
El legado de los ancestros
EL PADRE Y OTRAS HISTORIAS Por Antonio Dal Masetto-(Sudamericana)-150 páginas-($ 19)
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El novelista Kazuo Ishiguro declaró alguna vez que admiraba a Yasujiro Ozu por el modo en que éste desplegaba la trama de sus películas: con la paciencia de la araña que teje su red. Así, sin apuro pero con perseverancia, al margen de capillas y modas literarias, Antonio Dal Masetto ha venido construyendo una obra narrativa que en los 90 alcanzó un amplio reconocimiento de crítica y público y que hoy aparece como una de las más sólidas y consecuentes entre las producidas por escritores argentinos contemporáneos.
En Mi padre y otras historias , su nuevo libro, Dal Masetto apela a dos herramientas con las que, en obras anteriores, buscó arrancarle al mundo algunas certezas en forma de literatura: la memoria que desanda imágenes de un pasado ligado a la tierra, y la observación de un presente urbano, plasmada en acuarelas de pinceladas certeras que trazan el perfil de personajes noctámbulos y marginales, habitantes de un territorio bien delimitado y reconocible: la zona del Bajo.
La primera parte de libro ("Días") retoma la historia de inmigración que el escritor abordó en obras anteriores como Oscuramente fuerte es la vida y La tierra incomparable . En este caso, ya no desde la mirada de aquella mujer que cruzó el océano junto a su hijo empujada por la guerra, sino desde el deslumbramiento del chico de doce años que, llegado de Italia, debió adaptarse a su condición de extranjero en una tierra cuyo idioma desconocía.
Como si respondiera a un llamado de la sangre, Dal Masetto indaga en las raíces de su familia a través de una memoria esencial que desecha lo meramente anecdótico en favor de asombros, perplejidades y revelaciones que de algún modo cifran al hombre que, mucho tiempo después, recuerda. El resultado es un puñado de imágenes tan poderosas como evanescentes que bosquejan una suerte de autobiografía mínima en clave poética.
Junto con los relatos en que el autor recuerda su niñez y la figura de sus padres, aparecen otros que invocan la presencia de su hija y la de dos compañeros de generación vinculados por el afecto, los escritores Miguel Briante y Osvaldo Soriano, ambos ya fallecidos. Así, esta primera parte de la obra, que ocupa poco más de 50 páginas y que por sí misma justificaría el libro, también puede leerse como la construcción fragmentaria de un sentido de identidad, esbozado a partir de la infancia, los lazos de parentesco y las afinidades electivas.
La segunda parte del volumen ("Paisajes y entreveros") reúne relatos cortos del tipo de los que el autor escribe para la contratapa de Página 12 . Si "Días" remite a un pasado rural dotado de algunas certezas que ofrecen un sentido de pertenencia, aquí los personajes son náufragos en una ciudad de tiempo presente. Y del poder introspectivo de la evocación pasamos a la agudeza de la mirada.
En "Días", el autor de Bosque trabaja un registro y una sensibilidad que continúa la de aquellos grandes narradores italianos como Cesare Pavese (en muchos de estos relatos late la búsqueda de imágenes míticas que desde sus atributos sensibles describen paisajes interiores y atemporales), así como la de los poetas herméticos Eugenio Montale (un poema suyo, completo, abre el libro a modo de epígrafe) y Salvatore Quasimodo. En los cuentos de "Paisajes y entreveros" aflora en cambio el trazo más ligero de una pluma que en un gesto busca capturar una escena, o un personaje, con la inmediatez del texto destinado a ser leído por el público amplio que consume las noticias del día en el periódico.
En este segundo grupo de historias se mantienen la distancia y la precisión características del escritor, y aflora ese registro tan suyo que, en este tipo de narraciones cortas, combina nostalgia, ironía y humor en medidas parejas. Un buen ejemplo de esto es "Febrero", un relato chejoviano que condensa de manera magistral la nota de agridulce tristeza que provoca en los hombres el espectáculo de la belleza femenina, especialmente cuando se acerca, los roza y desaparece. El libro se cierra con un puñado de cuentos que remiten a nuestra dolorosa historia reciente, más precisamente a los años de la última dictadura militar.
Entre todos, hay un relato que marca una correspondencia entre el mundo rural y el ciudadano, entre el pasado y el presente; en definitiva, entre esos dos órdenes de escritura en que se mueve la prosa de Dal Masetto. En "Carta", texto que cierra la primera parte del libro, el escritor les transmite a sus hijos el legado de sus ancestros. Esto es, su confianza en el devenir de las estaciones, que año a año les procuraban el ritual de la vendimia y de la cosecha. "El ejemplo de esa entrega, que es también elección, que es también participación, nos habla un lenguaje olvidado, pero que reconocemos." Una ceremonia, en suma, que es también la de una escritura que en la contención, en el silencio, convoca el reflejo de ese idioma perdido.
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