El hombre detrás del capot
Le he pedido más de una vez a Jorge Gómez que me contara el origen de los capots de Porsche intervenidos por artistas argentinos, y la verdad es que se parece al sueño del pibe. Primero, su relato irradia un orgullo primordial por recordar siempre que se hizo solo. Vendía bombitas en una ferretería hasta que puso todas las fichas en "los automáticos para los tanques de agua". Así comenzó a moverse la rueda de la fortuna. Fundó su propia empresa empeñando sus ahorros y los de su madre.
Jorge es único hijo y asegura que las cosas le salieron bien en la vida porque su madre confiaba ciegamente en él. "Todo lo que hagas lo harás bien." Y el vaticinio se cumplió.
La empresa sigue viento en popa, el catálogo de productos tiene cada vez más páginas y los sueños de Jorge (su frase preferida es "hay que soñar despierto") se prolongaron mucho más allá de los negocios. Logró colocar un avión Cessna fuera de uso, intervenido por Jorge Páez Vilaró, en los altos de su fábrica, y el artista Ricardo Roux pintó la fachada con colores intensos para convertirla en una alegría para el barrio. Los coches de líneas aerodinámicas y las velociodades extremas fueron siempre una pasión del empresario que en tren de soñar despierto, se propuso comprar un auténtico Horacio Pagani, una máquina salida de los talleres de Módena, donde el constructor nacido en Casilda se hizo famoso. Otra historia increíble: a Pagani lo llaman en los círculos fierreros "el Ettore Bugatti del siglo XXI", comparación que lo coloca en la cima. Ettore, hijo de Carlo, el ebanista, y hermano de Rembrandt, que llevó a un terreno poético las esculturas de animales, ganó fama mundial por sus coches de carrera y por la Bugatti Royale, que nunca estrenó Alfonso XIII y que fue en su momento el auto más caro del mundo.
Este paréntesis para explicar a dónde apuntaba Jorge Gómez con sus sueños. A lo mejor de cada casa. En el último año ha invertido en arte argentino lo que pocos. Completó una colección sobre un soporte inédito, el capot, del Porsche GT2, con la curaduría de la galerista Loreto Arenas. Son 24 obras firmadas por Minujín, Polesello, Benedit, Stupía, Compagnucci y Schvartz, entre otros, más dos capots Zonda por Daniela Boo y Polesello. Próximo sueño: exhibirlos en el Museo Porsche de Alemania.
Ya tiene fecha puesta.





