Ian Bremmer: "Trump es un hombre increíblemente narcisista; no se dedica al país, sino a sí mismo"

Rafael Mathus Ruiz
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29 de enero de 2018  

Crédito: Richard Jopson

  • BIO. Ian Bremmer, 48 años, es presidente y fundador de Eurasia Group, líder global en investigación y consultoría de riesgos políticos. Bremmer creó la firma con US$25.000 y logró convertirla en una multinacional con oficinas en Nueva York, Washington, San Francisco, Londres, San Pablo, Singapur y Tokio, y una red de expertos y recursos en 90 países. Se le atribuye el haber llevado el arte del riesgo político a los mercados financieros: creó el primer índice de riesgo político global (GPRI, según sus siglas en inglés) de Wall Street y estableció el riesgo político como una disciplina académica. Es profesor en la Universidad de Nueva York y colabora asiduamente con medios norteamericanos. Autor de nueve libros, fue apodado "un gurú en ascenso" por la revista The Economist, y designado joven líder global hace diez años por el Foro Económico Mundial.

El tuit fijo de Ian Bremmer en su perfil de Twitter -donde escribe casi todos los días y es un crítico mordaz de Donald Trump- ofrece una recomendación para cerrar las brechas políticas y, de paso, fortalecer democracias: "Si no estás siguiendo a algunas personas que te desagradan, lo estás haciendo mal. Estoy feliz de ayudar", reza.

"Es mi filosofía", justifica Bremmer, en una entrevista exclusiva con LA NACION.

Bremmer, fundador del Grupo Eurasia, pionera y líder en análisis de riesgo político, cree que la polarización -"la grieta", en la jerga argentina- es uno de los fenómenos que empujan la erosión de las democracias liberales, uno de los diez riesgos globales que Eurasia recabó en su último informe anual. Nunca desde la Segunda Guerra Mundial las democracias tuvieron menos legitimidad, advirtió el informe, y sus problemas estructurales, agregó, "no parecen corregibles".

"Bueno, si tuvieras una varita mágica, podrían ser corregibles, pero tenés que pensar en el contexto de lo que es políticamente factible, y si los líderes existentes tienen la voluntad y la capacidad para lograrlo", apunta Bremmer.

El ascenso de Trump al poder es, para él, un reflejo de que algo está "fundamentalmente mal" con las instituciones de Estados Unidos.

"La presidencia no lo cambió. Es un hombre increíblemente narcisista. Trump no se dedica al país, sino a sí mismo; tal vez, a su familia, pero no al país, y no va a cambiar", resumió.

Bremmer ve los mismos problemas estructurales de Estados Unidos en Europa y el Reino Unido: más desigualdad, el efecto de la globalización en la clase obrera, la crisis de los refugiados y de las "fronteras abiertas", y la polarización en los medios. Eso fogoneó el crecimiento de partidos populistas, el "euroescepticismo", y complicó a líderes moderados como Angela Merkel. Las redes sociales, advierte, se han vuelto una amenaza para la democracia.

"No son compañías malvadas, solo intentan ganar la mayor cantidad de dinero posible. Pero la mejor manera de conseguirlo es lograr que las personas se enfoquen solo en las cosas que les gustan y darles solo las cosas que les gustan", apunta. "Eso realmente divide a la población. Socava la legitimidad de las instituciones políticas, el nacionalismo cívico, y divide a las personas entre sí", completa.

-¿Es posible revertir la polarización?

-No estoy desesperanzado, pero no va a suceder pronto. Es como el cambio climático. Pasarán décadas antes de que podamos ver si lo que hacemos realmente va a empezar a resolverlo. Va a empeorar primero. Ya tenés una generación o dos en los Estados Unidos y Europa que se sienten perdidas. Mirás lo que se requiere para solucionarlo, y lo que están pensando y haciendo los políticos, Estados Unidos va en la dirección opuesta. Con el tiempo se verán respuestas constructivas, pero ahora no vienen de los gobiernos. Vienen de filántropos, CEO, alcaldes y gobernadores. Con el tiempo, creo que los seres humanos comenzarán a responder de manera más significativa para comenzar a abordar realmente estos problemas.

-Uno de los problemas que menciona en su informe es la pérdida de confianza, algo que también toca a los medios. ¿Cómo se resuelve esa pérdida de confianza?

-Existe confianza en comunidades más pequeñas. A los estadounidenses no les gusta el Congreso, pero les gustan sus congresistas. Cuando perdés la confianza en estas grandes instituciones, las personas se enfocan más en sus familias, en las personas que pueden tocar. La confianza se construirá localmente, y las soluciones serán más locales. Uno ve que esto sucede en Estados Unidos, en la reconstrucción de Detroit, por ejemplo. Pero reconstruir la confianza en el gobierno central de Estados Unidos o reconstruir la confianza en las instituciones europeas es mucho más difícil. No sucede nada en Estados Unidos, en los círculos de Washington, en aras de reconstruir la confianza. Va en la dirección opuesta.

-¿Y en el caso de los medios?

-Los medios están bajo mucha presión financiera. Cuando eso sucede, las compañías no se preocupan tanto por asegurarse de que su trabajo esté legitimado. Sí creo que será necesario que haya más escrutinio y más regulación en las redes sociales que en los medios tradicionales. El Estado tendrá que ser parte de la solución, porque no creo que estas compañías serán ingenieros sociales efectivos. Creo que no se puede esperar que Twitter se controle de una manera efectiva para reducir su rentabilidad. Es poco probable que suceda.

-Un riesgo que mencionan es el creciente rol de China ante el vacío que deja Estados Unidos. ¿Dónde enfoca China esta mayor influencia?

