El limbo, un misterio con el tiempo contado en la Iglesia
Una comisión teológica prepara un documento que se conocerá el año próximo
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ROMA.- En las altas esferas teológicas de la Iglesia hay consenso en que el limbo debe ser abolido. Pero aún habrá que esperar para que se anuncie oficialmente el adiós al concepto de ese lugar donde, según la tradición cristiana, van las almas de quienes mueren sin bautismo.
Si bien se especulaba que el Papa iba a comunicar la buena nueva, en una misa que celebró anteayer, ante una Comisión Teológica Internacional que se reunió durante cinco días en el Vaticano para examinar esta cuestión, Benedicto XVI no mencionó durante su homilía el tema de la abolición del limbo, pese a las expectativas.
Todo indica que el anuncio oficial llegará el año próximo, cuando salga a la luz el documento que está preparando la comisión.
"No podemos decir que sabemos con certeza qué les pasa (a los niños no bautizados), pero tenemos sustanciales motivos para esperar que Dios, en su amor y su misericordia, cuida de estos niños y los lleva a la salvación", dijo el padre Paul McPartlan, uno de los 30 teólogos de la comisión que aconseja al Pontífice.
McPartlan explicó que hay acuerdo en la tesis principal del documento, que indica que los cristianos pueden esperar que Dios recibirá en el cielo a los niños que mueren sin ser bautizados, pero que todavía faltan realizar algunas puntualizaciones en el texto.
La comisión comenzó a estudiar formalmente la cuestión del limbo en 2004, cuando el entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Si bien el actual Catecismo de la Iglesia Católica dice que el destino de los niños que mueren antes de ser bautizados no puede ser otro que "la misericordia de Dios", aún no existe una explicación adecuada. El destino de esas almas sigue siendo una zona gris, que dura por la eternidad, en la cual no hay castigo, pero tampoco la alegría plena de la presencia de Dios.
Qué es el limbo
La cuestión de los niños que mueren sin bautismo fue un problema desde los inicios de la Iglesia. La palabra limbo procede del latín ( limbus ) y se traduce como frontera.
El Concilio de Cartago, en el año 418, se pronunció en contra de la teoría de que los niños muertos sin bautismo están totalmente admitidos a la felicidad sobrenatural, impulsada por Santo Tomás de Aquino.
Esta posición reinó durante toda la Edad Media, cuando Dante Alighieri escribió su famosa "Divina comedia"-que se divide en Infierno, Purgatorio y Paraíso-, en la que colocó al limbo antes del Infierno.
Si bien el Catecismo del papa Pío X, redactado en 1904, dice que el limbo existe "para aquellos niños que no merecen el paraíso, pero tampoco el infierno, o el purgatorio", el actual Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1992 durante el pontificado de Juan Pablo II, dice que "la gran misericordia de Dios nos permite esperar que haya salvación para los niños muertos sin bautismo". Este concepto tuvo el visto bueno de Ratzinger, entonces custodio de la ortodoxia católica.
En un libro entrevista publicado en 1994, además, el entonces cardenal alemán dijo que "el limbo nunca fue definido como una verdad de fe", y agregó que "personalmente, yo lo dejaría de lado porque siempre fue solamente una hipótesis teológica".
Ahora que es Papa, y con el aval de la comisión, Ratzinger podrá tomar una decisión en ese sentido.



