
El papá del Eternauta
"Me sorprende que se le siga rindiendo culto al personaje, pero me gusta", dice el dibujante
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Juan Salvo, el Eternauta, camina hacia nosotros, a través de la nevada. La imagen es el paradigma del cómic nacional, el punto más alto de la historieta argentina. Desde que fue publicado por primera vez, en 1957, El eternauta marcha. Siempre marchará valientemente, virtud heredada de uno de sus dos padres, el guionista Héctor G. Oesterheld, y con el vigor que le dio el trazo firme del otro, el dibujante Francisco Solano López, tataranieto del mariscal paraguayo del mismo nombre.
Solano López nació en Córdoba en 1928 y, a sus 82 años, define así lo que es un gran dibujante para él: "Tiene que ser vibrante y cálido a la vez, y lo que hace debe llegar al fondo escondido del lector. Debe transmitir la humanidad de los personajes, dar la idea de que son seres vivos, no sólo unos dibujitos".
Ninguno de los trabajos de Solano fue sólo un dibujito, ni aun cuando por encargo y con seis ayudantes -José Muñoz, entre ellos- sacaba "como chorizos" historietas para Fleetway Publications, de Inglaterra, a fines de los años 50. Ni cuando adaptó, en los años 90, el clásico film de Tod Brownnig Freaks , junto con el famoso dibujante Jim Woodring, ni cuando todavía bocetaba a quien sería su gran héroe en Rolo, el marciano adoptivo . Después, todavía menos. El eternauta no es un dibujito: es uno de nosotros. Pero no sólo porque caminaba por Las Heras, porque jugaba al truco o porque vivía en Beccar, donde Solano conoció a Oesterheld, en 1955. Su personaje es la antítesis del superhéroe de importación. Debajo del traje no hay un Príncipe Valiente ni un Batman ni un Dick Tracy. Hay una persona. Solano López encuentra el alma de Juan Salvo, como después encontraría la de Evaristo, la de Slot Barr o las de los protagonistas del cómic erótico editado por Fantagraphics, la editorial más importante de este género.
Un producto editorial atípico le rinde homenaje: una caja de gran tamaño con 70 láminas y cuatro serigrafías de Solano López, además de otras 15 láminas de grandes historietistas invitados, entre ellos Ciruelo, Juan Sáenz Valiente, Luis Scafati, Mandrafina, O´Kif, Sebastián Mazza y Pablo Maiztegui. Es una excelente oportunidad, cara (unos 350 pesos) pero única, de apreciar la obra de Solano sin el velo de impresiones que muchas veces perjudicaron su trabajo. Se la puede ver por Internet, en el sitio www.homenajesolanolopez.com.ar
Las historietas atraviesan toda la vida del autor. "Me gustaban desde antes de saber leer. Me sentaba en las rodillas de mi padre, que era periodista en Editorial Atlántida, hasta que terminaba de escribir. Entonces, me leía las historietas. Todavía me acuerdo de alguna", cuenta. Se refiere a Brick Bradford , que publicaba por entonces el diario Crítica . "Mi padre falleció el día de mi cumpleaños número ocho. Al año siguiente, mi madre empezó a revisar sus papeles y encontró una pila de carpetas con dibujos míos que mi padre había guardado sin decir nada. Ella la tiró a la basura y yo, del shock, dejé de dibujar."
No sólo perdió sus dibujos sino que descubrió otra tragedia familiar que hasta ese entonces desconocía: "Me enteré de que yo había tenido un hermano mayor y que él había muerto antes de mi nacimiento. Igual que mi padre, de peritonitis. Me tuve que acostumbrar a la idea de la muerte", dice.
Excepto su mamá, a la que no le hacía gracia la idea de un hijo que malgastara el tiempo dibujando, el resto de su familia lo alentaba, como lo había hecho su padre. A los 15 años, Solano López dio por terminado su duelo y volvió a dibujar... por amor. Cansado de un hogar en el que era el único varón, se inscribió en el Liceo Militar. Los miércoles salía con sus compañeros en plan de seducción y conquista. "Yo era muy romántico. Cuando me gustaba la cara de alguna chica, trataba de hacerla. Pero mis compañeros me pedían que agregara papel y que dibujara todo el resto. Eso lo hice después, con los años. Pero en ese momento, aunque volví al dibujo, había dejado de lado las historietas. Tenía toda la biblioteca de mi padre a mi disposición y leía todas las novelas del siglo XIX que podía leer."
