Falleció en París María Rosa Bemberg
Dueña de refinada cultura y conocedora del arte, respaldó varias causas humanitarias
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En París, donde residía, falleció María Rosa Bemberg, que apoyó en nuestro país valiosas iniciativas culturales y de bien público, con generosidad y sencillez.
Había nacido en Buenos Aires en 1922 y descendía por su madre, Jovita García Mansilla de Bemberg, de ilustres figuras de nuestra historia desde la época colonial; su tatarabuela fue doña Agustina Rozas de Mansilla. De esa procedencia fueron las piezas que donó al Museo de Arte Hispanoamericano Fernández Blanco de esta capital.
Dueña de una refinada cultura y un exquisito buen gusto, amaba el arte y era una experta conocedora de pintura impresionista y moderna.
Rosine Bemberg, como la llamaban todos, fue durante varios años representante de la Argentina en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y también en el International Council of Arts.
Trabajó eficazmente en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba) y le dio un gran apoyo material, sobre todo para su instalación en la sede de la avenida San Juan, y, al mismo tiempo, acrecentó su fondo artístico con valiosas e importantes donaciones.
Trajo a la Argentina una interesante exposición de arte egipcio que fue exhibida en el Teatro San Martín.
También se destacó por su mecenazgo en la música, con becas para artistas jóvenes y, a través de Festivales Musicales de Buenos Aires, haciendo venir a importantes orquestas internacionales.
Preocupada por los otros
La esencia de su personalidad fue su gran generosidad y sentido humanitario, siempre alerta a las necesidades del prójimo.
Una de las obras que apoyó incondicionalmente hasta el final de su vida fue el modelo de maternidades centradas en la familia, que se lleva a cabo en el Hospital Materno-Infantil Ramón Sardá y que acaba de ser reconocido por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) como ejemplo para ser imitado en el país y en el mundo.
Brindó a esta obra su apoyo económico y moral desde el comienzo, y no dejaba de visitarla personalmente al venir cada año a Buenos Aires.
Por su espíritu abierto hacia los demás, Rosine Bemberg tuvo en su vida verdaderos amigos en todo el mundo, que hoy la extrañan.
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