
Evocaron a Garibaldi, héroe de dos mundos y unificador de Italia
Combatió los privilegios y la opresión
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Ayer se cumplieron 200 años del nacimiento de Giuseppe Garibaldi, el guerrero romántico e inconformista del Resurgimiento y la unidad de Italia, que llevó su espada a frentes de batalla en Francia, en Grecia y en el sur de América, donde pasó 13 años de su vida aventurera entre la Argentina, Brasil y Uruguay.
Así, su figura legendaria fue evocada ayer en Niza, su ciudad natal, y en Roma, donde el Senado italiano le dedicó una sesión especial, pero también en América latina: en Buenos Aires, Rosario, Montevideo y Porto Alegre.
En un homenaje ante su monumento en plaza Italia, el embajador italiano en la Argentina, Stefano Ronca, dijo que Garibaldi es popular en todo el mundo "porque ha combatido en diversos países contra los privilegios, contra toda forma de opresión, por la libertad de los pueblos y por la causa republicana, y también nunca se aprovechó de su propia popularidad". Lo consideró un modelo porque llevó una vida espartana y fue "un ejemplo de honestidad".
Ese monumento, de 15,50 metros de altura, es obra del escultor italiano Eugenio Maccagnani, fue fundido en Berlín e inaugurado el 19 de junio de 1904, con la presencia del presidente Julio A. Roca; de Mitre -amigo de Garibaldi, a quien había conocido en Montevideo- y de unas 60.000 personas. Ahora, la plaza ha incorporado, con el apoyo de la Fundación Andreani, atriles donde se cuenta la historia del luchador republicano.
Mitre dejó constancia de cómo lo impactó la figura del guerrero que conoció en Montevideo en 1837: "Cumplía yo entonces veintidós años y la personalidad de Garibaldi ejercía sobre mi imaginación una especie de fascinación, que me atraía irresistiblemente por las hazañas que de él había oído relatar, y por una especie de misterio moral que lo envolvía".
En 1909 y 1910, la biblioteca de LA NACION publicó, en dos tomos, las Memorias de Garibaldi.
Este nació en Niza, que hoy pertenece a Francia, pero entonces era italiana, en 1807. Era hijo de un marinero y se hizo a la mar siendo muy joven. En 1830 ya era capitán de barco. Se interesó por entonces en el partido de la Joven Italia, encabezado por Giuseppe Mazzini, que pugnaba por unir los pequeños reinos de Italia en una sola nación. Por su actividad insurreccional fue condenado a muerte y debió huir a América, donde viviría memorables peripecias.
En Brasil se sumó a un movimiento revolucionario en Río Grande del Sur. En Uruguay se unió a Ana, joven brasileña que fue su compañera de vida en la prosperidad y la fortuna, y madre de sus hijos. En Montevideo, resistió el asedio de las tropas de Manuel Oribe. Combatió con su escuadra contra Juan Manuel de Rosas a lo largo del Paraná. El almirante Guillermo Brown le dio alcance y lo derrotó, pero se negó a cumplir la orden de Rosas de ejecutarlo. "Garibaldi es un valiente, déjenlo que se escape", dijo el almirante.
"Héroe de dos mundos" se lo llamó por su lucha en América y Europa. En 1848 volvió a Italia, para luchar en el Norte contra los austríacos. Luego, con la fuerzas de la Joven Italia, luchó en defensa de Roma contra los franceses. Años después, con sus "camisas rojas" depondría al rey de Nápoles, impondría a Víctor Manuel en el trono de Italia y coronaría la unidad italiana arrebatando Roma al dominio del Papa. Murió en 1882 en la isla de Caprera, cerca de las costas de Cerdeña, donde había pasado en retiro sus últimos años y en cuya serenidad había dado a luz una novela y otros escritos.
Al acto de ayer en plaza Italia asistieron, con sus banderas, varias escuelas: Cristoforo Colombo, Edmundo de Amicis, las International Schools de Hudson, Pilar y Buenos Aires, y los colegios del Centro Cultural Italiano de Villa Adelina y de Olivos. Preguntados unos chicos si sabían a quién se honraba, Celina, de 11 años, de Olivos, respondió: "Era el San Martín italiano".
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