El interés por el género volvió con la necesidad. A los veinte años, abandonó sus estudios de abogacía, consiguió un préstamo y le anunció a su madre: "Si dentro de un año no estoy viviendo del dibujo, me busco otro empleo". Dos personas le insistieron para que se decidiera por el cómic: su novia, la que después sería madre de sus hijos, y el clásico dibujante argentino del género, Luis Salinas. Solano "tenía una compulsión por dibujar", como él dice, pero se negaba a hacer historietas. La insistencia de su novia lo llevó a que finalmente aceptara adaptar para historieta un fragmento de Los trabajadores del mar , de Victor Hugo. Ese impulso, más sus contactos con dos figuras clave del mundo editorial, Cesár Civita, dueño de Abril, y Ramón Columba, dueño de Columba, serían fundamentales.
Así fue como después de haber trabajado un tiempo en el Banco Nación (donde conoció a Juan Carlos Colombres, Landrú), de haber sido rechazado en la Escuela de Bellas Artes y de haber hecho afiches de películas, Francisco Solano López logró sus primeros pesos con la historieta: hizo para Columba, con guión de Roger Plá, Perico y Guillermina .
En 1955, con Uma-Uma , comenzó a colaborar con Oesterheld. Cuando el alguna vez geólogo Oesterheld lo reclutó para su proyecto editorial, Frontera, Solano López todavía no se sentía parte de un movimiento o de una generación. "Hoy soy el último de esa generación, que se va acabando, y ahora puedo decir que nosotros pusimos en lo que hacíamos algo que antes nadie ponía: el corazón."
Para Oesterheld ya habían dibujado, entre otros, Hugo Pratt y Alberto Breccia, a quien Solano López define como "el maestro de todos". Sobre Oesterheld, dice Solano: "Me gustaban sus guiones porque tenían el clima de mis novelas favoritas. Tenía una habilidad muy grande para crear situaciones verosímiles y personajes creíbles. Nunca me dijo si le gustaba o no lo que yo hacía."
En 1957, el dibujante le sugirió al inventor de tramas que escribiera algo de ciencia ficción, pero realista. Así nació El eternauta . Fue muy especial desde el mismo momento de ser concebida, a tal punto que los amigos de Solano iban a espiar la continuación de la historieta cada semana, antes de que saliera publicada en la revista Hora Cero . "De parte de Oesterheld, no tenía ninguna descripción sobre cómo se vestía el personaje, cómo eran sus gestos o su fisonomía. No me daba ninguna nota particular", explica, lo que demuestra hasta dónde influyeron sus propias ideas en la representación de la historia de Juan Salvo, Favalli, Elena y los demás héroes de la resistencia frente a la invasión de extraterrestres a Buenos Aires.
"Los guiones eran muy difíciles de leer, porque Oesterheld tenía una letra muy despatarrada, pero yo los disfrutaba igual que a aquellos libros de mi padre", cuenta Solano. ¿Cómo imaginó esa cancha de River invadida por los cascarudos, que ya es parte de la iconografía porteña? "Yo hacía esa Buenos Aires de memoria, como me salía, porque con tanto trabajo, no tenía ni tiempo de salir a la calle."
Opina que en la segunda parte de El eternauta , publicada en 1976, en la revista Skorpio , el fuerte compromiso político que había asumido Oesterheld le restó frescura a la historieta. En 1977, Solano López se fue a vivir a España y allí se enteró de que el guionista había desaparecido. "Era algo que veía venir. Por eso me fui", dice. Desde ese momento, llevó una vida nómada. Pasó de Roma a Málaga, y de allí a Río de Janeiro. Muchos originales suyos se perdieron. Casi al mismo tiempo comenzaron a llegar el prestigio y los reconocimientos.
En las siguientes décadas, las revistas nacionales de historietas fueron perdiendo, gradualmente, presencia. "Hoy sólo quedan restos, y espero que entre ellos figure algo mío -dice el dibujante-. Todavía me sorprende que se le rinda culto a El eternauta , pero me gusta. Es una manera de sentirme más fuerte como persona."





