Eléctricas
Casi que la imagen lo dice todo. La fotógrafa capturó una tormenta eléctrica sobre la ciudad de Montevideo. Este tipo de fotos siempre recuerda la búsqueda de lo sublime que guiaba a los pintores románticos: comienzos del siglo XIX, Caspar David Friedrich y el terror maravillado ante un mar de hielo o frente a la cima de una montaña. Un mundo callado, el de sus pinturas, que daba fe de otro mundo –el de allá afuera– que, a contramano del iluminismo, los románticos consideraban inaccesible. A estas alturas del siglo XXI, no está claro qué nos quedó, ya sea del legado romántico, ya sea de las utopías racionalistas. Más bien pareciera que se está armando otra cosa, incluso por fuera de las credenciales humanas. Mientras tanto, aquí lo tenemos: el viejo pavor ante una naturaleza soberana, el conocido orgullo de una humanidad capaz de crear luces –y ciudades-– a su medida.
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