El mundo de las muñecas, bello espejo de la historia

Genealogía. Durante casi dos siglos, este juguete delicioso tuvo un papel clave en la delineación temprana de la femineidad y fue mucho más que un objeto hermoso y entrañable de la infancia, destinado a entretener a las niñas
Joaquín Sánchez
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27 de febrero de 2015  • 19:16

La muñeca está ahí, como una nena de cera, mirándonos como si fuéramos culpables. Tiene el pelo con trenzas y las mejillas sonrojadas, pudorosa de las cosas que habrá visto. Es, sin duda, una ilusión. A su lado, otra muñeca con gesto elegante luce, vanidosa, su vestidito veraniego. Y junto a ellas, montado en un triciclo, un marinerito rubio sonríe con coquetería. Parece una vidriera de 1900, una colección simpática de juguetes, no mucho más. Y sin embargo, ahí donde nadie lo imagina, se encuentra gran parte de la historia moderna de nuestro mundo.

Es la muestra de muñecas antiguas del Museo Isaac Fernández Blanco. Ahora, junto a Gustavo Tudisco, uno de sus curadores, la visita es un paseo fabuloso en el que una colección suntuaria se convierte, de pronto, en ese aleph que todos soñamos conocer.

"Las muñecas existieron en todas las civilizaciones, un palo con hojas podía ser una de ellas. Tenían un papel ritual: en el mundo precolombino, por ejemplo, los muertos eran enterrados con muñecas, y en el mundo romano eran representaciones de los antepasados. Sin embargo, la muñeca moderna, como la conocemos hoy, surge hacia los siglos XVII y XVIII. Me refiero a muñecas en las que podemos reconocer una figura más occidental, que se venden, y que no tienen otra función más que el juego o el coleccionismo", explica.

Tudisco dice que, si bien es habitual encontrar la historia del mundo en las cosas laterales, solemos inclinarnos a la grandilocuencia y explicar el desarrollo del mundo por medio de los grandes hitos: guerras, pestes o invenciones fascinantes. Lo demás, detalles superfluos de mampostería, queda a la vera de nuestro entendimiento.

Sin embargo, por fortuna, hay gente que se dedica a proteger esos detalles. Es el caso de las hermanas Mabel y María Castellano Fotheringham, que a lo largo de sus vidas fueron acunando muñecas antiguas hasta formar la colección más importante de la Argentina. Son cuatrocientas piezas de 1870 a 1940 (algunas valuadas entres dos mil y tres mil dólares), donadas por las hermanas a la Casa Fernández Blanco, que las expone en Hipólito Yrigoyen 1420. Aunque no es, como parece, un simple catálogo de juguetes.

"Recién en el siglo XIX es cuando se produce la gran explosión de la muñeca, que se empieza a producir a escala industrial", explica Tudisco. "Primero comienzan como colecciones regionales. Se realizaban en una sola pieza el busto y la cabeza, a veces también las manos y los pies, y las nenas les hacían la vestimenta. Era un juguete, pero un juguete que era parte del entrenamiento de la niña para ser una dama. Y ser una dama era sobre todo saber vestirse y saber coser. Por eso las muñecas venían sin ropa, para que las niñas produjesen las prendas, las que en el futuro iban a hacer para ellas mismas."

Tudisco tuvo que ponerse estudiar sobre la muñeca cuando llegó a sus manos esta colección, sobre la cual ya prepara un libro junto con Patricio López Méndez, el otro curador de la muestra. "La costura, la pintura y el piano eran las principales actividades de las damas, todo lo que podemos encontrar en las novelas de las hermanas Brontë o en las de Jane Austen. En ese momento empieza a asomar una conciencia de lo femenino, un ideal de mujer, y surge la idea de la adolescencia, una conciencia de ese período que hasta entonces no existía. Hasta el siglo XIX los chicos podían morir en cualquier momento, de modo que pasaban de ser infantes a ser hombres o mujeres. De ese modo, el siglo XIX empieza a alumbrar estas etapas de la vida: se atrasa la niñez, se extiende la educación, empiezan los conflictos generacionales y se prolonga la vida con la aparición de las vacunas, la higiene, etcétera… Entonces, como es mucho más probable que un niño llegue a adulto, se le empiezan a dar cosas de niños", explica, y dice que aunque a simple vista sonaría muy retrógrado que se prepare a la mujer para coser o bordar, en términos históricos es la pura modernidad, porque ahí radica el germen de la familia tal como la conocemos hoy, donde el niño no trabaja sino que se educa y juega, y los padres proveen.

