
El papel del crítico
Sobrevirán a su tiempo aquellos ensayos que hayan sido escritos con la necesaria cuota de entusiasmo. Yerran quienes dedican su energía a señalar las limitaciones
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Cuando Somerset Maugham dice por un lado que la crítica no debe pretender ser creativa, y por otro, que el crítico para aspirar a la condición de tal tiene que ser una gran persona, incurre en una evidente contradicción. Como para subrayarla cita los nombres de los grandes críticos Saint-Beuve y Mathew Arnold, lo que indicaría que estos creadores lo son en la medida en que sus críticas han sobrevivido al tiempo histórico en que fueron escritas.
El error de Maugham consiste en no entender que la crítica de cualquiera de las artes plásticas o las letras es un género literario, tan válido como puede serlo el cuento o la novela, la historia y la poesía.Si Borges como cuentista, Marechal como novelista, Mitre como historiador, Hernández como poeta han sobrevivido, también habrán de sobrevivir aquellos ensayos críticos que hayan sido escritos con la necesaria cuota de entusiasmo. Entusiasmo: "en Zeus", esto es, poseso por ese Dios de la inspiración que niegan quienes nunca la tuvieron. Cualquier forma de expresión artística exige inspiración y es la urgencia de la necesidad expresiva, como lo quiere Augusto Larreta, lo que determina el estilo del crítico creador. Así lo entiende Oscar Wilde (notable crítico) en su ensayo El crítico como artista.
Cierta vez un amigo me reprendió porque en mis críticas abundaban referencias a mis propias experiencia personales. Hube de explicarle que una crítica es más valiosa en la medida en que es capaz de provocar en quien la escribe la mayor cantidad posible de referencias hacia su propia vida.
Todo arte es a fin de cuentas energía liberada y poco importa en tal sentido establecer qué es aquello que provocó esa liberación energética. Para Cézanne puede ser una manzana o el Monte Saint Victoire; para Goya, el desnudo de una mujer como su maja; para Picasso, su recuerdo de un prostíbulo como en sus Señoritas de Avignon, que así se llamaba la calle donde estaba situado. Cada una de esas experiencias visuales será transfigurada según los dictados de cada personalidad íntimamente ligada a sus respectivas épocas. En tal sentido el arte cambia de ropaje pero, en un nivel más profundo, las experiencias vitales que anuncia ya han sido experimentadas siglos atrás por artistas de otras épocas según sus respectivas personalidades.
No basta que el desnudo de mujer haya inspirado obras desde la prehistoria; es necesario que cada época nos diga a través de sus artistas sus propias experiencias, su propio sentido del mundo y de la vida.
Si Modigliani es un genio del arte del siglo XX es porque supo encontrar en ese mismo motivo la capacidad de expresarse a partir de una sensibilidad inédita, que resume en cierto modo el pasar de todos los siglos que lo precedieron. Y recordamos que se negó a firmar manifiestos "vanguardistas" que no reflejaban su propio estilo. Siempre será vanguardia, si queremos preservar este término, aquello que de más calidad tiene el arte de su época. Por ello es ridículo pretender encasillar "la vanguardia" en un estilo determinado, por más novedoso que sea o parezca.
Y así como cada época exige que aparezca la crítica capaz de señalar la excelencia de los grandes creadores, no es frecuente que ello ocurra si no se es además poeta como Baudelaire, paradigma de la crítica de arte de todos los tiempos.
Inspirarse en la obra ajena implica llevar a cabo una tarea de doble refinamiento: la del artista que creó esa obra y la del crítico que nos Yerran quienes dedican su energía crítica a señalar las limitaciones, cuando falta lo que pueda inspirarlos. Y yerran porque si precisamente esas obras no inspiran, mal puede el crítico ocuparse de ellas. Esto, para no señalar que en su afán de desmerecer, quizá con razón, una obra, lo que en verdad logran es darle importancia a aquello que no la tiene.
Alguien dijo: "El mejor regalo que se le hace a una generación es brindarle un poeta". Habría que añadir, siguiendo la inquietud de Maugham, que el mejor regalo es regalarle uno que además sea crítico. La función crítica se cumple frente al público lector y mal podrá contagiar su entusiasmo por una obra quien carezca de la necesaria fuerza expresiva. En algunos casos ella puede llevar al poema, la más elevada forma de apreciación crítica como lo demuestra Baudelaire en sus versos para Daumier.
La dificultad de esta forma excelsa de criticar es que puede también volverse críptica para el público lector, que añora pistas que lo acerquen a la degustación de las obras de arte. Por todo ello del crítico se exige humildad, debe añadir a su entusiasmo expresivo una capacidad didáctica que le permita al lector acercarse a la obra criticada. Los grandes escritores que han ejercido su capacidad crítica nos han dejado ensayos memorables. Pienso en Borges, en Stevenson, en Wilde, en Menéndez y Pelayo. Ejercer la crítica con responsabilidad y humildad es una rara y muy alta vocación.
Maestro del arte Madí
Martín Blaszko es un artista de relieve mundial. Nacido en Berlín en 1920, tuvo que abandonar Alemania durante el nazismo y tras una breve estancia en París, llegó a la Argentina que sería su patria de adopción. Aquí conoció a Carmelo Arden Quin, artista uruguayo que participó como uno de los precursores del Movimiento Madí, que cuenta con la figura señera de Gyula Kósice.
Blaszko quedó fascinado por el arte de Arden Quin y nos dice: "Su obra me impresionó por la claridad, la frialdad y el rigor de ejecución. Yo, un individuo efusivo, inquieto, nervioso e impaciente, necesitaba una lección de arte para lograr un equilibrio; entonces empecé a trabajar con él".
Desde entonces, larga y fructífera ha sido la trayectoria de Martín Blaszko y entre sus conquistas principales cabe mencionar la escultura de 1952 El prisionero político desconocido, que recibió mención especial en el Instituto de arte contemporáneo de Londres entre 3500 proyectos presentados.
Ya como exponente del arte Madí, Blaszko se nos manifiesta como hombre comprometido con su tiempo. Sus abstracciones, así en pintura como en escultura, lo señalan como uno de los precursores del arte abstracto en nuestro medio. En esta oportunidad, además de dos esculturas representativas de su estilo Madí, libres construcciones de sabor geometrizante en las que juega con el espacio, nos muestra una serie de técnicas mixtas, casi todas con collages, en las que mantiene su vocación espacialista enriquecida por tintas en negro y en color.
Una muestra que actualiza los hallazgos del movimento Madí.
(En Galería Ro, Paraná 1158, hasta el 20 de marzo.)


