Georg Lukács, presunto espía
El célebre filósofo marxista del realismo socialista buscó satisfacer en sus obras la libertad de pensamiento y las directivas de la URSS. A menudo se sometió a los dictados del Partido Comunista. En 1941, acusado de espionaje en contra del régimen de Moscú, sufrió un interrogatorio de la policía política. Fue quizá el único intelectual pro soviético respetado por escritores como Thomas Mann y Sartre.
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APARECIO en estos días en Moscú, con una tirada minúscula de trescientos ejemplares, un libro que integra la biografía de una de las figuras más significativas en la vida intelectual de nuestro siglo: la de Georg Lukács. Se llena así una laguna de la que padecen hasta los informes mejor documentados, como la monografía de Arpad Kaderkay -la más completa reconstrucción de la vida del pensador marxista húngaro- y el estudio de László Sziklai, que analiza el período menos conocido de la vida de Lukács: el de su permanencia en Moscú entre 1930 y 1945.
El libro, con el título de Conversaciones en la Lubjanka , publica por primera vez los materiales de la investigación a la que Lukács fue sometido en 1941, durante los dos meses que pasó en la cárcel de la policía política soviética, la Lubjanka. Los protocolos de estos interrogatorios constituyen, junto con otros materiales inéditos, el grueso del volumen que concluye con un amplio ensayo biográfico de Aleksandr Stykalin.
El interés de estas Conversaciones en la Lubjanka no se limita a la biografía del filósofo, sino que se extiende a toda una época y a un sistema que tienen en Lukács a uno de sus más relevantes protagonistas.
Una vida aventurera, en verdad novelesca, hizo del joven Lukács, elevado a la notoriedad ya desde sus primeras obras, el prototipo de un personaje de La montaña mágica de Thomas Mann: el del jesuita marxista Leo Naphta, opositor a la áurea confianza liberal en el progreso de otro de los personajes, Settembrini, y a la vez teórico de un terror revolucionario justificado en nombre de la redención final de la humanidad. No sólo esto: puede reconocerse la presencia de Lukács también en otro libro de aquel tiempo, El trabajo intelectual como profesión de Max Weber (quien tenía gran estima por Lukács), en las páginas donde se distingue la "ética de la convicción", ligada al impulso incondicional hacia un Bien supremo, y la "ética de la responsabilidad", críticamente atenta a los resultados concretos de la acción. Este dilema refleja una polémica sobre la justificación de los medios a través del fin y sobre la relación entre moral y política, que el joven Lukács vivía en ese entonces (1918-19) con dramática intensidad, antes de realizar el "salto" místico en la absoluta milicia comunista, con todas las consecuencias de aceptación y participación en la violencia revolucionaria.
Para Lukács, que era hijo de una acaudalada familia de la alta burguesía húngara y que gozó de los privilegios consiguientes incluso en sus primeros años de actividad revolucionaria, el encuentro con Rusia, donde transcurrió después la parte central de su vida (una Rusia ya soviética), no fue en absoluto extemporáneo ni casual. Se desarrolló inicialmente bajo el signo de Dostoievski, cuya lectura apasionada y fascinante fue fundamental para su formación. Pero también la patria de Dostoievski entró decididamente en su vida privada cuando (en 1914) Lukács se casó con una expatriada rusa, Elena Grabenko.
Esta mujer era una terrorista social-revolucionaria que, según decían todos los la que la conocieron, parecía salida de las páginas más alucinantes de los Demonios y que, con sus costumbres demasiado liberales, llegó a escandalizar a la familia de Lukács. La atracción de él hacia ella respondía a sentimientos complejos, entre los cuales no figuraba en último lugar la aversión hacia el modo de pensar filisteo de la buena sociedad de Budapest. Fue la Grabenko, entre otras cosas, quien inició a Lukács en la problemática del terrorismo revolucionario. Pero el matrimonio, sufrido y atormentado, no duró mucho tiempo, y la infeliz Elena, ya de regreso en su patria, desapareció, despedazada probablemente por la carnicería estalinista.
Georg Lukács llegó a Rusia en 1930, no como un simple emigrado político sino como uno de los marxistas más celebrados y como uno de los más criticados por la "ortodoxia" del Partido. Su libro Historia y conciencia de clase constituye aún hoy la más elaborada teorización filosófica del leninismo, sólo comparable, no obstante su originalidad, con el otro "leninismo" occidental, el de Antonio Gramsci.
