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En 1778, una joven música llamada Marie-Louise-Philippine de Bonnières de Guînes estaba en una clase de composición en París, intentando crear una melodía. Se devanó los sesos durante 15 minutos. Al final, su profesor —Mozart— escribió el comienzo de una melodía y le pidió que la continuara. “Mira qué tonto soy”, le dijo él, tal y como contó en una carta a su padre. “Empecé un minueto y ni siquiera puedo terminar la primera parte; ¿serías tan amable de terminarlo?”.


