Eterna vitalidad del mito

ERASE UNA VEZ...EL UNIVERSO, LOS DIOSES, LOS HOMBRES Por Jean Pierre Vernant-Fdo. de Cultura Económica-Trad: Daniel Zudunaisky-176 páginas-($13)
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25 de octubre de 2000  

La obra singular de Jean-Pierre Vernant ha estado dedicada, de modo casi exclusivo, a poner en evidencia la vitalidad de los mitos en el mundo actual, una vitalidad a la vez vigorosa y secreta. Heredera en gran medida de las tradiciones políticas, científicas y filosóficas procedentes de las brillantes intuiciones de los autores griegos y helenísticos precristianos- a los que una y otra vez no se cansa de conceder la honrosa mención de "inventores de la Razón"-, la cultura occidental olvida "y Vernant se preocupa por recordárnoslo" cuánto de ese pensamiento "racional" hunde sus raíces en los mitos oscuros de Hesíodo y Homero, donde se unen de modo indisoluble las cosmogonías y las epopeyas de Europa y de Asia.

Autor de obras capitales como Mito y religión en la Grecia Antigua y también de ese pequeño texto deslumbrante, Los orígenes del pensamiento griego "tan celebrado entre nosotros", erudito y agudo, Vernant va y viene incansablemente del mito a la política, a la filosofía y a la ciencia de los antiguos griegos para echar luz sobre la manera en que esos relatos arcaicos sobre dioses, héroes y titanes acechan de cerca las luminosas verdades que nos ha legado la Grecia clásica. Pero en Érase una vez... , según confiesa, ha decidido renunciar a toda pretensión de especialista e intelectual, y dejar a la narración en su estado de pureza, en una nueva recreación literaria de lo que, en sí mismo y en tanto mito, es siempre igual y siempre diferente en cada ocasión en que se lo repite, en la voz de cada narrador y en la atención de cada público.

Así pues, sugiere Vernant, para que un mito viva debe ser narrado: si queda recluido en las mitografías, en las referencias de la literatura culta o en el análisis científico del antropólogo y el historiador, el mito morirá. Evitar su muerte "aun con las dificultades del caso, con la mediación insuficiente y parcial que impone la letra impresa frente a la oralidad y gestualidad del narrador presente" es la empresa que se propone el autor en este libro. Y su gran familiaridad con la materia hace posibles la sencillez, la profundidad y el misterio de una nueva recreación.

Por cierto, esa recreación no se propone ser exhaustiva: está centrada en una serie de núcleos temáticos que ya cuentan con un cierto grado de popularidad: la creación del Universo, las guerras de los dioses, Prometeo, la Guerra de Troya, Odiseo y sus viajes, las bacantes tebanas, Perseo y, por supuesto, Edipo. La selección podría parecer un tanto arbitraria, pero la misma obra demuestra que no lo es, en la medida en que este puñado de relatos son suficientes para que el autor entreteja, en menos de doscientas páginas, toda la densa red de significados, metáforas, ambigüedades, terrores y certezas que, desde los griegos, siguen palpitando apenas se comienzan a desentrañar los discursos, las creencias y los actos del hombre moderno.

Los pequeños relatos de Vernant, como los propios mitos, pueden descomponerse a su vez en historias todavía más breves y más sencillas pero, paradójicamente, más sugestivos. Un lector atento podría hacer muchas lecturas sucesivas, fragmentarias, recomenzadas e inconclusas sin dejar de asombrarse a la vez por la síntesis y la riqueza inquietante de los textos de Vernant. Sin el propósito de adquirir una versión clásica, incluso para una lectura apenas recreativa, Erase una vez... vuelve a proporcionarnos "ese placer extremo que anticipaba La Fontaine si le relataban Piel de Asno ".

Lectores eruditos, curiosos o distraídos no resultarán defraudados por la versión que da Vernant sobre la forma en que los griegos miraban, narraban y escuchaban su mundo. Es difícil que, aun sin Erase una vez... , los mitos griegos vayan a morir fuera de sus múltiples refugios en el arte, la historia y el psicoanálisis: inclusive sin proponérnoslo, solemos remitirnos a ellos en cada uno de nuestros relatos y asombros cotidianos.

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