El legado del príncipe
El lunes 20 del actual, a las 23, el canal Europa Europa transmitirá el film El manuscrito del príncipe, no estrenado en cines, que recrea libremente la génesis de El gatopardo, la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, y la relación del autor con dos jóvenes discípulos de origen siciliano
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Los sicilianos cultivan el silencio; el arte verdadero también lo hace. El príncipe Giuseppe Tomasi di Lampedusa, autor de El gatopardo y descendiente de una de las familias más antiguas y aristocráticas de Sicilia, practicó esa estética de la discreción, de la reserva y del supremo pudor en su obra y en su vida. En estas semanas, se ha dado por televisión (y volverá a pasarse el próximo lunes 20 a las 23), el film italiano El manuscrito del príncipe, dirigido por Roberto Andò. La película, no estrenada comercialmente en la Argentina, narra el proceso de escritura de la famosa novela y la relación que el escritor entabló con sus jóvenes discípulos Gioacchino Lanza y Francesco Orlando.
La película de Andò se basa muy libremente en el libro Ricordando a Lampedusa, de Francesco Orlando, y en el prólogo de Gioacchino Lanza a Letteratura inglese, del príncipe Giuseppe Tomasi. Para dar a entender que el film no es un documental y que los hechos contados tienen mucho de conjetura, Andò cambió los nombres de los muchachos: Orlando se convirtió así en Marco Pace (interpretado a los 20 años por Paolo Briguglia, y a los 60 por Laurent Terzieff), mientras que Gioacchino Lanza aparece como Guido Lanza (encarnado por Giorgio Lupano en la juventud y por Massimo de Francovich en la madurez). Michel Bouquet es el príncipe y Jeanne Moreau, su esposa. A pesar de las "licencias poéticas", casi todo lo que se cuenta en El manuscrito del príncipe tiene un correlato en la realidad.
En los años 50, existía en Palermo, la capital de Sicilia, una especie de salón literario-musical que tenía como sede la casa del barón Bebbuzzo Sgadari. En ese círculo de aficionados, el príncipe de Lampedusa conoció en 1953 a un estudiante de clase media, Francesco Orlando, que escribía poesía y era un lector apasionado. En la película, Tomasi, que aún no había escrito ninguna obra de ficción, queda impresionado por la memoria del joven Pace y sus conocimientos literarios. Tomasi concibe entonces la idea de darle clases de literatura inglesa; pero como Pace no sabe inglés, su maestro empieza las lecciones enseñándole gramática, pronunciación y vocabulario. El alumno tiene un memoria formidable. Pertenece a una familia de clase media (en la realidad, Orlando no provenía de un hogar tan humilde como el que muestra el film). En un año, el discípulo está en condiciones de manejarse con toda soltura en inglés y de adentrarse en los textos literarios en ese idioma. Desde el mismo inicio de las clases, queda en claro que la relación entre Tomasi y Pace se limitará al terreno de la literatura Entre ellos, no puede ni debe haber concesiones a los sentimientos ni a las confidencias. En la película, el príncipe no deja de subrayar por distintos medios y de un modo cruel, por momentos, el hecho de que su discípulo proviene de otra clase social y jamás podrá asimilar el refinamiento de alguien como Guido Lanza, amigo de Orlando y del príncipe. Guido, de vez en cuando, asiste a las clases, como un aficionado. No necesita de ellas para hablar con el príncipe porque pertenece al mismo círculo social. Lo frecuenta como un amigo, emparentado con él.
En cierto pasaje del film, Pace le señala al príncipe los progresos intelectuales que cree haber hecho desde el comienzo de las lecciones. Lampedusa le advierte a Pace que el alma, la verdad de una persona, no deben buscarse en sus ideas, ni tampoco en su inteligencia ni en sus palabras, sino en la manera en que se mueve, en los gestos, en el modo en que entra en un salón y en que saluda. Pace comprende y le responde con una pregunta: "¿Usted quiere decir que soy torpe?"
A las lecciones de literatura inglesa, le suceden las de literatura francesa y, en una de ellas, el príncipe esboza ante el alumno su credo estético, el mismo de Stendhal, el autor más admirado por Lampedusa. En su ensayo sobre Stendhal, Lampedusa señala: "El carácter de la gente lo comprendemos, en la mayor parte de los casos, a través de sus actos, de sus miradas, de sus balbuceos, del nerviosismo de sus dedos, de sus silencios y de su espontánea locuacidad, del color de sus mejillas, del ritmo de su paso: casi nunca a través de sus alocuciones, que son siempre púdicas y descaradas máscaras de su interioridad".
Las humillaciones por las que debe pasar Pace en pago de sus clases de inglés son numerosas. Asimila muchas de ellas, pero en ningún momento deja de contestar con mucha dignidad y aspereza al príncipe. A pesar de la preferencia de éste por Guido, Lampedusa elige a Pace para que sea el primero en leer el manuscrito de la novela que está escribiendo (El gatopardo) y más aún, para que se lo pase a máquina. Se trata de un ambiguo privilegio: por un lado, eleva al discípulo a la jerarquía de un confidente intelectual y, por otro, lo confina a la tarea de un secretario. Por supuesto, en el film, la relación entre el joven burgués y el anciano príncipe no puede concluir bien, sobre todo cuando Pace se entera de que el príncipe le entrega a Guido en secreto y con dedicatoria las clases de literatura del discípulo plebeyo.
