Herencias complicadas

Conocido por su edición de la obra de Nietzsche, Giorgio Colli estudia en Platón políticolas derivaciones del pensamiento platónico y las conexiones entre la teoría y la práctica política
José Fernández Vega
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17 de abril de 2014  

Es posible que algunos enfoques interpretativos hayan cambiado desde 1937, cuando un muchacho turinés de apenas veinte años comenzó a escribir este texto acerca del trasfondo histórico y las influencias intelectuales que determinaron el pensamiento político de Platón. Pero es difícil que esta precoz proeza intelectual del gran helenista Giorgio Colli (1917-1979) cuente con muchos émulos en cualquier otro campo.

Se dice que ya antes de terminar la secundaria Colli conocía en lengua original todos los diálogos platónicos. La especie parece de leyenda hasta que se revisan las páginas de su estudio, sólidamente elaboradas a partir del examen de las fuentes griegas y de los principales comentaristas europeos. Platón político todavía se sostiene como una exposición sistemática escrita con esa elegancia sencilla, ajena a todo alarde, que la prosa universitaria fue perdiendo con los años.

Profesor de filosofía antigua en Pisa, donde jamás consiguió un puesto efectivo, durante su carrera Colli tradujo, entre otros, a Kant y a Schopenhauer, e impulsó múltiples iniciativas editoriales. La muerte lo sorprendió cuando comenzaba a concretar un colosal proyecto sobre los filósofos presocráticos, aunque su inicial reputación mundial derivó de los esfuerzos que dedicó al adecuado conocimiento de Nietzsche. A partir de 1958, junto con su discípulo Mazzino Montinari, se embarcó en la enorme tarea de organizar todo el legado nietzscheano en una accesible edición crítica. La publicación comenzó a comienzos de los años sesenta en la incipiente editorial italiana Adelphi, antes que en la propia Alemania, pero junto con la francesa Gallimard (más tarde siguieron ediciones en Japón y Estados Unidos). En nuestro idioma, la evolución de esa empresa resultó, por desgracia, más accidentada y parcial. La edición de Colli y Montinari obligó a este último a establecerse en Weimar, sede del archivo Nietzsche. Weimar estaba por entonces detrás de la cortina de hierro y Montinari logró vencer las renuencias de la nomenklatura germano-oriental gracias a sus contactos en el mayor Partido Comunista de Occidente, el italiano, al que estaba afiliado. En la época, desde la izquierda hasta el centro del espectro ideológico se estigmatizaba a Nietzsche porque lo consideraban un pensador irracionalista que había pertrechado a los totalitarismos con argumentos hostiles a la igualdad social. El filósofo había muerto en 1900, pero en los años treinta su hermana recibió, entusiasta, a Hitler en Weimar. Para complicar las cosas, incluso Mussolini se proclamaba partidario de Nietzsche. Durante la posguerra, sin embargo, Nietzsche comenzó a ser ávidamente leído en París, donde su obra logró abrirse paso sin el lastre de este confuso contexto político. Así, pudo ser valorada de otro modo y alcanzó una vasta gravitación. Una edición crítica se imponía, entonces, con el fin de expurgar su legado de funestas interferencias fraternales y oscurecimientos doctrinarios.

El paisaje teórico-político que se propuso ordenar el joven Colli en su estudio sobre Platón no era menos dificultoso; quizá revestía una actualidad menos vibrante, si bien ignoramos cómo lo decodificó el pequeño círculo de sus primeros lectores en la Italia fascista. ¿Inauguró Platón el pensamiento comunista en los albores de la teoría política occidental? ¿O, por el contrario, defendió la necesidad de la desigualdad y la estratificación? ¿Admiró como modelos al militarismo de Esparta y al tradicionalismo egipcio? ¿Esperaba seriamente una traducción práctica de sus especulaciones?

Un análisis de la visión política de Platón exigía calibrar los avatares de la democracia griega, de cuya violenta crisis había sido contemporáneo, y recapitular aquellas teorías a las que había estado expuesto: las enseñanzas de Sócrates, en primer término, pero asimismo aquellas, más secretas, de Pitágoras y sus seguidores. Dos milenios y medio después, resultaría infructuoso evaluar la teoría política de Platón como si fuera la de un coetáneo. ¿Reaccionario o progresista? El joven Colli no se propuso dictaminar, sino más bien desentrañar la complejidad de la situación filosófico-política que enfrentó Platón y analizar las contradicciones entre las que se movió su reflexión.

El enfoque se concentra en el lapso que va desde la preparación de República hasta Leyes, un extenso diálogo que la muerte impidió llevar a término. Colli aborda asimismo los viajes de Platón a Sicilia, donde persiguió la quimera, muy repetida por diversos pensadores desde entonces, de influir directamente sobre los gobernantes. Platón político se abre así a unos problemas generales: la ripiosa relación de la teoría con la política concreta, la tensión entre igualdad y mérito sociales, el papel de la educación, la superación del individualismo y la cuestión de la comunidad. Haciendo desusado honor a su tema, el muchacho de Turín también estaba escribiendo sobre su presente, y acaso también sobre el nuestro.

Platón político

Giorgio colli

Sexto Piso

Trad.: Jordi Raventos

250 páginas

$ 173

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