El oficio de pintar
Experto en el tratamiento de la luz, Juan Lascano exhibe su maestría en la galería Zurbarán
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Meditada, sin prisas, la muestra antológica de Juan Lascano en la galería Zurbarán confirma el rumbo que el artista asumió muy temprano. Reafirma su idiosincrasia y a la vez testimonia el devenir discursivo de un pintor que con justa razón confiesa ser un pintor no literario. No le hace falta a él, como a quienes fían en el lenguaje de formas y colores sobre una superficie bidimensional. Ese espacio de milagrerías que enunció con acierto Maurice Denis en los albores del siglo pasado, en plena eclosión de las vanguardias. Lascano produce adhesiones y reservas de análoga incomprensión. Se lo califica de pintor realista porque sus temas y figuraciones refieren a datos de la realidad visiva.
La retrospectiva antológica en Zurbarán traza ejes válidos del derrotero Lascano, confeso admirador del supremo Velázquez, de Sorolla y Bastida, de Antonio López, pero también de Lucian Freud. ¿Ecléctico, contradictorio? La dicotomía es falaz, ya que estimar, disfrutar y admirar no obliga a emulación ninguna.
La muestra de Lascano en Zurbarán recopila obras de tamaño módico, formato que conviene a las minucias de su pincel y también al espacio de la sala de Ignacio Gutiérrez Zaldívar. Paisajes, naturalezas muertas, florales y desnudos conforman un repertorio del que excluyó los retratos de personalidades célebres que lo hicieron conocido por el gran público.
Creemos reconocer un cambio en la luz, unánime y omnipresente en la obra del pintor platense. Desde su instalación permanente en Bariloche, en taller con vista privilegiada al lago Moreno, la luz captada se tornó más nítida, más desapegada de cualquier intento de reclamar la complicidad empática del observador. Juan Lascano se sirve de la luz para modelar formas y volúmenes. Es el sistema de graduación de valores que rige la paleta cromática. Es una construcción que opera en las rotundidades de sus desnudos, recostados sobre paños blancos de antigua disciplina, y en la vibrátil transparencia de los motivos florales, en la apelación táctil de sus bodegones.
Años atrás, en el Palais de Glace, Lascano ofreció una master class . Ante cincuenta personas, en el transcurso de dos horas, realizó un desnudo para el que posó paciente una joven modelo. La experiencia fue interesante, ya que puso al público en contacto con la cocina del artista, quien resolvió ante presencias ajenas -en situación extraña al solitario laborar del pintor- el gran desafío que implica el tema.
Lascano no evade las voluptuosidades del desnudo femenino. Nube y Recostada son polos del género. Pero las formas de violonchelo del cuerpo en escorzo no imantan ni prevalecen sobre el erotismo del tratamiento de los paños. Como es usual, el pintor platense devenido patagónico elude los contrastes de claroscuro y escancia luces y sombras con exacta progresión de valores. Una década separa la data de las obras citadas. En la más reciente, Descanso , el formato se expande mediante el uso de la sección áurea, esa norma que el pintor verificó en la variopinta diversidad de los artistas que admira.
Lascano rechazó los aprendizajes formales. Hizo de la observación de la naturaleza y del estudio de los grandes maestros su guía personal. Los logros están presentes en sus motivos florales que, en la pintura argentina, tienen hitos de grandeza pictórica. Basta citar a Lacámera, Tiglio, Russo, Presas, Policastro? Y en las colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes el inolvidable lote de Fantin-Latour, cuyas Violetas y azaleas acariciaba la pupila del inolvidable, indispensable, Samuel Paz.
Las menciones que anteceden no pretenden establecer una filiación. Lascano, como dicen los españoles, vive (pinta) a su aire. Y la atmósfera media siempre entre el objeto, su mirada y la resolución plástica. El de Lascano es un arte deliberado, reflexivo, atento al comportamiento del modelo en el devenir lumínico de la jornada y a los tiempos -físicos y químicos- de la materia, el óleo.
Se dirá, no sin cierta razón, que la pintura de Juan Lascano es anacrónica. Pero conviene advertir que toda producción lo es más allá de los datos primarios de catalogación. Hay en el artista que nos ocupa una entrega metódica y sostenida, refrendada desde la primera muestra realizada a los veinte años. A ésta siguieron muchas otras, aquí y en otras partes, con reconocimientos crecientes. Sí, Juan Lascano es, a su modo, anacrónico. Tiene orgullo de su oficio. Que no es poco.
Ficha. Juan Lascano en Zurbarán (Cerrito 1522), hasta el 15 de enero.