-Se está enfocando, principalmente, en alinear las economías de los países hacia China. China tiene una visión de que las empresas de primer nivel producen productos; las empresas de segundo nivel, marcas, y las empresas de tercer nivel, estándares. Lo que los chinos están haciendo es tratar de construir estándares. Intentan alinear a los gobiernos de todo el mundo y sus economías con los chinos mediante la construcción de estándares, desarrollando una estrategia global y gastando una gran cantidad de dinero para respaldarla. El proyecto "One Belt, One Road" [un masivo plan de infraestructura global del presidente chino, Xi Jinping] se espera que sea siete veces más caro que el Plan Marshall, ajustado por inflación. Es enorme. Los chinos no están promoviendo la democracia. No están promoviendo el comunismo. No es ideológico, es estratégico. Están tratando de alinear las economías y los gobiernos de todo el mundo con los estándares chinos y las preferencias económicas chinas. Eso fragmentará el mercado global, y significa que ya no vivimos en un mercado libre global. Vivimos en una economía híbrida, donde quizás el gobierno más poderoso, en términos de economía, es una economía capitalista de Estado, pero los Estados Unidos y todos nuestros aliados son economías de libre mercado, algunas bien reguladas, otras mal reguladas. Es un cambio dramático en la forma en que pensamos acerca de la economía global.

-¿Cómo afectará a América Latina?

-En América Latina verás que los gobiernos están trabajando para acomodarse a las políticas chinas, por lo que las decisiones tomadas en Pekín serán más importantes para el futuro de las economías de América Latina y sus poblaciones. También significará que la economía global será menos eficiente, por lo que el crecimiento eventualmente se ralentizará. Claramente, la economía más eficiente es una con un sistema, una moneda de reserva. Vamos a un mundo mucho más fragmentado. Querés una Internet global con las empresas más grandes compitiendo entre sí por excelentes servicios. En cambio, vas a tener diferentes sistemas que no están interrelacionados, cada vez más separados entre sí. Eso no es bueno para los participantes del mercado.

-¿Y qué rol cree que tendrá América Latina en las próximas décadas?

-Claramente, la región del futuro es Asia. Nadie más se acerca. Ahí es donde está la población, ahí es donde están las instituciones políticas más fuertes. El mundo será completamente distinto y formado, principalmente, por Asia. Pero América Latina es relativamente estable políticamente, es relativamente estable económicamente y, quizás lo más importante, no tiene las grandes tensiones geopolíticas de Asia, ya sabés, una carrera armamentista en desarrollo entre la India y China, disputas territoriales, el problema del Mar de China Meridional o Corea del Norte. Ninguno de esos problemas existe en América Latina. El mayor desafío geopolítico, supongo, es la producción de drogas y el narcotráfico, y la implosión de Venezuela. Son cosas horribles, pero, comparativamente, son cosas muy pequeñas. Lo que más me entusiasma de América Latina, francamente, es lo comparativamente estable que es en el entorno mundial.

-¿Qué es lo peor que teme que puede pasar este año?

-Es un año peligroso. No tuvimos una crisis en el mundo el año pasado, pero es probable que no tengamos tanta suerte. Es más probable que tengamos una guerra por Corea del Norte. Es más probable que tengamos mayores tensiones sobre Irán. Y si hay un gran ataque terrorista o cibernético, la respuesta, particularmente en Estados Unidos, será increíblemente dividida. Será diferente de lo que sucedió después del 11 de septiembre. Creo que la preocupación es que si algo así pasa, no haya tanta resistencia en el sistema, y si Trump reacciona mal o reacciona de forma exagerada y calcula mal, mucha gente se lastima. Creo que eso es de lo que me preocupo. Es un buen entorno económico, pero es un entorno geopolítico muy peligroso.

-¿Ve la serie de televisión Black Mirror?

-Sí, me encanta. Creo que es una gran serie. Solo vi un par de episodios, pero me encanta.

-Bien, ustedes le prestan particular atención a la tecnología al evaluar riesgos. ¿Qué nos dice Black Mirror sobre el futuro de la tecnología?

-Bueno, ciertamente es lo que ves. Las nuevas tecnologías realmente son muy verticales. No empoderan a las personas de la forma en la que lo hacían hace 25 años. Hace 25 años tenías esta maravillosa caricatura con el perro e Internet, en la que el perro decía: "En Internet, nadie sabe si eres un perro". Eso es porque habilitó cierto tipo de privacidad. Pero ahora, con la revolución de los datos y la inteligencia artificial, en realidad son las empresas y los gobiernos los que están empoderados, y creo que mucho de lo que está mirando Black Mirror es la dinámica del potencial de que las sociedades se vuelven mucho más distópicas cuando eso ocurre.

-¿Es optimista sobre el futuro?

-Por supuesto... No, no sobre el futuro. Soy existencialmente optimista. Estoy encantado de que existamos. No hemos hecho nada para merecerlo. Es un regalo maravilloso, y aquí estamos. Entonces creo que en cualquier momento que tengamos debemos estar conscientes y ser felices. Es mejor que la alternativa, y es lo más parecido que tengo a una filosofía.ß

  • ¿Qué está haciendo?
  • Como observador del rumbo de la política internacional, es invitado con frecuencia a escribir en distintos medios norteamericanos y a presentarse en las cadenas televisivas más importantes del país. Sigue trabajando en un nuevo libro y, pese a ser tan requerido, es casi un "activista" en Twitter.
  • ¿Por qué nos importa?
  • Su palabra autorizada ayuda a la comprensión de un mundo cambiante, y no solo en materia de geopolítica. Brenner se interesa en los riesgos que amenazan las democracias liberales o el ascenso de los populismos, pero sobre todo en vislumbrar de qué modo el presente impactará en el futuro.

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