En los quince años transcurridos en la Rusia soviética, Lukács desarrolló una actividad intelectual muy intensa y fecunda, sobre todo en el campo histórico-literario, y llegó a colaborar en los principales centros culturales de Moscú. Sus estudios sobre el realismo europeo, publicados primero en la URSS y después en todo el mundo, le valieron una fama muy grande, aunque controvertida. Máximo teórico del "realismo crítico" y del "realismo socialista", Lukács representó en cada campo (literario, filosófico, político), una figura singular de "hereje ortodoxo", leninista y estalinista convencido, pero con una evidente superioridad intelectual sobre los ideólogos del régimen, con los cuales tenía que chocar inevitablemente, a pesar de haber adoptado la misma orientación y de no faltar nunca a los principios generales del régimen y de su ideología. Más aún cuando, en tiempos de la insurrección húngara, se ubicó temporariamente en el bando de Imre Nagy, al que logró sin embargo sobrevivir.
Fue esta figura compleja la que, en 1941, se presentó ante un inquisidor de la policía política soviética, en la Lubjanka, a causa de la banal acusación de un agente de los "servicios" húngaros apresado en la frontera por los soviéticos, que había declarado falsamente tener el nombre de Lukács entre sus referentes para contactar en Moscú. Acusación "banal" que sin embargo podía costar muy cara en aquel tiempo. Por fortuna, a Lukács se le ahorró lo peor: extraordinariamente, pudo zanjar el problema con un par de meses de prisión, y no por la retractación de los "errores" de su pasado intelectual, que él formuló ante el desconcertado inquisidor, sino gracias a la autorizada intervención de Dimitrov, que se dirigió directamente a Stalin.
Tras escapar así a la carnicería estalinista, que exterminó a gran parte de los demás comunistas húngaros emigrados a Moscú, Lukács quedó prisionero para siempre en el laberinto de aquella experiencia mortífera, en el que había entrado adhiriendo al comunismo bajo el signo de Lenin y de Dostoievski. Una experiencia que él supo dominar subjetivamente gracias a su olímpica "sabiduría" hegeliana, pronta a encontrarle justificación a todo en nombre de las supremas finalidades revolucionarias. Ello no disminuye su responsabilidad personal por los resultados criminales concretos. A Georg Lukács, fallecido en 1971 (había nacido en 1885), le fue ahorrado, además del Gulag y del fusilamiento, el espectáculo del desastre total y final de la causa a la cual había consagrado su vida. Una vida afortunada, después de todo.
El idealista
Del interrogatorio del 5 de agosto de 1941.
Pregunta: ¿Qué "errores" ha cometido?
Respuesta: En 1923 salió mi libro Historia y conciencia de clase [una recopilación de artículos escritos por él entre 1919 y 1922]. Este libro contiene la "síntesis filosófica" de mis ideas ultraizquierdistas de ese período. La base de esta "filosofía" es una sobrevaloración de los factores subjetivos y la desvalorización de los factores objetivos. He sobrevalorado el papel histórico de la sociedad y desvalorizado el papel histórico de la naturaleza. He polemizado contra Engels en la cuestión de la dialéctica de la naturaleza [...]. Todo eso demostraba que, en el campo de la filosofía, yo era un idealista.
Claves
- Formación: Georg Lukács nació en Budapest, Hungría, en 1885, en un hogar de la pequeña nobleza judeo-húngara. Estudió en Alemania y se vinculó con los mayores filósofos de la época: Windelband, Rickert, Dilthey, Husserl, Jaspers, Heidegger, Max Weber y Simmel.
- Actuación oficial en la juventud: en 1918, el pensador integró el comité central del PChúngaro. En 1919 fue Comisario de Cultura del gobierno socialista de Bela Kun.
- Obras principales: el primer libro de Lukács fue El alma y las formas , calificado de demasiado idealista por el estalinismo. La teoría de la novela fue considerado uno de los textos sobre estética más importantes de los años 20 y 30. El estalinismo condenó el ensayo de Lukács, Historia y conciencia de clase , que el autor, obediente, retiró de circulación. Para Thomas Mann y Sartre, esa obra era, justamente, la más importante del filósofo húngaro. Este mantuvo polémicas con Merleau-Ponty y Bertolt Brecht.
- Muerte: el filósofo falleció en 1971.



