El Salón Belgrano de pintura y escultura
La edición 1999 de la muestra competitiva anual se presenta hasta el 19 de este mes en el museo Sívori. Una madera de Fabián Galdamez y un acrílico de Salvador Costanzo recibieron las distinciones principales.
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JUNTO con los premios de dibujo, grabado y monocopia, el Salón Municipal Manuel Belgrano muestra ahora la totalidad de las pinturas y esculturas que integran su edición número cuarenta y cuatro. Completa así la presentación de las cinco secciones correspondientes a 1999. Cuestiones de espacio obligaron a realizarlo en partes, pero además, en los últimos años, esas secciones se alternaron de diferentes maneras para evitar repetir un orden que pudiese establecer prioridades. Aunque no faltan las generaciones más recientes, están representados también varios artistas de extensa y bien registrada actuación.
La sección de pintura, si bien tiene mayor cantidad de participantes, hace pensar que algunas aceptaciones no fueron imprescindibles. La de escultura, en cambio, es más sólida y concentrada. Nos referiremos a las obras o los autores que sobresalen por sus méritos y no a las de quienes se destacan porque no debieron figurar. En la mayoría de los salones se juega un sistema de decisiones que procura alcanzar sus lineamientos primordiales, aun cuando la complejidad de las circunstancias no siempre permita lograr resultados irrefutables. Todo tiende a configurar un repertorio necesariamente parcial, puesto que quienes ya obtuvieron el premio mayor, a menudo no vuelven a participar. En definitiva, el resultado no es exhaustivo, pero resulta estimulante y representa con algunas limitaciones lo que se hace aquí y ahora en el país. Así lo demuestra el alto número de participantes y el número aún mayor de quienes aspiran a intervenir.
En la sección pintura (la más numerosa y despareja) Salvador Costanzo, Luis Niveiro y Carlos Cañás obtuvieron, en ese orden, los premios mayores. Pero sin perjuicio del interés que tienen sus obras, invertir los términos hubiese dado una medida más ajustada de los valores en juego. Es impecable formalmente la obra de Costanzo: un trabajo geométrico con un poder de definición altamente profesionalizada. Otras opciones, sin embargo, no hubiesen sido impropias. En una línea análoga, decidida más que por el poder de las pulsiones por una actitud racional y virtuosa, podrían considerarse, los envíos de Ary Brizzi y Rogelio Polesello, y, en otra dirección, el de Cañás, a quien el tercer premio le quedó chico. Su acrílico Días de guardar interesa por la calidad de sus soluciones, su sólida estructura y su poder comunicativo. La obra de Niveiro está a la altura de las circunstancias, pero tampoco relega otras opciones. Su técnica mixta Doble salto es una pieza no figurativa, que excluye el tenor narrativo y satírico de las cajas colmadas de ironías sobre la actualidad nacional, que tenían a Pinocho como protagonista.
Los no premiados
Entre los pintores que no recibieron distinción destacan Jorge Abot, Miguel Angel Bengochea, Alejandro Boim, Enrique Burone Risso, Víctor Chab, Diana Dowek, Arturo Irureta, Carlos Monzani, Antonio Ortega Catellano y Marcelo Torreta.
La sección Escultura impresiona como la mejor armada. Fabián Galdamez recibió la distinción más alta por Oriente y Occidente , un trabajo elegante, de sentido profundo y estilizada apariencia formal. Allí asocia dos maderas figurativas de distinto color, una de las cuales está dividida por una placa en el punto medio. Su competencia mayor la representó Jorge Gamarra, con Transfiguración , talla directa de fuerte poder expresivo, que sintetiza un pensamiento siempre atento a un lenguaje centrado en relacionar la naturaleza de los materiales con las huellas de las herramientas de trabajo.
Chalo Tulián obtuvo el segundo premio por El festín , madera ensamblada de gran porte, que representa un monstruo con las entrañas a la vista, apoyado sobre una mesa inclinada. Tulio Romano recibió el tercer premio por Arraigo , talla pintada que representa una figura humana ondulante cabeza abajo. Esa pieza algo esquemática determina con pocos planos y un poco de color el buen humor de la idea que la sustenta.
Inés Emilia Vega fue distinguida con una mención por Río Rimac , una escultura blanda de fina realización presentada en una caja de acrílico transparente. Su vista induce a pensar en el mundo de las "muñecas" que encierran ciertas vitrinas. Son excelentes también las obras de Milton Altschuler, Raúl Alfredo Caamaño y Humberto Gómez Lollo, que no fueron distinguidas.
( Hasta el 19 de este mes, en el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, Paseo de la Infanta 555. )





