
Imágenes fuertes y bellas
TERRA Por Sebastiao Salgado (Alfaguara)
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ES admirable la coherencia expresiva de Sebastiao Salgado, la perseverante lealtad a sus ideales, ahora que solemos celebrar la moda camaleón, representada por fotógrafos que hace veinte años usaban la palabra pueblo en cada frase y hoy la han desterrado de su vocabulario.
Lo más conmovedor de Sebastiao Salgado es el uso del arte visual para desarrollar una denuncia que nos permite escandalizarnos como si viéramos por primera vez imágenes de miserias.
Sebastiao Salgado, (Minas Gerais, Brasil, 1944) dejó su profesión de economista, luego de graduarse en universidades de su país y de Francia, para denunciar las injusticias sociales por medio de imágenes monumentales ante cuya fuerza y belleza nadie pudo quedar indiferente.
Desde 1974, año en que se dedicó por completo a la fotografía, publicó una cantidad de libros entre los que destacamos Otras Américas (1986) Sahel (1986 ) Trabajadores (1993). Hizo innumerables exposiciones con los originales que se han visto en la Argentina en la Fotogalería del Teatro San Martín.
Su arte fue reconocido por el público y por sus pares y le ha valido una cantidad de premios de la más alta jerarquía. Por su calidad humana se lo quiere y aprecia en todos los países por los que ha transitado, urgido por su necesidad de reclamar justicia.
El libro fotográfico
Hay que diferenciar entre un libro con fotos y un libro fotográfico. El autor de éste es el fotógrafo. El coautor es el editor gráfico. El viejo concepto de que el autor del texto literario que acompaña a las fotografías es co-autor, está errado. Necesitamos que lo entiendan editores, bibliotecarios o libreros.
El texto que acompaña las fotografías parte, en general, de una elección editorial, debido a necesidades del mercado. El escritor es más conocido y/o respetado que el fotógrafo. En algunas ocasiones, el texto elegido recorre un camino paralelo al de las imágenes, con las que no se encuentra jamás.
Hay ejemplos de dúos fotográfico-literarios que fueron notables: Julia Margaret Cameron/Virginia Woolf; Richard Avedon/Truman Capote; Jean Paul Sartre/Henri Cartier Bresson; Marcos Zimmermann/Adolfo Bioy Casares. Es un aporte literario de gran valor, pero que no hace al corpus del libro fotográfico. En general, el texto se lee luego de haber mirado las fotos una cantidad de veces. Hay libros fotográficos cuyos textos jamás han sido leídos. En cambio, el nuevo co-autor, el editor gráfico, es el que estudia y comprende la esencia de la idea que se quiere transmitir, realiza la secuencia adecuada, pone en valor las imágenes, da el tamaño, distribuye los espacios; marca el principio y el fin.
En Terra, esa irremplazable función la cubre Lélia Wanick Salgado, esposa de Sebastiao y madre de sus hijos. Lélia, no solo edita las obras en libros. Se ocupa de las exposiciones. Las puestas de las mega-muestras que se realizan en el mundo llevan su sello.
El libro fotográfico tiene otra exigencia: la impresión. Un poema puede estar impreso con tinta desvaída, en papel transparente o cartón y nunca perderá su contenido. Una foto, por buena que sea, si no está bien impresa pierde gran parte de su mensaje. Terra no solo está bien impreso: es perfecto. Los tonos, del negro más intenso al blanco transitan en una gama de grises infinitos. El papel tiene el brillo medio que facilita su lectura con todo tipo de iluminación. El formato dista de los descomunales libros que se editan en el campo del arte y la fotografía. Tiene una medida humana, para ser mirado en manos de personas a la distancia debida.
Trabajadores de la mina de oro de Serra Pelada
En Terra comenzamos a transitar por imágenes que están dispuestas como una partitura. Sus capítulos (o movimientos) son "Gente de la Tierra", "Trabajadores de la Tierra", "La Fuerza de la Vida", "Migraciones para las ciudades" y "La Lucha por la Tierra"
En todos está presente la reverencia por el profundo significado de la Tierra y sus atributos esenciales: la naturaleza, la fe, la vida y la muerte
A partir de las escenas de los indígenas Yanomami, que conocimos gracias a las imágenes de Claudia Anduyar y Salgado, comprendemos quiénes son los dueños de la tierra. De ellos y su vida en comunión con la naturaleza pasamos al trabajo, aceptado casi como una maldición.
Imágenes de la Serra Pelada, donde los hombres cayeron esclavizados por su búsqueda del oro.
Una fotografía de una zona devastada por la sequía, donde el hombre en busca de alimentos compite con los buitres, es un documento dantesco.
Los barrios periféricos de las grandes ciudades, nacidos de las migraciones hambreadas de los campos, son un problema que conocemos bien. Ese fue también el nacimiento de nuestras villas miseria. La fotografía de los bebes hacinados en una terraza, con la silueta de la gran ciudad de fondo, es todo un símbolo de abandono.
Hacia el final cambia el movimiento y nos encontramos con retratos de niños. Los niños sin tierra. Diferentes entre sí, rubios, negros, albinos, aborígenes, pero unificados por una fuerza interior que clama justicia. Mientras que el Gran Final es un llamado a la toma de la tierra. Fotografías épicas, con espíritu casi cinematográfico, sin la menor obsecuencia ante el poder. Sentimos que es el verdadero mensaje del libro Salgado nos cuenta con palabras el sueño común de los sin tierra; José Saramago nos introduce con su talento narrativo al problema de la Reforma Agraria; Chico Buarque conmueve con sus poemas. Pero nada nos dice tanto de la inseguridad existencial de un niño desprotegido como la mirada de la muchachita de la tapa. En adelante la biblioteca visual que no contenga un Terra, será incompleta. Este libro es el canon.(143 páginas).
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