
El morbo sin límite de los realities
Largas agonías, racismo y hasta donación de órganos. Hombres y mujeres se entregan a un sensacionalismo que los devora pero mantiene la pantalla caliente. Un adelanto de ¡Qué desastre la TV! (pero cómo me gusta...) , editado por Emecé
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La pregunta crucial es hasta dónde se animarán a llegar los realities en materia de audacia y de cuestionamiento de la intimidad. La pregunta está vigente en todo el mundo y también en la Argentina.
Media docena de australianos se instalaron en la jaula de los monos de un zoológico chino, desalojando a los animales y quedando ellos como atracción para el público: durante unos días ellos tuvieron el papel de los monos para explicar y llamar la atención sobre el significado del encierro. En uno de los últimos Gran Hermano realizado en Holanda mostraron el parto de una de las participantes, pero de lo que más se habló fue de las subrepticias relaciones sexuales dentro de la casa, de los cambios de pareja y de los adictos que contaban sus vicios. En 2007 otro ciclo holandés titulado El gran show del donante presentaba en concurso a tres pacientes que necesitaban un trasplante renal y a una enferma terminal que debía decidir el destino de su riñón entre uno de los tres. El ciclo causó un terremoto político en el país, pero peor fue lo que se supo al final. Cuenta la periodista Adriana Schettini en Clarín que "todo había sido un invento para crear conciencia sobre la donación de órganos. La enferma no era tal, sino una actriz que fingía el mal y los tres enfermos, reales, estaban en conocimiento de la ficción. Según la prensa holandesa -menciona Schettini- mientras el programa estuvo al aire, 12 mil personas se anotaron como donantes de órganos y 6 se ofrecieron para donar un riñón en vida". El Aprendiz , otro reality , conducido por el multimillonario Donald Trump, reivindicaba las zonas más desagradables de la conducta humana y personal.
En 2007, la diplomacia india y la inglesa intercambiaron cartas documento recargadas de electricidad y odio histórico. Y todo debido a que en la versión inglesa vip de Gran Hermano (Celebrity Big Brother) la estrella de cine indio Shilpa Shetty fue descalificada con comentarios racistas por otra participante. La diplomacia inglesa no dejó disculpas por formular, pero, oh sorpresa, la agresora, una tal Jade Goody, fue posteriormente invitada a la India para figurar en la versión local de Gran Hermano . Su estancia en la casa fue breve porque a las 48 horas, mientras estaba en el confesionario, le comunicaron los resultados de un estudio médico que se había realizado antes de partir de Inglaterra: le confirmaban que tenía cáncer. Podría decirse que Jade entregó su vida a las cámaras. No sólo contó -dinero mediante, claro- en infinidad de ocasiones la acuciante inestabilidad de su hogar de crianza con un padre drogadicto y se prestó a toda clase de desafíos mediáticos, como tener sexo bastante explícito en la edición 2001 de Gran Hermano o como cuando en 2006 participó de la maratón de Londres y tuvo que ser retirada de la competencia casi al borde de un soponcio. Incansable criatura de los medios, aprovechó su cáncer hasta las últimas consecuencias: en medio de su agonía, en febrero de 2008, vendió profusamente su boda con Jack Tweed, otro incorrecto que, para acudir a la ceremonia, recibió el permiso especial del primer ministro inglés para abandonar la prisión en la que estaba por una grave agresión. Y también pactó con Living TV los detalles de sus días finales. Mientras el cruento proceso avanzaba al punto de que los médicos la deshauciaron, la llamada reina de la televisión basura no le ahorró detalles -cuanto más morbosos, mejor- de su tratamiento a la audiencia. Tras su muerte, el 21 de marzo de 2009, muchos la lloraron y convirtieron su sepelio en una nueva experiencia mediática que lograba el milagro de volver a tenerla a ella en el aire.
Sin embargo, el mayor estallido de sensacionalismo se generó no por un reality sino cuando el canal digital Sky Real Lives puso en el aire a fines de 2008 un film documental que trataba sobre el suicidio asistido de un enfermo de un mal neurológico degenerativo y probablemente terminal. Los grupos antieutanasia europeos pusieron el grito en el cielo por lo que consideraron un inaceptable exceso, pero la estación de televisión registró un notable aumento en su audiencia y tuvo como aval el hecho de que la familia del enfermo y la crítica especializada valoraran la calidad de realización del documento.
En 2005, en la Argentina se produjo Transformaciones, antes y después , que mostraba los cambios en personas comunes que decidían someterse a cirugías de variada complejidad y con las que aspiraban a generar una modificación importante en sus vidas. La segunda temporada sólo admitió a personajes públicos (eso que la televisión generaliza como "famosos") para ingresar al quirófano. En su tercer ciclo -siempre conducido por Karina Mazzocco-, el rebuscamiento llegó a un grado insólito, porque Transformaciones seleccionó a sus protagonistas entre personas que habían sufrido daños físicos graves en situaciones como la explosión de la fábrica militar de Río Tercero, Córdoba, o en la tragedia de Cromañón.
En 2006, arrancó Cuestión de peso , un programa en el que una docena de participantes competían para bajar de peso, acicateados por la conductora del ciclo Andrea Politti y controlados por un panel de especialistas, liderados por el doctor Alberto Cormillot, que dedicó buena parte de su carrera a la divulgación de la medicina a través de los medios. El programa tuvo un saldo interesante, no sólo por los buenos resultados obtenidos por algunos concursantes, que bajaron una sorprendente cantidad de kilos, sino porque además el cuidado de lo humano superó la búsqueda rendidora del espectáculo. Y hubo algo más positivo todavía, ya que desde ese espacio se realizaron diversas clases de presiones (abrazos al Congreso, etc.) para llamar la atención a la clase política con el fin de obtener una ley de obesidad y talles, que finalmente se logró.





