En el Malba, Andy Warhol marcó otro récord

Alicia de Arteaga
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5 de enero de 2010  

La marca Warhol sigue sumando éxitos en su carrera mundial, que ha convertido al artista pop, autor de Marilyn y la serie de latas de Sopas Campbel resignificadas, en un ícono del arte universal. Ni los mosquitos gigantes ni la tarde tórrida del último domingo frenaron a los visitantes, miles, que armados de paciencia respetaron la cola de una cuadra para ingresar en el Malba y visitar Mr America, hasta hoy la muestra más visitada del museo fundado por Eduardo Costantini en septiembre de 2001. La siguen en la carrera de la taquilla las retrospectivas de Kuitca y de Berni.

Lo de Warhol es una profecía cumplida. Convoca multitudes y factura millones. Su pintura consagrada al billete de dólar fue rematada en 43 millones de dólares dos meses atrás, para confirmar que "su" precio tiene poco que ver con la cotización de la divisa prisionera del tembladeral financiero global.

Cuando la economía vacila, Warhol sale fortalecido por la adhesión unánime del público, que no reconoce ni edades ni nacionalidades, aunque la corriente turística que ha vuelto a bendecir a Buenos Aires en estos días tenga mucho que ver con esta marca récord.

Un promedio de 3000 personas cruzan a diario las puertas del Malba y pagan los 18 pesos de entrada que, por cierto, no alcanzarán ni por asomo -aunque siga el ritmo de visitas dos meses más, hasta el cierre- para cubrir la inversión de 600.000 dólares que han exigido traslado, seguros, curaduría y catálogo, de una muestra que curiosamente se enriquece con los comentarios del público. Facebook es una nueva herramienta para medir gustos y tendencias que tienen en su manos curadores y directores.

Las obras proceden del Museo de Pittsburg, y en su conjunto constituyen un corpus sólido para analizar diversos aspectos de la producción del más universal de los artistas norteamericanos.

Me tocó guiar en una visita a un grupo de coleccionistas de Houston, Texas, aficionadas al golf de bajo handicap y a las pinturas de Fontana. Fue un par de semana atrás, era domingo y había cola. Fue unánime el asombro de las texanas ante la calidad de la exposición y del montaje.Luego de atravesar el luminoso lobby invadido por las prolongaciones "vegetales" del banco de Pablo Reynoso, quedaron rendidas antes la obra de un conocido de siempre.

Y sí. ¡La remota Buenos Aires tiene mucho más que tango y buenos bifes!

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