¿Los hechos ocurrieron en la realidad del mismo modo como suceden en la película? En un artículo publicado en Corriere della Sera y reproducido en LA NACION en este Suplemento, el 25 de junio de 2000, Francesco Orlando trató de poner las cosas en claro sobre este asunto. Señaló que su relación con el príncipe no fue tan ríspida como la del film y tuvo un tono más ceremonioso. Por otra parte, la amistad entre Gioacchino y Francesco no fue ni tan tenue ni tan intensa como para llegar a la rivalidad que muestra la película. Además, el vínculo entre Lanza y Lampedusa no estuvo nunca teñida de ambigüedad sexual como sugiere la película, según Orlando.
Respecto a la "crueldad" de Lampedusa, Francesco dice: "Sabía gratificar en la misma medida en que sabía herir, aunque en general las lisonjas estaban veladas de ironía y las críticas, encubiertas por la cortesía".
Más allá de las diferencias entre la realidad y la "fantasía", el film, como señala el propio Orlando, interesa por lo que dicen los personajes y por lo que callan, pero también porque lleva a preguntarse qué razones hicieron que el príncipe buscara esa relación con un burgués que no había heredado ni la distinción, ni la belleza, ni el aplomo del inteligente Lanza. A uno le entregó un texto para que lo mecanografiara, al otro lo adoptó como hijo y lo convirtió en su albacea literario.
Muchas veces se dijo que Gioacchino Lanza le inspiró a Lampedusa el personaje de Tancredi, el irresistible sobrino de Fabrizio, el príncipe de Salina, protagonista de El gatopardo. En la novela, el tío ve en Tancredi al heredero de su linaje, así como Lampedusa vio en Gioacchino al último descendiente de la altiva aristocracia siciliana, que conservaba las virtudes y los defectos de una clase. Gioacchino no era un profesional. El mismo Lanza lo reconoce en el prólogo a Letteratura inglese. Orlando, en cambio, quería y necesitaba hacer una carrera académica para huir de Sicilia. Se entiende que Orlando haya debido tragar algunas arrogancias de Tomasi di Lampedusa para salvarse. ¿Podía haber encontrado mejor maestro en Palermo? Se entiende que haya caído bajo la fascinación de un personaje irrepetible como el príncipe y se haya enredado en las costumbres de un grupo social elitista y excéntrico.
Pero si Pace-Orlando era "torpe" en comparación con Lanza, también lo era el propio Lampedusa. El príncipe nunca fue apuesto, era de una profunda timidez y sus movimientos no tenían gracia. La pasión por la literatura lo había convertido en un ser que sólo podía respirar el aire de una biblioteca. Esa torpeza, ese divorcio de la vida y de los impulsos, lo emparentaba con Orlando. El príncipe habría querido ser como Gioacchino y como Tancredi. Compartía con ellos el humor, los clisés de una clase, el sentido de los silencios elocuentes, el conocimiento de detalles que resultarían quizá nimios o frívolos para alguien como Orlando. Por ejemplo, en la película, Lampedusa se burla, en presencia de Lanza, de todo lo que ignora Pace-Orlando acerca de los estilos de muebles. En la realidad, para alguien como Lampedusa, encerrado en un mundo de libros, Orlando tenía algo de Julien Sorel, el protagonista de Rojo y negro de Stendhal. Como Sorel, Orlando debía ganarse la vida y para penetrar en el universo aristocrático de los señores, tenía que valerse de sus conocimientos y de su fabulosa memoria.
Gioacchino Lanza di Lampedusa aparentemente no tenía necesidad de nada de ello. Pero los tiempos eran otros. Si todo debe cambiar para que nada cambie, según la célebre frase de Lampedusa, Lanza también, a su modo, debió convertirse en un profesional. Con el tiempo llegó a ser crítico musical, historiador de la música, profesor universitario, director artístico del Teatro Massimo de Palermo, de la Opera de Roma y superintendente del Teatro di San Carlo de Nápoles. Francesco Orlando, como era de esperar, es hoy un académico destacado que ha publicado enjundiosos estudios literarios. ¿Algo ha cambiado?
En 1995, viajé a Sicilia y entrevisté en Catania a una princesa encantadora que vivía en un bellísimo palacio. En cierto momento, me habló de Giorgio Bassani, el autor de El jardín de los Finzi Contini. Fue él quien resolvió publicar El gatopardo, que había sido rechazado por otros editores. Fue él quien llamó la atención del público y de los críticos sobre ese libro excepcional. La princesa me confió con un gesto de desdén en sus labios: "El aporte más importante que Bassani hizo a la historia de la literatura fue la publicación de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Como escritor, usted convendrá, Bassani no es más que un profesor. ¿No cree?" Por un momento, tuve la impresión de que por la boca, cuidadosamente pintada, de la princesa, me habían llegado las voces lejanas de los últimos gatopardos. Pensé entonces con tristeza en Francesco Orlando, el profesor.



