Günter Grass, ilustrador
En la librería Clásica y Moderna se expondrá la muestra itinerante con 25 obras del escritor alemán, que ilustraron varias de sus novelas
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El dibujo, el grabado y la escultura son para el Premio Nobel alemán Günter Grass un hueco respiratorio que le alivia de las heridas que la escritura abre en él. Palabras más, palabras menos, eso dice el autor de Diario de un caracol, que en 1972 "a partir de ese título" comenzó a ilustrar su obra con dibujos y acuarelas.
Una serie de 25 grabados de Grass componen la muestra El rodaballo , que inauguró ayer la librería y café notable Clásica y Moderna, ubicada en avenida Callao esquina Paraguay, y permanecerá hasta el 28 de marzo. La muestra, auspiciada por el Instituto Goethe, ha recorrido Europa y en los últimos años su itinerario es netamente latinoamericano.
La elección de Clásica y Moderna, que en 1998 fue declarada sitio de interés cultural, tiene que ver con las dimensiones de la exposición y con la circunstancia de haber celebrado ese espacio cultural, librería notable desde 2000, sus 70 años de existencia el año pasado. A Buenos Aires llega desde Santiago de Chile. Antes pasó por Montevideo, Asunción, La Paz, Santa Cruz de la Sierra, Quito, Ciudad de México, Monterrey y Saltillo, ciudades en las que la institución cultural alemana tiene sedes. Cuando termine en Buenos Aires, según se ha previsto, la muestra llegará a otras ciudades, como Córdoba y Mendoza.
Imaginación literaria
El rodaballo (1977) es también el título del libro en el que Grass exhibe un hondo talento para fabular, al contar la historia de nueve mujeres que, a su vez, narran la historia del Hombre, desde la Edad de Hielo hasta la sublevación de los obreros de Gdansk, nombre actual de Danzig, el pueblo natal de Günter Grass.
Entre los grabados hay anguilas, peces, rostros, escarabajos, hongos y caracoles, nacidos de la imaginación de uno de los escritores alemanes más comprometidos y destacados de su época. La inauguración se completará con la lectura de fragmentos de la obra de Grass a cargo de Carlos Clerici. A lo largo de la exposición, habrá otras lecturas por la tarde.
Los libros de Grass, desde El tambor de hojalata (1959), llevado al cine por su compatriota, el realizador Volkor Schlöndorff, hasta La caja de los deseos (Die Box), la continuación de su dura autobiografía Pelando la cebolla , que Alfaguara publicará en español a mediados de este año, han seguido el derrotero de su vida. Buena parte de las portadas de su obra exhiben el talento plástico de Grass. En 1999, la edición alemana de Mi siglo tuvo el plus de sus acuarelas.
Según la biografía de Grass, El rodaballo fue alumbrado en un momento convulsionado de su vida, cuando su segundo matrimonio entraba en crisis. Si su faceta artística es menos conocida que su extraordinaria vena literaria es por la dimensión de su escritura, ya que el escritor alemán nunca ocultó que las artes plásticas hubieran sido su primer amor en la vida.
Los dibujos y grabados de Grass forman un todo con su obra literaria. Pese a los infortunios que la guerra introdujo en su vida (su madre fue violada por los rusos al final de la guerra, lo que incluye que, siendo un adolescente, se alistara en las Waffen SS), Grass estudió artes plásticas y escultura en Düsseldorf. Combinó la poesía, la fotografía, la escritura, el grabado y la litografía.
Hace dos años, cuando escribió su valiente autobiografía Pelando la cebolla , que corrigió durante dos meses junto a su actual esposa Ute en Madrid, Günter Grass compró, observó, despellejó y pintó cebollas, abiertas y cerradas. Una de sus cebollas ilustra la portada del libro y dentro de la edición hay más.
Hace dos años, al conocerse su confesión sobre su paso por las SS, Grass fue tan vilipendiado como defendido por intelectuales de todo el mundo. Entre los que estrecharon filas en su favor se encontraron Claudio Magris y el premio Nobel José Saramago.
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