Identidades e influencias
El Museo del Cobre y el arte de Corea, en el Museo Nacional; Leo Tavella, en el Borges; Graciela Hasper, en el Fondo Nacional de las Artes, y Simone Gentile, en Van Riel
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El cobre maleable y dúctil, el metal más tenaz después del hierro, más pesado que el níquel, más duro que el oro y la plata y resistente a la corrosión, incidió en el progreso de la civilización y en las modernas tecnologías. Alrededor de doscientas piezas de ese material y de aleaciones conforman la iniciativa que dio nacimiento al primer Museo del Cobre de Chile, una parte del cual se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes. Hay valiosos e interesantes objetos de ese metal y aleaciones (bronce, latón y plata alemana) además de piezas ornamentales, de uso doméstico, figuras de culto, piezas rituales e instrumentos musicales. Provienen de diferentes épocas, culturas y lugares del mundo, especialmente de Europa, Asia, Africa y América del Sur. Entre ellas se destacan los objetos de la tribu Naga, de la India Oriental; una estatuilla del dios Mercurio perteneciente al Imperio Romano y tres pendientes griegos en forma de espiral, del siglo V a.C.
Posteriormente, la exposición se trasladará a Montevideo, San Pablo, Brasilia y Ciudad de México.
Arte coreano contemporáneo
Medio centenar de obras contemporáneas realizadas por veinticinco artistas representativos de Corea se exhiben en el Museo Nacional para conmemorar el aniversario cuadragésimo aniversario de las relaciones diplomáticas con nuestro país. Se congregan allí distintos estratos generacionales y variadas expresiones de una identidad atenta al desarrollo ecuménico de las cuestiones artísticas. Tales trabajos si bien mantienen el espíritu coreano incorporan a su estilo numerosas características del arte occidental.
Señala el crítico Rhai-Kyoung Park en el catálogo que, en los años noventa, la participación en eventos internacionales y el contacto con otros países acreció la necesidad de buscar el origen del arte, la estética y el espíritu plástico coreanos y de cuestionar su cultura general y su propia identidad. De ahí, que encontremos "la pintura coreana expresando la problemática del hombre contemporáneo y un nuevo cuestionamiento del arte, más que un mensaje de compromiso social." El repertorio recorre a través de diferentes imágenes desde la figuración hasta la abstracción más absoluta. Sin perjuicio del interés que tienen las obras de otros artistas, llaman especialmente la atención por su técnica y estilo los trabajos de Soon-shil Baik, Man-young Han, Seok-cheol Ji, Chan-il Kim, Ho-deuk Kim, Jong-hak Kim y Jong-mok Lee.
(En el Museo Nacional de Bellas Artes, Libertador 1573. Ambas exposiciones se exhiben hasta el 28 del actual. La primera ocupa parcialmente el primer piso; la otra, la totalidad del "Pabellón".)
Retrospectiva de un veterano
Leo Tavella (Santa Fe, 1920) se cuenta entre los artistas que por la seriedad de su trayectoria y la persistencia en su convicciones desarrolló una labor que vale la pena conocer. Su retrospectiva representa a través de importantes trabajos de composición el resultado de una vocación que se reflejó tanto en exposiciones individuales como en la participación en salones oficiales y en numerosas muestras del exterior.
Desde luego, el lapso durante el que ejerció su oficio supera el medio siglo recorrido por la selección, que abarca desde la década de los años cincuenta hasta la actualidad; pero la envergadura de las obras es suficiente para dar una visión bien representativa de su actividad de escultor y de ceramista, especialidad en la que fue especialmente reconocido. Sus composiciones de cabezas y figuras alargadas están impregnadas de dramatismo y melancolía. Varias de ellas, por la complejidad de sus planteos, la variedad de los materiales y su interrelación con el espacio que las envuelve tienen el carácter de instalaciones en alguna medida escenográficas. Su fin, sin ser de índole crítica, representa situaciones existenciales de fuerte contenido.
Entre sus distinciones se destacan el Konex de platino en 1982 y el gran premio de honor del Salón Nacional de Cerámica en 1990.
(En el Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín. Hasta el 9.)
Pintura y arquitectura
A primera vista, la obra de Graciela Hasper (1966) se vincula parcialmente con el op art y en gran medida con la arquitectura. Sus pinturas y pequeños bocetos, especialmente, la relacionan con aquella corriente, en tanto producen fenómenos de inestabilidad visual que parecen movilizar las imágenes. Varias de las obras (que no identificaremos porque todas carecen de títulos) producen la ilusión de movimiento; pero bastará verlas para advertir a cuáles nos referimos. Menos evidente es esa aseveración en la gran instalación del subsuelo, donde los espejos duplican las formas y reflejan la pintura de las paredes. Pero la lectura del catálogo aclara en parte tales observaciones. Allí, Hasper afirma que le interesa expandir los límites de la pintura en su escala (el tamaño y las proporciones en los que desarrolla las ideas) y en sus medios (la fotografía). Considera la abstracción como la reducción del arte a su esencia y usa la forma para transportar los contenidos, no para representar sino para derivar una operación pictórica.
(En el Fondo Nacional de las Artes, Alsina 673. Hasta el 31.)
Una artista del pincel
En tiempos como los actuales, en los que cada vez está más alejada la práctica de trabajar las imágenes a la manera tradicional, parece un anacronismo presentar una exposición realizada sólo con los pinceles. Sin embargo, una muestra de ese carácter como la exhibida por la pintora Simone Gentile (Sevres, París, 1918 - Milán, Italia, 1996) actualiza en buen nivel lo esencial de un modo de trabajo cuya práctica está empezando a ralear.
La exposición rescata una imagen de cuño personal en la que incidieron las grandes corrientes de la figuración europea de fines del XIX y principios del XX. Su absorción de estímulos abarca desde Cézanne hasta Matisse o Picasso, pero revela otras características particularmente en las escenas brasileñas dedicadas al carnaval. Todo parece indicar que el cambio de escenario produjo una variación en el estilo, que se hizo más luminoso, más suelto y más nutrido en el manejo de las figuras.
Junto con las pinturas se exhiben varias monocopias, algunas xilografías y serigrafías.
Gentile vivió también un tiempo en la Argentina donde, en 1954, expuso en la desaparecida galería Müller.
(En Van Riel, Talcahuano 1257. Hasta el 19 de octubre.)




