
Hoy llega el Dalai Lama, un promotor de la paz
En nuestro país hay unos 10.000 seguidores de sus enseñanzas
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Procedente de Brasil, hoy llegará por tercera vez a la Argentina el Dalai Lama, líder del budismo tibetano y referente mundial de la lucha por los valores humanos y la convivencia armónica entre los pueblos.
A las cuatro conferencias que dará en los salones del predio ferial de la Rural se estima que asistirán unas 20.000 personas. Según los propios budistas, serían unos 10.000 o más los argentinos que adhieren a las diferentes expresiones del budismo.
Es que la atracción que despierta el líder religioso, premio Nobel de la Paz de 1989 y luchador incansable y pacífico en defensa del Tíbet, trasciende su pertenencia al budismo, la cuarta religión del mundo a la que siguen, sobre todo en los países asiáticos, unos 600 millones de fieles.
Los organizadores de la visita del carismático religioso pertenecen a dos centros de formación espiritual que nuclean grupos estables de un máximo de cincuenta personas cada uno, con representaciones en Córdoba, Bariloche y Santa Fe. En todo el país sólo hay tres stupas -monumentos típicos del budismo- que se ven por doquier en la India, China y otras regiones budistas.
Pero no todo es lo mismo. La religión que inició el Buda Sakyamuni en la India, de cuyo nacimiento se celebran los 2550 años, tomó diferentes formas en los países que adhirieron a sus enseñanzas. En el Registro de Cultos del gobierno nacional hay inscriptas tres entidades expresivas del budismo japonés, chino y tibetano. A ellas se suman grupos coreanos, vietnamitas y de otras nacionalidades aún no inscriptos, que formulan las más diversas propuestas.
El budismo tibetano, milenario en la tierra ocupada por China desde 1959, tiene apenas dos décadas de vida en la Argentina. El primer centro de formación espiritual fue fundado en 1983 por el lama (maestro) Sherab, que visitó el país invitado por un grupo de psicólogos transpersonales. Es el Centro Kagyu Tekchen Chöling (Jardín del Budismo Mahayana), inscripto desde 1996 en el Registro de Cultos.
Los lamas argentinos
En la actualidad funciona en un chalet de Belgrano R y desde 1992 está bajo la guía espiritual de los dos primeros lamas argentinos, el matrimonio formado por Horacio Araujo y Consuelo Navarro Ocampo.
Para Horacio, nacido en la Capital, el budismo fue su primera religión. Consuelo, en cambio, se crió en una familia católica de San Isidro y llegó al budismo al interesarse por la meditación como técnica para generar nuevos movimientos de danza contemporánea y moderna.
Hoy son los lamas Sangye Dorye (Horacio) y Rinchen Kandro (Consuelo). No tienen hijos y habitan un departamento en el fondo de donde funciona el centro para el estudio y práctica de budismo tibetano por el que, según afirman, pasó la mayoría de los que hoy practican esa religión en la Argentina.
En una pausa de la ajetreada organización de la visita del Dalai Lama, ambos recibieron a LA NACION con los hábitos tradicionales de color bordó y amarillo imperial que deja descubierto sólo el brazo derecho, considerado "el de la actividad y la pureza". Horacio y Consuelo sostienen que hay un creciente interés por su religión.
La otra institución que trae al Dalai Lama es el centro Dongyuling, cuyas reuniones se hacen en una casa de Juncal al 3500. Fue fundado en 1986 por dos lamas tibetanos invitados por Gerardo Abboud, presidente del centro.
Abboud, traductor del tibetano, es porteño y de origen católico. En los años 70 viajó a la India impulsado por su búsqueda espiritual. "Me recibieron los budistas tibetanos y me quedé 14 años con ellos", contó Abboud a LA NACION en su casa, en Belgrano, junto con su esposa, Juana Lóizaga.
Ambos adhirieron a un linaje o escuela budista tibetana distinta de la del matrimonio Araujo y, por eso, si bien tienen también muchos años de formación, no son lamas y no visten los hábitos tradicionales.
"Entre los linajes no hay grandes diferencias. Algunos acentúan la práctica y otros el estudio", dice Abboud, al explicar las principales diferencias entre las cuatro escuelas milenarias que integran el budismo tibetano.
También ellos perciben un interés creciente por el budismo, aunque muchos "mantienen sus religiones de origen porque no son contradictorias con la práctica de la meditación".
Los dos matrimonios admiten que en Buenos Aires hay grupos que hacen propuestas confusas y mezclan conceptos cristianos y budistas. Para tener garantías sobre la seriedad de la experiencia propuesta sugieren rastrear la línea de transmisión de conocimientos. "Hay que preguntar a qué gurú (o maestro o lama) sigue la persona a la que se encuentra y que dice ser budista e investigar a su vez a quién sigue ese lama", recomendó Araujo.


