El documentalista estrella de la BBC llegó al país para reflejar la crisis
Sean Langan afirmó que Buenos Aires "es la trinchera de la globalización"
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Hay una escena en el documental "Té con los talibanes", de Sean Langan, en la cual el periodista de la BBC intenta conversar con los guerreros, que lucen fríos y llenos de odio. Hasta que se anima a mostrarles su filmadora digital, uno de los instrumentos prohibidos por el régimen. Inesperadamente, comienzan a bailar como locos delante de ella. "¡Miren qué hombre más buen mozo me ha hecho Alá!", grita uno al verse.
"No me sorprendió demasiado. Tantos años filmando en los puntos más conflictivos de la tierra me enseñaron que es al llegar a esos lugares cuando las diferencias afloran. Después, uno se da cuenta de que, en el fondo, somos todos iguales", confiesa a LA NACION este ex cronista de la noche londinense, devenido no sólo el documentalista más famoso de Gran Bretaña sino considerado el hombre que renovó el género.
Después de largos meses en Irán, Irak, Afganistán y la Franja de Gaza -donde realizó una serie sobre el islam que acaba de ser nominada por las Naciones Unidas para el premio One World y por la Royal TV Society del Reino Unido como el mejor programa del año-, Langan aterrizó en la Argentina para filmar una de sus particularísimas series para la TV británica. Esta vez, sobre los efectos de la globalización. Y como no podía ser de otra manera, las autoridades del Canal 4 británico ya están en tratativas para que sea visto... en todo el mundo.
"Lo primero que me llamó la atención es que aquí todos saben qué es el Banco Mundial, qué es el FMI. En mi primer día hablé con heladeros, taxistas, viejitos que alimentaban las palomas en la plaza. ¡Y hasta podían nombrar las autoridades! En Europa, salvo economistas especializados, vivimos en una bella ignorancia de estas instituciones. La globalización es uno de esos términos que nadie entiende, mientras que acá se vive en la calle todos los días. Buenos Aires es la trinchera de la globalización", aseguró.
-Gran parte de su audiencia son jóvenes, y su ciclo tiene un horario central. ¿Cómo se logra eso con documentales?
-Estoy en contra de la idea de que a los jóvenes no les interesa la política, o los hechos internacionales. El tema es que se sientan tratados como personas inteligentes. Por ejemplo, el conductor de traje impecable, o el que corre tras una manifestación, resoplando frente a las cámaras (algo que vi bastante en la Argentina) para demostrar que efectivamente está allí, no va más. Tampoco filmar una "historia oficial", apagar las cámaras e irse a un bar. ¡Hay que ir al bar con la cámara encendida! Las verdaderas historias están donde uno menos lo espera, en la gente común. Y no se pueden hacer si no se pasa mucho tiempo en cada país, que es el gran problema de los documentales de política internacional.
-¿Por qué?
-Porque, de la manera tradicional, son muy caros de hacer. Entonces, la investigación se hace en el país de origen y, luego, los camarógrafos llegan con una especie de guión armado. Están una semana, filman de acuerdo con la línea que les bajaron y se vuelven. Así se amontonan los clisés y sólo se muestra lo que los dueños de los medios quieren ver, algo simple y que no requiere mayores explicaciones. Las tradicionales "imágenes que hablan solas".
-¿Por ejemplo?
-De las protestas en la Argentina, el público europeo sólo recibió imágenes de actos de violencia protagonizados por marginales. Pero lo primero que yo vi frente a un banco fue una señora con anteojos Gucci que abría su cartera Christian Dior, sacaba un aerosol y prolijamente escribía chorros en el frente. Esa imagen no puede ir sola. Necesita una explicación que muestre la profundidad de la crisis, sus efectos sociales. Por eso, un buen documental no puede hacerse si se llega con poco tiempo y, sobre todo, con preconceptos.
-Pero, ¿puede competir con la noticia inmediata?
-Mi documental sobre Afganistán fue filmado un año antes del 11 de septiembre, y temía que hubiese perdido actualidad. Pero ocurrió todo lo contrario, porque los problemas de fondo -que es lo que yo abordo, no las bombas- estaban más vigentes. Es como comparar uno de sus asados, hecho lentamente, con un Big Mac. La mayor parte de lo que se ve en los noticieros diarios no es más que un Big Mac.
Hombre de la noche
- A los 37 años, Langan ya fue columnista del diario The Guardian -donde, por tomarle el pelo al mundo de los negocios recibió el galardón al mejor periodista financiero de Inglaterra-, corresponsal en la ex Unión Soviética para The Independent y editor de Cultura de The Sunday Times. En sus comienzos cubría la escena "acid-house", y mantiene el estilo desenfadado de hombre de la noche en sus premiados documentales. Como siempre, en la Argentina trabaja solo, con su pequeña cámara digital y con la ayuda de su mujer, Annabel, que atraviesa cacerolazos con su incipiente embarazo.





