano John Maxwell Coetzee, distinguido por su lucha literaria contra el apartheid, el racismo y la doble moral quien, a su turno, ofreció el discurso más breve de la historia de los Premios Nobel.
Horas después de que la abogada iraní Shirin Ebadi recibiera en Oslo el Nobel de la Paz, el Auditorio de Conciertos de la capital sueca acogió la entrega de los premios de Literatura, Física, Química y Medicina, además del correspondiente a Economía.
Coetzee, de 63 años, -el segundo escritor sudafricano que obtiene el Nobel, después de Nadine Gordimer (1991)-, hizo gala de su conocida parquedad al citar sólo unas palabras de Churchill cuando obtuvo el galardón hace 50 años, como todo discurso. Dijo el escritor: "Tres cosas son las más difíciles en la vida de un caballero: besar a una dama que vuelve la cabeza, saltar una valla inclinada hacia afuera y pronunciar un buen discurso de agradecimiento para una cena como esta".
Coetzee viajó a Estocolomo para recibir el premio, aunque no asistió a la tradicional conferencia de prensa.
El autor sueco Per Waestberg presentó a Coetzee y se refirió al escritor premiado: "Imaginar lo inimaginable es la obligación de un escritor". Agregó que el sudafricano "penetra con su mirada las poses obscenas y la falsa pompa de la historia, dándoles su voz a los silenciados y desposeídos".
Añadió que, "como un alegorista posmoderno, Coetzee sabe que las novelas que no intentan hacer una mímica de la realidad son las que mejor nos convencen de que la realidad existe".
Dirigiéndose a un inmutable Coetzee, manifestó que "su obra es limitada en número de páginas, pero infinita en su alcance", y destacó que "usted puede haber abandonado Sudáfrica, pero (su país) difícilmente lo va a abandonar, y para la Academia Sueca las raíces nacionales son irrelevantes".




