Helmunt Ditsch, el artista de dimensiones monumentales
La obra del pintor argentino tiene un estilo único: sus cuadros miden hasta seis metros de largo y uno de ellos se vendió en 865.000 dólares en 2010; su colección personal se exhibe en Mar del Plata hasta el 14 de enero
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MAR DEL PLATA- Punto sin retorno es una pintura realizada con la técnica de óleo, témpera y acrílico de dimensiones poco comunes: 600 centímetros de largo por 160 centímetros de alto. Es una copia perfecta de la puna de Atacama, casi una fotografía. Se aprecia la tierra resquebrajada, las montañas a los costados y el sol castigando todo el paisaje que va disminuyendo su tamaño hacia el fondo en una perspectiva lineal. Este cuadro forma parte de la colección personal del artista Helmut Ditsch que se está exponiendo en Mar del Plata.
La muestra, titulada El triunfo de la pintura que se podrá ver en la Plaza del Agua hasta el 14 de enero, comienza a marcar el retorno del pintor argentino a su país después de 20 años viviendo entre Irlanda y Austria. Las obras de Ditsch, únicas en su estilo, se inspiran en puntos extremos de la naturaleza y son elaboradas sobre lienzos que alcanzan dimensiones monumentales.
En los noventa se instaló en Viena donde su carrera cobró una dinámica que no se detuvo hasta hoy. En 1999 logró la consagración con La cordillera, pero fue en agosto de 2010 que adquirió el reconocimiento mundial cuando batió el récord histórico de cotización para una obra de arte producida por un artista argentino. Mar II fue vendida en 865.000 dólares.
Pero es el momento de pensar en volver. Con esta muestra, apoyada por Telefónica de Argentina, el artista busca acercarse al público y poner sus pinturas a disposición de todas las clases sociales. "Yo pinto para todos, no solo para mis coleccionistas", le dice a lanacion.com Ditsch, nacido en Villa Ballester en 1962. "La idea es mostrarlas en lugares alternativos, populares. Eso es lo innovador. Argentina tiene el pueblo ideal para hacerlo, no se si en Europa se podría".
Los hielos, Glaciar Perito Moreno I, II, III, IV y V, Los diez mandamientos y 4 estudios son las otras pinturas que se exhiben en la Plaza del Agua y que provocan admiración. Pararse frente a uno de éstos óleos permite viajar a través de las pinceladas y posarse en los paisajes que retrata. La gente se para, observa y pregunta. Se saca todas las dudas con el artista que interactúa directamente con el público, sin intermediarios. Un vínculo que funciona como una retroalimentación mutua. "Tuve 20 años de desarrollo, aislado en Europa, casi como un autista y fuera del circuito de las artes, sin engancharme en modas. Las galerías tenían un dogma: que las obras no entran si no estás en esa moda. Como yo no entraba, también por una cuestión de formatos, me fui a las plazas públicas", explica Ditsch.
- ¿Cambiaron esos dogmas?
- No cambiaron, son modas. Hay un triunfo de la pintura realista, en auge desde fines de los noventa, sobre el arte conceptual. Cuando no se pueda vender más eso, vendrá otro concepto. El artista no es un comerciante, un productor de cosas para vender, tiene el alma ahí adentro. El proceso de creación es más íntimo. Estos circuitos naturales, estas carpas [como mencionó al salón de la Plaza del Agua] dejan un mensaje a todos los artistas jóvenes que no tienen lugar en las galerías. No hace falta tener plata, agarrá tus cosas, ponete en una plaza y habla con tu generación.
- ¿Te sentís más cómodo en una carpa que en una galería?
- Por supuesto. Las galerías no puede representar el fenómeno cultural que se da en lugares públicos. De ahí surgen las elites culturales, lo otro es artificial y sustentado por un sistema.
Su estilo y las dimensiones de sus obras le exigen mayor cantidad de tiempo para terminar una pintura que "hasta verse plasmada en un lienzo pueden pasar diez años" aunque se refiera a casos extraordinarios. Para hacer Punto sin retorno, por ejemplo, Ditsch tardó un año. "Son meses de trabajo continuo. Tengo que subordinar mi bioritmo para alcanzar el objetivo. Se convierte en un proceso de gran sacrificio", revela. En esos períodos el pintor se encierra en su atelier y se siente "en un viaje intergaláctico" del que no vuelve hasta terminar. "La obra es una metáfora de pensamientos, momentos, sensaciones, conclusiones que he aprendido con las alegrías y tragedias de mi vida. Sin perder el sentido común de las cosas, por eso el desierto puede verse como mi desierto y tu desierto. Ese es el gran desafío del artista, crear algo que pueda quedar, sin explicaciones".
Ditsch recorrió diversas vertientes creativas. Incluyó concepciones como el diseño de automotor, indumentaria, la composición musical y la elaboración de vinos de alta gama. También proyecta fundar un espacio académico dedicado al pensamiento filosófico, conjugando todas estas iniciativas bajo el concepto Helmut Ditsch Art Factory. Con El triunfo de la pintura recorrerá provincias y lugares populares, "viajando como gitanos" con las obras y el arte a cuestas.




