Género y dominación sexual
Según dice la psicoanalista Jessica Benjamin en este reportaje, la idea de dominación sexual debería ser superada para permitir que cada individuo puedan reconocerse a los otros y a sí mismo en sus múltiples diferencias genéricas
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LA hostilidad entre los sexos es una realidad desagradable que podría modificarse si cada uno de nosotros aceptara en sí mismo y en los otros los múltiples matices o posiciones de género que adopta en distintas circunstancias. Esta es una de las tesis que sostiene Jessica Benjamin, profesora asociada en Psicología Clínica en el Programa de Posdoctorado en Psicoterapia y Psicoanálisis de la Universidad de Nueva York, y miembro de la Nueva Escuela de Investigación Social, con sede en esa ciudad. . Ejerce la práctica privada y estudia, entre otras cuestiones, las variaciones y el impacto del concepto de género en el psicoanálisis anglosajón contemporáneo. Invitada por la Fundación de Estudios Clínicos en Psicoanálisis, llegará los primeros días de noviembre a Buenos Aires para dictar un seminario en el marco de las jornadas "El duelo en el padre", auspiciadas por la Secretaría de Cultura de la Nación y la editorial Paidós, que publicó sus libros Los lazos de amor y Sujetos iguales, objetos de amor. Ensayos sobre el reconocimiento y la diferencia sexual. Esta es la conversación que sostuvo con LA NACION, desde su casa de fin de semana, en New Jersey.
-¿Qué espacio ocupa el concepto de género en el medio psicoanalítico estadounidense?
-El de género no es concepto nuevo. Está presente en muchas otras ideas, ya instaladas en los Estados Unidos. El psiquiatra y psicoanalista Robert Stoller, por ejemplo, lo introdujo incluso antes de que el feminismo fuese siquiera un tema de discusión. El concepto de género no es para nosotros una idea polémica; sólo es motivo de controversia si se lo enfrenta con la noción freudiana de la sexualidad, que en este país ya estaba -en muchos sentidos- debilitada antes de que el feminismo hiciera su irrupción. Pero es cierto que cuando las teóricas feministas entraron en escena e incorporaron una crítica más radical sobre la sexualidad, los presupuestos freudianos sobre el género todavía tenían un peso considerable.
-¿En qué marco de referencia debe entenderse entonces la idea de heterodoxia de género a la que usted alude en su libro Sujetos iguales, objetos de amor?
-Heterodoxia de género es una idea específica que yo presento en oposición a la ortodoxia de género. La ortodoxia de género sería la idea de que cada individuo (aun si admitimos que hay cierta clase de bisexualidad, como lo admite el psicoanálisis) tiene que ocupar su lugar en el ordenamiento genérico y asumir una posición definitiva dominante, presumiblemente heterosexual. La heterodoxia de género no es mero y simple apoyo retórico a la idea de que el ser humano parece (o es) bisexual, sino que trata de elucidar cómo cada individuo tiene muchas posiciones de género distintas. La capacidad de asumir distintas posiciones de género es de hecho la base para que podamos relacionarnos de manera distinta. Sin múltiples interidentificaciones que estén bien integradas no tenemos la posibilidad de relacionarnos con nadie diferente de nosotros, de modo que la relación con el sexo opuesto seguirá siendo de hostilidad y repudio. La integración o el colorido de las identificaciones de género múltiples es, en realidad, lo que debe apreciarse como una mejor condición psíquica.
-¿Advierte usted que sus ideas contribuyan o hayan contribuido en alguna medida a fomentar la igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, o entre la mujer y el hombre, por ejemplo en la esfera pública?
-No se trata exactamente de fomentar la igualdad de oportunidades. El núcleo de mis ideas es que debe haber un reconocimiento de la subjetividad de cada persona y, ciertamente, de nuestros opuestos. El objeto de mi trabajo no es en sí la igualdad de oportunidades, sino más bien la posibilidad de un reconocimiento mutuo, en lugar de la dominación entre hombres y mujeres. Se trata, en verdad, de conceptualizar relaciones en las que una y otra persona tengan una subjetividad de igual valor; de establecer una relación en la que la subjetividad del otro, por diferente que sea, o por muy diferente, se reconoce como equivalente y, en un sentido fundamental, igual a la propia.
-¿Cuál es su posición frente a las ideas de Camille Paglia? (Camille Paglia es una ensayista, discípula del crítico literario Harold Bloom, que a menudo provoca las iras de las militantes feministas, precisamente por sus ideas antifeministas)
-Lamento decir que sus puntos de vista no me interesan demasiado. En realidad, tampoco puedo generalizar, pero creo que malinterpreta al feminismo. Camille Paglia cree que el feminismo es, ante todo, un movimiento pirotécnico; y por otra parte, creo que entiende -desacertadamente- que el feminismo promueve una inversión de los roles sociales; realmente sólo concibe la posibilidad, en potencia o en acto, de invertir las relaciones de dominación. Para ella el mundo sólo puede funcionar según relaciones de dominación; no reconoce siquiera la posibilidad de trascender esas relaciones. Y, en ese sentido, estoy segura de que Paglia es una pensadora profundamente antidemocrática, y que ignora por completo el objeto del feminismo.
-¿Por qué cree usted que las ideas y la práctica de Jacques Lacan tienen tan poca aceptación en los Estados Unidos?
-Esa es una cuestión. Aquí, Lacan entra en los medios académicos pero no en los psicoanalíticos. Creo honestamente que quizá se deba a una falta de afinidad con el estructuralismo. Ustedes notarán que Lacan es muy importante en los países en los que se hablan lenguas latinas, como el suyo, lo que no parece nada accidental o azaroso. La tradición anglo-americana es mucho menos estructurada y mucho más empírica. De todos modos, me parece que la respuesta a esa pregunta también tiene que ver con la naturaleza de la institucionalización (y no sólo del psicoanálisis) en los Estados Unidos, que es muy adversa a cierto tipo de ideas intelectuales. Y además, claramente, Lacan atacó de una manera más bien indiscriminada a toda la "psicología del yo", que era la psicología dominante en los Estados Unidos durante los años sesenta. Y por supuesto también creo que la naturaleza (y la virulencia) de ese ataque tiene algo (o mucho) que ver con la falta de interés de Lacan, porque se pierde de vista que él no abordó realmente las ideas más influyentes de la "psicología del yo". Por ejemplo, los conceptos de individuación y separación. No los revisó, no los estudió: no le interesaba hacerlo. Y hay otros ejemplos. Pero ese desprecio global, para llamarlo de alguna manera, dejaba de lado aquello (que era lo más interesante) con que la "psicología del yo" estaba lidiando.
Pablo E. Chacón
Para
La Nacion
- Buenos Aires, 1997
(Intérprete: Gerardo Gambolini)