"En el siglo XVIII llegó la fashion doll", señala. "Es un invento de los franceses, aunque las llamaban poupée doll. Estos modelos ya tienen una silueta femenina más marcada, con mucho busto y cadera. No son tan neutras como las primeras, y se empiezan a hacer para las grandes casas de moda parisinas, para reproducir sus diseños de ropa en las vidrieras. Estas muñecas, más fashion si se quiere, representan a una señorita. Y causan tanto efecto social que empieza su producción a gran escala para ser vendidas a las niñas. Sale una revista de la época ( Journal de Poupée), donde se enseña a vestirlas y a diseñarles ropa. Todo dirigido a la niña, que ensaya cómo ser mujer", detalla el curador.

Los principales focos de producción eran Francia y Alemania, países enfrentados en el mercado de juguetes del mismo modo en que ocurría en la política, la guerra y la economía. La producción bajaría mucho con las distintas contiendas bélicas, porque nadie vende Barbies si puede vender armas, pero antes de llegar a eso los países tuvieron una competencia fructífera.

"Los characters babies, que aparecen hacia 1900, representan el otro salto en la historia de las muñecas", sigue Tudisco. "Por primera vez se trata de piezas con aspecto de bebés, porque si bien muchos modelos anteriores tienen aspecto de bebé por cómo han sido fabricadas, no era lo que se buscaba, sino que se representaba a señoritas. Pero con los bebés de carácter cambia la cosa. Hacia 1880 todo el mundo iba a comprar sus muñecas a París, donde siempre estuvieron las más refinadas (en Alemania se producían en masa, pero con menos elegancia). Hacia el final del siglo XIX los fabricantes franceses notan que el mercado de niñas es muy grande, porque ha crecido mucho la burguesía, de modo que crean una nueva muñeca, que es la que conocemos hoy. Por ese entonces aparece el niño consumidor y la consigna es que las nenas son iguales a sus muñecas. Eso provoca un shock comercial. Esto surge cuando se empieza a pensar que el niño necesita una infancia ideal, y que la madre se va a sentir realizada si cumple su función de madre. Ahí también surgen los characters babies, que son la respuesta alemana al crecimiento francés. Estos bebés de carácter, como se llaman en español, representan ya no a las nenas sino a los bebés de meses, y están basados en las caras de los hijos o nietos de los fabricantes. Estos rostros de hecho se pueden rastrear, incluso se conocen los nombres de los modelos. De vuelta, aunque ahora se la ve como clienta, se sigue preparando a la señorita para ser mujer, es decir, para cuidar a un bebé, para ser madre."

Luego, en el siglo XX, ingresan en el mercado Estados Unidos y Hollywood. Uno de los primeros hitos norteamericanos en este campo es la Shirley Temple, una muñeca que representa a la niña mimada de la industria del cine. Con los años, los modelos estarán a la orden del día según las estrellas que surjan. Pasarán muchos años para que el mercado se oriente a los distintos modelos de Barbies. No son parte de esta colección, aunque bien se podría pensar que intentan cumplir el mismo rol que en el pasado. Y ese rol, modificado a lo largo de los años, se puede rastrear casi burdamente al recorrer la muestra Había una vez... Muñecas y juguetes (1870 - 1940). Es un espejo distinto de la historia. Felices o no con el mundo que nos tocó, la muñeca sigue ahí, como una nena de cera, mirándonos como si fuéramos culpables.

Más datos. Lugar: Casa Fernández Blanco

Dirección: Hipólito Yrigoyen 1420

Horarios: de martes a viernes de 12 a 18 horas. Sábados y domingos de 11 a 17 horas. Feriados cerrado. Precio: Entrada general $ 2. Miércoles y jueves gratis. Curadores de la muestra: Gustavo Tudisco y Patricio López Méndez

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