
Espacios que guardan la memoria: una experiencia inmersiva reconstruye las huellas de la dictadura
Un proyecto interdisciplinario producido por la Universidad Di Tella para conmemorar los 50 años del Golpe de Estado cruza investigación histórica, archivos documentales y diseño
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El llanto de un bebé secuestrado. El motor de un avión sobre el Río de la Plata. La Plaza de Mayo y las sombras de la ex ESMA. Capas y capas de imágenes de lugares donde la dictadura militar dejó huellas del horror fueron el punto de partida y los 50 años del Golpe de Estado de 1976, el gran disparador de Memorias del Espacio, realización inmersiva producida por la Universidad Torcuato Di Tella, que cruza investigación histórica, documentos y diseño.
Sensible y emotiva, la experiencia es transformadora y evita los golpes bajos. Durante veinte minutos, en la sala inmersiva de la universidad, la propuesta sensorial invita a caminar, cambiar de dirección, buscar referencias o quedarse quieto frente a la proyección 360°.
Para amalgamar tanta oscuridad, el equipo –se trata de una coproducción del Laboratorio de Historia Digital (Departamento de Estudios Históricos y Sociales) y el Espacio de Diseño Inmersivo MediaLab (Escuela de Diseño)– realizó un meticuloso trabajo de archivo y una edición cuidada que le escapa a la literalidad. Algunas de las preguntas que ordenaron la trama fueron: ¿Cuánto puede contar un espacio sobre lo que sucedió en su interior? ¿Qué permanece en las paredes de una casa bombardeada, en un centro clandestino de detención o en la cabina de un avión?
Durante meses, historiadores, diseñadores, docentes, graduados y becarios trabajaron en la investigación y en la construcción de una narrativa audiovisual. La arquitectura de espacios emblemáticos, algunos objetos, las imágenes y los sonidos se convierten en vehículos de la memoria.
“Me encanta pensar en los procesos, más allá del resultado”, señala Enrique Longinotti, director de la Escuela de Diseño, que destaca la articulación entre disciplinas con metodologías diferentes. Para Longinotti, la importancia del MediaLab reside en esa posibilidad de experimentación, donde las destrezas tecnológicas están habitadas por un concepto.
Del documento a la experiencia
Geraldine Davies Lenoble, doctora en Historia al frente del Departamento de Estudios Históricos y Sociales, a cargo de la coordinación de la investigación, la dirección (junto a Lucas De Marziani), el guion y la idea original (con Manuel Mera), señala que el desafío consistió en investigar otros lenguajes sin abandonar el rigor académico. “Nos interesa la exploración de herramientas digitales”, plantea.
El proyecto se organizó alrededor de tres ejes: la violencia que atravesó la trama social durante los años 70 y la transición democrática; los procesos de memorialización, que determinaron qué espacios se conservaron y de qué manera; y la acción colectiva como forma de intervención sobre el espacio público.
La casa Mariani-Teruggi, en la calle 30 N.º 1134 de La Plata, abre uno de esos recorridos. Desde 1975, la vivienda familiar funcionó también como centro operativo clandestino de Montoneros. Detrás de la fachada –una típica casa de una planta– se ocultaba una imprenta donde se realizaba la revista Evita Montonera. El 24 de noviembre de 1976, más de 200 efectivos participaron del ataque que dejó cinco muertos y el secuestro de Clara Anahí Mariani, una beba de apenas tres meses.
Su abuela, Chicha Mariani, preservó la vivienda como testimonio y dedicó su vida a buscar a su nieta. Hoy, la casa es Monumento Histórico Nacional y sitio de memoria. Las paredes derruidas y las marcas del operativo de la dictadura militar constituyen un registro urbano. “¿Por qué se conserva un espacio?”, plantea Davies Lenoble. En la Argentina, se responde, la recuperación de estos lugares fue particular: el espacio funciona como testimonio y testigo ante la ausencia de los cuerpos.
La segunda escena pone el foco en la ESMA, específicamente en el sector conocido como Capucha. Entre 1976 y 1983, por el centro clandestino pasaron alrededor de cinco mil detenidos desaparecidos. Solo sobrevivieron 300. Encapuchados, engrillados y hacinados en pequeños cubículos, los testimonios del horror dieron cuenta del plan sistemático de represión, secuestro, tortura y desaparición de personas.
El recorrido continúa con el avión Skyvan PA-51, utilizado en los vuelos de la muerte. Se escucha el motor, se ven las olas del Río de la Plata, hay imágenes de la aeronave que fue identificada y repatriada desde Estados Unidos en 2023. Aquí la sala se oscurece. La ciudad aparece de lejos, es de noche y la sensación, sutil, es que estamos adentro del avión.
La Plaza de Mayo completa la experiencia inmersiva. A diferencia de los otros sitios, se trata de un espacio público en permanente transformación, donde las marcas materiales no siempre permiten reconocer los acontecimientos. La propuesta reconstruye una cronología de situaciones superpuestas: las celebraciones oficiales durante el Mundial de 1978 y la Guerra de Malvinas, las movilizaciones sindicales y políticas, las rondas de las Madres y el regreso de la democracia, en diciembre de 1983.

La investigación documental incluyó consultas al Archivo General de la Nación, el Archivo Nacional de la Memoria, el Centro de Estudios Legales y Sociales, Memoria Abierta y la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, además de diarios y revistas de época. Para la proyección se utilizaron materiales del Archivo Nacional de la Memoria y el repositorio SEDICI de la Universidad Nacional de La Plata, entre otros. “Señores jueces: Nunca más”. La voz del fiscal Julio César Strassera, que cerró el alegato en el histórico Juicio a las Juntas Militares, estremece.
Lucas de Marziani, docente del MediaLab, explica que las primeras etapas se dedicaron al desarrollo narrativo y al análisis de los recursos disponibles. “Cómo dirigir la mirada” fue una de las consignas que orientó la producción, que se apoyó en el sonido cuadrafónico, las luces y el silencio como herramientas. El desafío, aclara, fue comprender la sala como un dispositivo de conocimiento y no solamente como un entorno capaz de producir asombro. Del guion y el diseño de la experiencia inmersiva también participó Guillermo Peloche, docente de la universidad.
Las proyecciones de Memorias del Espacio se dieron en el marco del XIII Congreso Latinoamericano de Ciencia Política, en julio, y también se programaron para la X Conferencia Anual de la Memory Studies Association (MSA). Además, la programación incluyó fechas para la comunidad de la universidad y público, entre septiembre y octubre. Para 2027, evalúan realizar una nueva jornada con público.


