
El Museo Histórico Nacional sufre el deterioro de su acervo
Muchas de sus piezas no se exhiben
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Detrás de los cortinados, en medio de la oscuridad, el silencio y la soledad, gran parte del patrimonio nacional se defiende del paso del tiempo y la humedad protegida por telas y materiales especiales. La mayoría de las dieciséis salas del Museo Histórico Nacional, en el parque Lezama, dan a espacios cerrados al público y repletos de objetos que se arruinan indefectiblemente.
"Hay que atender de inmediato los depósitos. Están bien ordenados, pero hay en ellos objetos de mucho valor que necesitan ser restaurados. Los veo todos los días y es un horror no poder hacer nada", se lamentó ante LA NACION Juan José Cresto, director del museo que funciona en una de las casas más importantes que tenía la ciudad de Buenos Aires en el siglo XIX.
En junio de 2004, Cresto hizo pública una denuncia similar y dijo que no tenía presupuesto suficiente. A poco más de un año, la situación sigue como entonces. "No hay fondos. He pedido colaboración a las autoridades de la Secretaría de Cultura, pero no he obtenido respuesta", dijo Cresto, director desde 1996 del Museo Histórico Nacional, fundado por Adolfo Carranza en 1889 y considerado el más grande del país, junto con el de Bellas Artes. Tiene unos 20.000 objetos que encierran la historia de la República Argentina desde sus más remotos orígenes a los que se suma una colección de unas 30.000 medallas y monedas.
El director nacional de Patrimonio y Museos, Américo Castilla, admitió que los museos tienen poca plata y que el Gobierno paga los gastos fijos, pero no los operativos. Con relación al estado del Museo Histórico Nacional, Castilla dijo que su director "debería gestionar con la Asociación de Amigos y las empresas que dan aportes" y no esperar todo del Gobierno.
Cada mes, unos 5000 visitantes recorren la mansión de estilo italiano que perteneció a Gregorio Lezama, uno de los porteños más ricos del siglo XIX. Allí encuentran la recreación de la habitación donde falleció el general José de San Martín tal como la dejó en su último suspiro, la partitura original del Himno Nacional y el piano en el que Vicente López y Planes lo tocó por primera vez, una de las primeras banderas argentinas encontradas en territorio boliviano y otros tesoros.
Sillas, mesas y candelabros
Quedan fuera de la vista del público y sumidos en el olvido una cama de hace dos siglos y medio que perteneció al virrey Melo; un cuadro de Cristóbal Colón en su arribo a las costas americanas; la colección completa de pinturas de Cándido López valuada, según Cresto, en unos 25 millones de dólares; varias banderas españolas, pianos antiguos, centenares de pinturas, sillas, mesas y candelabros.
Cresto sabe que estas obras y objetos deberían estar en condiciones de humedad y ubicación diferentes. "Hemos pedido a la Secretaría de Cultura, ya hace años, la realización de un portacuadros móvil con engranajes, pero el expediente no prosperó", dijo Cresto, quien además denunció que las autoridades de Cultura no prestan atención a este museo.
"No vienen acá. Nunca ha venido ninguna de las autoridades de la Secretaría de Cultura y tampoco me dan el dinero que necesito, a pesar de que lo hemos pedido para numerosas obras de mantenimiento y restauración. Tenemos conocimiento de que se hicieron restauraciones e inversiones en otros museos, lo cual me place mucho. Lamento que el museo más importante, el Histórico Nacional, el más antiguo y el que tiene la mayor cantidad de objetos de valor histórico, no tenga apoyo económico", dijo Cresto, e informó haber recibido de la Secretaría de Cultura en lo que va del año, además de los sueldos y pagos del servicio eléctrico, mantenimiento y seguridad, dos envíos de apenas 500 pesos.
"Eso lo gastamos en tres días y tenemos que volver a pedir, con un trámite que demora dos o tres meses", afirmó el director, que accedió al cargo por concurso en 1999. Durante la gestión cultural de Darío Lopérfido fue dejado cesante y, después de trece meses, la Justicia lo restituyó en el cargo.
Cresto prefiere no hablar de la finalización de su gestión. Sin embargo, Castilla dijo que el director debería retirarse en octubre. "Termina el período previsto por el concurso y el Gobierno no se lo va a renovar porque considera que no tiene gestión", dijo una alta fuente del Gobierno a LA NACION.
Firmas privadas
"Vivimos gracias a la ayuda de firmas privadas", dijo Cresto, tras haber contado que pide dinero a empresas y organizaciones para restaurar cuadros o hacer modificaciones, pero que, cuando esos aportes llegan, son tantas las necesidades imperiosas del día, que los tiene que usar para gastos corrientes. "De otra forma, no tendríamos ni papel, ni lápiz, ni computadoras", agregó.
Juan Manuel Peña, tesorero de la Asociación de Amigos del Museo Histórico, coincidió con Cresto en que faltan recursos para artículos de papelería, disquetes o máquinas, como una fotocopiadora.
Según Castilla, hay momentos en los que los pedidos de fondos para la caja chica se demoran. "Pero la gestión de un museo no se puede basar en una caja chica: tiene que poder generar bastante más dinero." El funcionario dijo que visitó el Museo Histórico Nacional en momentos en los que no se encontraba su director y afirmó que el año pasado un grupo de especialistas analizaron las condiciones de las salas y los depósitos del museo y consideraron que las colecciones están allí mal cuidadas y que, por ejemplo, la iluminación excesiva perjudica las telas.
Castilla dijo que sugirió a Cresto cambios en los sistemas de exhibición y que le llamó la atención en múltiples ocasiones. Con respecto a la falta de diálogo señalada por Cresto, el funcionario de Cultura dijo que su despacho "está abierto y los directores pueden ir cuando quieran".


