
El éxito profesional es el principal objetivo de los jóvenes porteños
Más del 40% de los encuestados cree que cometería un acto de corrupción si lo beneficiara económicamente
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Si se les pregunta por su temor más fuerte y por su expectativa mayor, los jóvenes responden lo mismo: asegurarse un lugar en un entorno que no derrocha oportunidades y que define el éxito por los avances económicos. Más de la mitad de los jóvenes porteños coloca en ese campo su miedo principal: casi el 20% teme no poder desarrollarse profesionalmente; el 15,5%, no tener trabajo; el 11,7% menciona al fracaso y el 8%, no poder progresar. El desarrollo profesional también ocupa el primer lugar en las ambiciones de los jóvenes, con el 24,1%, seguido por ser feliz (18,6%) y terminar los estudios (10,8%).
Por otra parte, más del 40 % cree que probablemente cometería un acto de corrupción si eso le reportara un beneficio económico.
Los resultados provienen de un sondeo realizado por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano (Copub) entre 637 chicos y chicas de entre 18 y 29 años, en la ciudad de Buenos Aires.
Característica de la época
Como resultado, el individualismo -un rasgo de esta época- cruza todas las respuestas: las actividades que eligen para su tiempo de ocio, el valor que más aprecian en su generación -la libertad- y sus expectativas. "Que mejore el país", por ejemplo, es la ambición de sólo el 2,3% de los chicos, antes de la cual colocan alcanzar una buena posición económica, tener trabajo estable y cumplir proyectos personales.
"Se nota un fuerte miedo a quedar fuera del sistema. Saben que uno de los mayores desafíos que tendrán es insertarse laboralmente y progresar. Pero además es una señal de que la medida del éxito hoy es el progreso económico", dijo a LA NACION Virginia García Beaudoux, una de las responsables del estudio.
Cuando se les pregunta por lo mejor que tiene su generación, el 29,6% menciona la libertad; el 13,1% dice que la inquietud y la iniciativa, y el 10,9% resalta el ser abierto. Si se les pide que identifiquen lo peor, la crítica se posa en el ámbito externo: el 11,3% menciona el libertinaje; el 10,9%, las drogas y las adicciones; el 10%, el contexto social y económico, y sólo el 9,1% habla del individualismo.
Una actitud similar se nota cuando se les pregunta por su nivel cultural. Casi seis de cada diez afirman que es bueno, y el 27,3% lo califica de regular. Sólo el 10,9% cree que es muy bueno. Para el 43,4%, el responsable principal del nivel cultural alcanzado dice que es él mismo; el 19,3% menciona a sus padres y sólo el 17,5% a la escuela.
"Son más autocríticos de su generación que de sí mismos. Es algo que nos pasa a los argentinos: como colectivo somos autocríticos, pero individualmente sentimos que nacimos en el lugar y el tiempo equivocados", dijo García Beaudoux, que trabajó junto con Orlando D´Adamo, que dirige el Copub, y María Pastore.
A sus padres los jóvenes les critican actitudes conservadoras -algo esperable en una generación que quiere diferenciarse-, pero rescatan aquello de lo que creen que ellos carecen. Así, el 19,6% resalta los valores de la generación de sus padres, el 10,9% señala su nivel de educación, la misma proporción habla del respeto, también de la responsabilidad (9,8%) y el compromiso social (7,8%).
El uso del tiempo libre muestra a los jóvenes retraídos hacia un mundo privado y reticentes a recorrer espacios desconocidos. Aunque el 36,2% dice que sale con sus amigos y el 10,2% que va al cine, el 15,3% se queda en su casa, el 13,1% se reúne en casa de amigos, el 5,6% escucha música, el 2,6% mira la TV en su hogar. "Esto puede tener que ver con la inseguridad y la crisis económica", analizó García Beaudoux.
El 62,6% va al cine con mucha o alguna frecuencia, pero el 77,1% dice que nunca o casi nunca va al teatro. La TV es un medio muy consumido: el 62,3% la mira todos los días y la mitad de ellos lo hace entre dos y cuatro horas diarias. El 17,5% dice no tener preferencias en cuanto a programas. Luego se ubican "Indomables" (13,3%), "CQC" (12,4%), "Los Simpson" (11,3%) y "TVR" (5%). "Todos tienen en común una mirada irónica, la satirización de la clase política y las tradiciones. Esto habla del desprestigio de nuestras instituciones. Si estuvieran bien valoradas, nadie se reiría de ellas ni las ridiculizaría", dijo García Beaudoux.
Quizás esa desvalorización explique la respuesta que más impresionó a los investigadores. Al preguntarles si cometerían un único acto de corrupción que les asegurara una gran ganancia económica, el 47,7% de los jóvenes tuvo respuestas afirmativas o, por lo menos, dudó: el 28,7% respondió que lo haría; el 12%, que probablemente lo haría, y el 6,7 dijo no saberlo. "Deberíamos preguntarnos por qué la corrupción es un dato naturalizado en nuestra sociedad, que no produce culpa. Transgredir las normas no se ve mal. A quien lo hace, no le pasa nada y por eso cualquiera en su situación haría lo mismo", dijo García Beaudoux.
Puede más el dinero que la culpa
Para el sociólogo Marcelo Urresti, especializado en el estudio de la cultura juvenil, la edad y el nivel socioeconómico introducen diferencias significativas en cómo los jóvenes se ven a sí mismos y miran el mundo. “Los que tienen más educación hablan del miedo a no desarrollarse profesionalmente, mientras el temor al desempleo es de los de menor nivel educativo”, reflexionó. “Con las razones para no salir ocurre lo mismo. Pueden preferir quedarse en la casa para no tener contacto con gente que no conocen, por falta de dinero o autopreservación.”
Tema que divide
La inclinación a cometer un acto de corrupción, tal como admite casi la mitad de los encuestados, muestra, para Urresti, “que el beneficio económico es más fuerte que la culpa. No es que haya una crisis de valores, sino que el valor principal es la ganancia económica. Pero, sin embargo, es un tema que divide por la mitad a la población”, señaló.
Según Urresti, docente de la UBA, la baja proporción de quienes coinciden en rescatar algo de la generación de sus padres (sólo el 20% habla de sus valores) revela que “muchos chicos vienen de familias desarticuladas y con relaciones con mucha desorientación. Casi el 40% de estos chicos crece en familias ensambladas”.
En otras respuestas, los jóvenes expresan fenómenos de nuestra época. “El individualismo se refleja en que no aparece el temor por la seguridad urbana o la violencia. Esto marca que la principal esfera de desarrollo pasa por lo económico y el trabajo”, dijo.
Otro tanto sucede con el tiempo libre. “La retracción en las casas también habla de un espacio público poco invitador. Hay que preguntarse qué opciones tienen para salir”, afirmó.
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