
El hombre inventado
PILATOS Por Ann Wroe-(Tuquests)-Trad.: J. M. García de la Mora y D. Najmías-440 páginas-($22)
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Ante todo conviene aclarar que Pilatos no es una novela histórica ni una biografía novelada. Ni siquiera una biografía propiamente dicha. La autora, Ann Wroe, que pasó tres años investigando sobre Poncio Pilatos, reconoce que los "únicos datos positivos que tenemos acerca de este hombre son una inscripción en una piedra y unas pocas monedillas". Todas las actas que, como funcionario romano, debió de haber redactado han desaparecido, al igual que "dos capítulos en que Tácito reseñaba los años 30 y 31" y que podrían haberlo nombrado. Wroe considera tendenciosas las menciones de Flavio Josefo, Filón de Alejandría y el Nuevo Testamento. En contraposición con la falta de fuentes documentales, los aportes del campo de la ficción son innumerables: evangelios apócrifos, textos medievales, hagiografías, cuentos de hadas, leyendas, su imagen en cuadros y en películas. Y también los Pilatos concebidos por escritores como Tolstoi, Kazantzakis, Dostoievski o Bulgakov.
El propósito de la autora inglesa, que por eso subtitula su libro Biografía de un hombre inventado , no es la búsqueda del Pilatos "real" porque "no se puede dar con él". Su objetivo es reflejar cómo "cada época ha ido expresando, de formas diferentes, el significado y la importancia del personaje". Cada uno simboliza algo: "el Estado frente al individuo, el mundo pagano contrapuesto al cristiano, el escepticismo en lo tocante a la verdad, nosotros mismos de cara a Dios". De este modo, irán surgiendo un Pilatos de ascendencia samnita, otro de origen hispano y un tercero, germano. Un funcionario dubitativo, el prototipo del hombre malvado o "el agente secreto de Dios" que dejó que crucificaran a Cristo para que se cumpliera el plan divino. Incluso existe una leyenda copta, llamada "Martirio de Pilatos", en la que el gobernador de Judea se convierte en seguidor de Jesús y es condenado a muerte por los propios judíos.
El Pilatos de Ann Wroe -licenciada en historia y redactora de la revista The Economist - funciona como una valiosa obra de consulta y, por momentos, puede leerse casi en clave detectivesca, como el análisis de distintas hipótesis construidas a partir de circunstancias históricas y que pueden ser aplicadas a un caso en particular: por ejemplo, la deducción de que cuando fue a Judea, Pilatos tendría más de treinta años, "porque ésa era la edad mínima para poder ser gobernador".
Según Flavio Josefo, Pilatos pasó una década en Judea, del año 26 al 36. Su cargo era el de prefecto (no el de procurador) y se desempeñaba como jefe militar y principal magistrado. Buena parte del libro se ocupa de la figura de Cristo y obviamente se centra en el juicio por el cual fue condenado a ser crucificado. Para Wroe, "es probable que el gobernador dijera muy pocas de las palabras puestas en su boca por los evangelistas, sobre todo por Juan" y prefiere atenerse a la versión de Josefo, quien parece descartar las vacilaciones del prefecto y afirma que Pilatos recibió la orden de regresar a Roma para "responder a las acusaciones de los judíos ante el emperador". ¿Fue absuelto o condenado? No se sabe. Aquí Pilatos desaparece de las antiguas crónicas. Resurge en el terreno de la ficción, por ejemplo, de la mano de Anatole France, cuyo relato "El procurador de Judea" lo encuentra desterrado en Sicilia. Ya en la vejez, rememora muchos incidentes de su paso por Judea, pero del juicio de Jesús, en cambio, nada: "¿Jesús? -se pregunta confundido- ¿Jesús de Nazaret? No lo recuerdo".





