El relato imposible
NUNCA FUIMOS MODERNOS Por Bruno Latour-(Siglo XXI)-Trad.: Víctor Goldstein-220 páginas-($ 32)
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Bruno Latour (1947), formado en filosofía y antropología, profesor por 20 años en el Centro de Sociología de la Innovación de la Escuela de Minas de París, invitado asiduo de Harvard y desde 2006 instalado en una cátedra a su medida en el Instituto de Estudios Políticos de París, es uno de los sacerdotes máximos de un nuevo culto académico: los estudios sociales de la ciencia.
Esta nueva área se instala en las humanidades y las ciencias sociales, aunque varios de sus practicantes alguna vez fueron físicos, químicos, ingenieros o matemáticos. En la década del ochenta, Latour presentó estudios de caso y desarrolló una novedosa metodología de análisis en libros como La vida de laboratorio (una descripción minuciosa del trabajo en el Instituto Salk de California) y La pasteurización de Francia (sobre cómo se impuso la microbiología de Pasteur). Con Nunca fuimos modernos. Ensayo de antropología simétrica , un autor ya afianzado en la academia busca presentar "el campo emergente de los estudios sociales de la ciencia al público culto, a través de la filosofía asociada a esta área", según explicitó en la edición en inglés, publicada por Harvard University Press. Se trata, entonces, de un trabajo de síntesis conceptual.
En el apogeo de la posmodernidad y del fin de los grandes relatos, Latour se concentra en un gran relato: el del origen de la modernidad a partir de la creación de la ciencia, que implicó la pretensión de instaurar una división tajante entre naturaleza y sociedad. Los estudios sociales de la ciencia toman como un hito el surgimiento de las ciencias empírico-matemáticas en los siglos XVI y XVII, que consideran el inicio de la modernidad. Pero, con Latour, lo deconstruyen, para mostrar que esta conceptualización es una ilusión: no hay un antes y un después en la forma de producir conocimientos. No alcanzamos la objetividad con las ciencias empíricas y el tan proclamado "método científico". No lo hicimos porque no logramos -no es posible- crear entidades purificadas de toda determinación social: "Nunca fuimos modernos".
Esa es la primera "Gran División" que Latour denuncia. No hay un hilo de verdad, como el de Ariadna, que atraviesa la historia y nos lleva gradualmente a conocer mejor la naturaleza. Aciertos y errores sólo pueden comprenderse a partir del contexto de producción del conocimiento: de los modos de pensamiento, las instituciones, los condicionantes políticos y económicos de cada época. De esta manera, para Latour todo objeto de conocimiento es híbrido, porque lleva en sí algo de naturaleza y algo de sociedad.
De allí Latour deduce la segunda "Gran División" que quiere desbancar. La que separa lo crudo de lo cocido, la civilización de la barbarie: el saber científico no es diferente, en su origen inevitablemente social, de la magia de las llamadas sociedades primitivas. Para comprender a uno debemos realizar el mismo tipo de indagación etnográfica que para comprender a la otra.
¿Latour es, entonces, un relativista? ¿Da lo mismo tomar una aspirina que decir palabras mágicas, viajar en canoa que en jet? Esa interpretación de su propuesta es explícitamente descartada. Frente a posiciones que denomina "relativismo absoluto" (cada cultura crea su propia naturaleza), "relativismo cultural" (hay una naturaleza que cada cultura refleja a su modo), "universalismo particular" (que atribuye a una sola cultura un acceso privilegiado al conocimiento de la naturaleza), Latour propugna una "antropología simétrica".
En su propuesta, todas las sociedades, por igual, establecen una división entre lo humano y lo natural. Lo que varía entre ellas es "la dimensión de la movilización": la cantidad de entes que cada una crea para poner en relación esas dos esferas. La ciencia moderna es diferente por una cuestión de escala, de cantidad. Latour enumera: "No sólo la bomba de aire, sino también los microbios, la electricidad, los átomos, las estrellas, las ecuaciones de segundo grado, los autómatas y los robots, los molinos y los pistones, el inconsciente y los neurotransmisores. Cada vez, una nueva traducción de cuasi-objetos vuelve a lanzar la redefinición del campo social, de los sujetos tanto como de los objetos".
En la última cita, debimos corregir levemente la traducción para darle sentido. Esta es la segunda edición en español del texto -la primera fue realizada hace una década en España- y presenta, como la primera, algunas deficiencias. Un punto flaco en una edición, por lo demás, oportuna y necesaria.




