
El espacio del lector... Pero, ¿quién es el lector?
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Los que organizan la Feria del Libro eligieron este año como lema "El espacio del lector". Suena bien. Seguramente buscaron, durante su tormenta de ideas, decenas de explicaciones y argumentos para dotar a ese eslógan de un contenido que transmita algo a los potenciales asistentes a la muestra. Y que los convoque, claro.
Cuando se recorre la Feria y se presta atención a la iluminación, a las señalizaciones y a todo lo que hace a la comunión de la gente con la muestra, exhibida con una gran calidad, se entiende eso del "espacio" del lector que figura en el eslógan.
Los tiempos han cambiado y, en gran parte, la cultura que luce es la que brilla. Eso explica la iluminación y las señalizaciones, y esa ciudad de libros montada con espectacularidad.
¿Qué tipo de lector va a "su espacio" en la Feria? Muchas veces la gente encuentra tal o cual cosa que pensó que no iba a encontrar. O que, después de mucho buscar, dio finalmente con una edición o una reedición que desde la juventud quiso tener y que no conseguía. El que va a la Feria del Libro con asiduidad, cada año o cada dos años, es un lector habituado al ritmo de la Feria. No se agobia ni se desborda, a pesar de que los fines de semana la cosa se vuelve intensa y multitudinaria. Como en los espectáculos masivos.
¿Pero es el único lector?
¿No es lector el que se queda en su casa porque no está seguro de qué puede hacer en la Feria? ¿O el que cree que hay que ser un intelectual o un erudito para sentirse cómodo entre las decenas de stands ?
Claro que lo es. El espacio está ahí, esperando sumarlo a la tribu de los lectores que buscan la cultura que brilla y está señalizada, para que pueda encontrar lo que no se anima a buscar en las librerías, por vergüenza o desgano.
En la Feria hay de todo como en una botica. Al que no le gusta la filosofía, podrá zambullirse en los libros de cocina. Y si no le gustan las matemáticas podrá ir por los libros de autos Pero en esa espectacularización de la cultura que los tiempos parecen imponer, también hay espacio para el no lector.
Lecturas de poesías, música y breves obras de teatro para quienes prefieren ser espectadores. Por algo siempre se empieza.
En pocas palabras: la Feria del Libro propone esos espacios para el lector, para el que se siente lector y para el que no se siente lector.


