
Horacio, eterno y actual
Por María Esther Vázquez
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DANIEL SAMOILOVICH -cuatro libros de poemas y director del Diario de Poesía , publicación que ya cumplió doce años- se pasea por Buenos Aires llevando bajo el brazo el volumen XX Odas del Libro Tercero , de Horacio, cuya traducción realizó junto con el profesor Antonio Tursi. Tiene brillante la mirada de felicidad y el paso triunfante de quien ha recibido lo mejor de la vida.
"Desde los 70, cuando descubrí y admiré al poeta latino, advertí que, no obstante la fidelidad de las traducciones, el espíritu poético se esfumaba. Entonces, en determinado momento, no me quedó más remedio que recuperar y perfeccionar mi viejo latín del secundario, ponerme en condiciones y, junto a mi amigo Tursi, sólo por placer y sin ningún apuro, encarar la traducción. Cuando tuvimos un puñadito de versos se los mandé a otro amigo, Jesús Munárriz, de Hiperión, y él me dio la sorpresa de aceptar nuestro trabajo. Decidimos llevar adelante el desafío de hacerlo en verso, acentuado tal como en las escandidas estrofas latinas, y esto se aprecia en el texto bilingüe. Lo difícil es que Horacio se preciaba de haber introducido una variedad de estrofas y de ritmos que no habían sido utilizados en latín y que él, por su educación griega, conocía bien; en consecuencia su poesía resulta un repertorio de sistemas estróficos diferentes. Por ejemplo, en una misma estrofa de cuatro versos, se alternan dos largos, uno muy breve y otro ni tan breve como el tercero ni tan largo como los primeros, esto dio una respiración especial y un ritmo que no se parecía en nada a lo clásico conocido. Lo curioso es que dentro de la serenidad de su pensamiento, porque él es un estoico, hay cierta prisa por apurar la copa de la vida y tan pronto se dirige a un amigo como cambia de interlocutor, casi con cierta impaciencia, pidiendo más vino".
Como Samoilovich hace una pausa para tomar aliento, aprovecho para preguntarle si en ese sentido Horacio no le parece un poeta moderno.
"Moderno y oriental porque en muy poco se sintetiza mucho paisaje humano y mundano. Por otra parte, la sugestión que significan dos mil años de permanencia es fascinante y, por último, dada la rigurosidad de las formas, los textos se han conservado tal cual fueron escritos".
Le pregunto cómo fue la tarea de colaboración con el profesor Tursi. "Primero ensayamos hacer una versión en prosa, yo la versificaba después; no resultó. Decidimos entonces ir al verso y fue un trabajo conjunto. Por supuesto hubo momentos desesperantes, pero llegamos a la felicidad de lograr que sonara bien en castellano y fuera fiel al original. Si los futuros lectores comparten ese goce, los cinco años que se llevó la tarea estuvieron bien empleados".
Quiero saber qué Oda prefiere. La respuesta es inmediata: "Aquella en que dos amantes distanciados comprenden que siguen amándose y en los últimos versos cada uno le dice al otro: "Sería muy feliz si los hados te conceden más vida que a mí". Ese deseo es la expresión de un verdadero amor".
Y la última pregunta planteada al poeta es si cree -como se afirma habitualmente- que ha crecido el público lector de poesía. "Sí, ha crecido. O quizá, como se lee menos de lo que se leía, la poesía resiste el embate; se lee como siempre, pero parece que se leyera más".
Contra viento y marea
En dos o tres meses más se cumplirán veinte años de la muerte de Victoria Ocampo. Pero las encontradas pasiones que encendieron el quehacer de sus casi nueve décadas de vida parecen arder hoy más fuertes que nunca. Más allá de que el futuro de su casa en San Isidro ha sido, hace poco, discutido con fervor entre los partidarios del frustrado proyecto Villa Ocampo 2000 y quienes piden que se respete su legado cultural, su nombre es usado para muchos fines, incluso -como hace poco- para recordar fechas político-partidarias, acusándola implícitamente de no haber compartido ciertos idearios. Victoria fue democrática y apolítica. Feminista a ultranza, defendió los derechos de la mujer contra viento y marea y durante más de 40 años mantuvo Sur , revista y editorial, donde se publicó a los más grandes escritores y pensadores del siglo.
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